"'Es absurdo' significa: 'es imposible',
pero también 'es contradictorio'. Si veo
un hombre asaltando con un arma blanca
un nido de ametralladoras, juzgaré que
su acto es absurdo. Mas sólo es tal en
virtud de la desproporción que existe
entre su intención y la realidad que le
espera, de la contradicción que puedo
captar entre sus fuerzas reales y la meta
que se propone."
Albert Camus, El mito de Sísifo
La semana
pasada, justo después de las elecciones presidenciales, en Venezuela se
vivieron momentos muy tensos. El descontento de una mayoría que sintió (como en efecto lo fue) que le impusieron a un presidente de forma ilegítima, se hizo
sentir en la calle. Capriles lo llamó, como buen venezolano, la “arrechera”,
porque ciertamente esa mitad tiene una arrechera que va por la vía de durar
unos 15 o 16 años. Y cuando la opresión va camino a convertirse en la norma en
un país, los ciudadanos intentan buscar, por cualquier medio, algo a qué
aferrarse.
Algunos
amigos y familiares se sintieron sin un asidero terrenal. El poder del
gobierno/estado que impera hoy el país es desesperantemente incontestable; diría Vallejo: “como del odio de Dios”. Y a falta de una referencia terrenal, donde la barbarie reina y nada parece estar del lado de la razón, tuvieron, mis
amigos y familiares, que buscar apoyo en lo metafísico.
Y es que Venezuela, como su extinto jefe de estado, sufre de un cáncer terminal que se hace
llamar “gobierno revolucionario” y que está consumiendo, también, a todos los que
llevamos el gentilicio.
Hemos
marchado por todo el país, hemos invadido las redes sociales, hemos seguido
dirigentes opositores (que se han equivocado), hemos realizado manifestaciones
espontáneas, las armas se han utilizado y las Fuerzas Armadas han intentado el
golpe militar, hemos agotado todos los medios legales para contrarrestar las miles de
irregularidades en las que incurre el “gobierno revolucionario” ¡hasta hemosdejado de hacer! pero sin resultado. Nada parece hacer trastabillar al gobierno. Al
menos hasta la semana pasada, en donde éste pasó de ser un gobierno con máscara
democrática a uno sin máscara de ningún tipo, pero con muchos favores por
cobrar.
Lo que nos
quedó entonces fue rezar.
Un amigo escritor,
ateo o al menos muy poco religioso, me lo dijo con todas las palabras: “Yo no
soy cristiano, pero aquí lo que queda es rezar”. En el grupo familiar materno
de whatsapp no dejan de mencionar a la bruja Meredith, a Adriana Azzi y a Reinaldo Dos
Santos, el de moda. De hecho, una amiga profesora de literatura, ya me lo
adelantaba “aquí todos estamos en regresión religiosa” me decía dos días
después de las elecciones, para luego explicarme que se estaba leyendo las
cartas. Lo que diga Eugenio Martínez, Ramón Guillermo Aveledo o Luis Vicente León
es irrelevante (excepto quizás por la profesora) porque, al menos hoy en
Venezuela, no existe razonamiento alguno que pueda contra el poder.
Por otra
parte Luis, el amigo posiblemente más inteligente que tengo, se vuelve al
nihilismo. O al menos a un individualismo casi hiriente para quien cree en su
inteligencia y su patriotismo. Luis, en vez de rezar para buscar las respuestas
ante la aplastante bota gubernamental (hasta donde sé, Luis es católico), o buscar razón
en la política práctica, apela al poder –aparentemente- todopoderoso del
individuo y la revolución interna.
Los líderes, y yo sumo cualquier religión por ser ella en sí misma una guía
como los líderes políticos, no te sacarán –según Luis- del problema que vive el
país; lo harás tú haciendo “lo que puedas” por tu entorno.
Del otro
lado han funcionado las dádivas y la propaganda. No mucho más que decir al
respecto.
Pero ojo, que no se culpe a nadie. Otra de las
características de nuestra sociedad acostumbrada ya a la desmesura, es que todos
tenemos derecho a lo que sea; podemos buscar las respuestas en donde y como nos
plazca. Además, creo, es una reacción completamente natural: por encima de la personalidad dictatorial sólo está Dios o el individuo, y si vives bajo el yugo no tienes otra opción. Mi amigo escritor ateo, también me decía "yo, entre una vaina y otra, escucho Stevie Wonder y escribo mis vainas".
Posiblemente
Venezuela sea hoy un país que necesite un poco de todo eso: de un milagro, del
trabajo de cada quien por su entorno, de un gobierno que se encargue de los
pobres y unos medios que hablen más de razones que de personas (o mitos
forzados). Venezuela, en mi opinión, es un país empujado al extremo de necesitar
una tormenta perfecta de todo eso para salir de esta barbarie llamada “gobierno
revolucionario”.
Y yo me pregunto ¿qué cara tiene el milagro que puede desatar
esta tormenta?
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Luis: A mí no me metas en ese peo.
Luis: de alguna forma tengo que meterte en ese peo.
Luis: ¿Por qué? Yo quiero ser yo y ya, quiero seguir haciendo mis vainas sin importar quién coño esté en un gobierno que siempre me va a oprimir. No existe respuesta, Luis, no existen mesías.
Luis: Pero existen civilizadores, y el gobierno venezolano es bárbaro.
Luis: Si todos...
Luis (interrumpiéndolo): ...Bebiéramos seríamos más feliz.
Luis: Ese siempre debe ser nuestro punto de concordancia.
Luis: ¡Salud!
¡αγαθό αντίο!

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