viernes, 23 de mayo de 2008

Un viajecito fino...

Lo dicho...

En el puente del 1 de Mayo (y disculpen la tardanza) Héctor nos invitó a su casa en Zamora, un pueblo que queda como a 40 minutos de aquí de Salamanca. El primer día Héctor estaba trabajando, así que Luis (otro Luis, ninguno de los que aquí discurre), Alfonso y yo decidimos pasear un rato. Como dicen aquí, hacía bueno. Eso es que el tiempo estaba de puta madre. Caminamos en una calle peatonal hacia la Plaza Mayor.

En Venezuela todas las plazas Bolívar eran antes plazas mayores. Todo tiene una razón: aquí hay una Plaza Mayor en todos los pueblos. Yo no podía parar de tomar fotos, porque era como Salamanca pero distinto, así que de alguna manera tenía que registrarlo. Llegamos a la mencionada plaza, pero luego de la de Salamanca ya no hay más plazas (Zamora a la izquierda, Salamanca a la derecha).
















Bajamos al río...


...un puente que según Héctor es el puente románico más antiguo de toda España (o de toda Europa, no estoy seguro). Hermoso.




Vimos una culebra silvestre...





...y luego nos tomamos unas birritas mientras llegaba el Hec... Yo estaba impresionado. La arquitectura más antigua en Venezuela (y en casi toda Latinoamérica) data de la conquista. Al ver puentes del románico, pueblos antiquísimos, construcciones de 1200, o así, pues, tripeas. Las pilas y la memoria de la cámara iban palo abajo.

Con la noche llegó la rumba. Mientras en Caracas te metes en un local y si sales para otro es porque lo cerraron y ya estás rascao, aquí cuanto menos estés en el mismo sitio es mejor. Cosas de la cultura. Así que fuimos de bar en bar, pero el primero arruinó mi vida por completo. Pedimos un variado de ibéricos acompañados por un vino de Toro (lástima que no tomé fotos de nada en la noche). Sólo de pensar que elegí ser guionista y no empresario me entra una depresión incalculable. El vino no es que era caaaro, así caaro, pero barato no era, menos los ibéricos. No es un lujo que me vaya a poder dar muy a menudo. El vino pasaba por la garganta (gracias, Daniel) e impregnaba todo mi sistema otorrino de una forma inexpresable, para darle el sabor justo a cada bocado de ibérico que entraba en mi boca. Vamos, que se follaban a mi lengua como les daba la gana. Salí de ahí con la seguridad de que mi vida sería más miserable a partir de ese momento. Fuimos a otro lugar en donde le enseñé al barman cómo se sirve un buen trago de Cacique 500 años, cosa que agradecieron los panas. Jugamos futbolín, pool, y como todo lector atento podrá imaginar, nos emborrachamos. Al día siguiente ducha y al río de nuevo.

Hacía un día totalmente primaveral. Hasta había de estos copitos (similares a la nieve) que sueltan estas plantas extrañas y que dan un toque de comedia romántica a cualquier situación por todas partes.


Nos sentamos a la orilla del río a almorzar: tinto de verano con vermouth alante, mollejas a la zamorana, morros en salsa y arroz a la zamorana. Sabores fuertes, agresivos y exquisitos, acompañados de un cesped totalmente verde, un señor con su par de cañas de pescar que caminaba de un lado a otro y una puta avispa que no nos dejaba en paz. La velada la terminamos con un café con Baily y cogimos vía para Toro.


Toro es un pueblo que queda como a una hora de Salamanca, bien pequeño, situado en una cima desde donde se puede ver una llanura sembrada y que recuerda a las playas venezolanas, no por el color ni el calor, sino porque no se divisa fin.














(Casi sale) Abajo un río generoso que pasa por otro puente románico, que aunque más descuidado que el salmantino y el zamorano, es también muy bonito.




Gente echada pasando el día, otro pescador, la iglesia del pueblo vista desde abajo rememora a cualquier Amadís regresando al reencuentro con su amada...




Adiós pila de la cámara, maltripeo total... Por cierto, muy mala nota los grafiteros que pintaron la leyenda que está en el mirador, y muy mala nota también a la diputación del pueblo que no hace algo al respecto. Un caldo caliente (comenzaba a hacer frío) y para Salamanca de nuevo.

En la vía se pueden ver los viñedos, algunos grandes, otros más chicos. En esta época las plantas tienen aproximadamente un metro de altura. El cielo estaba algo nublado, pero hermoso, todo eran llanuras. Pasamos por un pueblo: "Pedro el raro", que quedaba al frente de "Josefina la negrita" (quizá yerre en los nombres, pero "el raro" y "la negrita" son correctos). Una buena historia debe de explicarlos.

Esa noche dormí muy bien, quizá recordando en sueños aquellos lugares que nada tienen que envidiarle a las playas venezolanas, quizá tampoco al Gran Cañón y quizá tampoco a la Muralla China. El mundo es un lugar hermoso, sigo lamentando un poco haber elegido ser guionista, pero vamos, que con un poco de ahorro se puede.

Disculpen lo soso, pero quería comentar un poco este viaje que de verdad me dejó "flipao".

---------------------

-No trates de convencerme de que el botón no es la solución.
-Yo no trato de convencerte de nada... ven, y ve (del verbo ir), y vamos a Japón y convéncete tú mismo de que el botón no es la solución.
-Lo que pasa es que tú no sabes una vaina... el botón cambió: ahora llaman a Dios y le piden que arrase con una u otra parte del planeta.
-Ya... pero ¿quiénes son más católicos? ¿los rusos o los gringos?
-Mmmm... me la pones difícil.
-...
-...
-Tienes que meter en un bunker a unos cuantos.
-Conejitas de playboy... nosotros y algún pringao más.
-Ya...
-¿Desayuno?
-Por favor... fría...

¡Zaijian!

sábado, 10 de mayo de 2008

Cualquier día en Caracas

Hasta un par de clics antes de escribir esto, me disponía hacerlo acerca de un viaje que hice el fin de semana pasado, pero sería muy hipócrita de mi parte.

Desde la tarde de ayer (hora de Venezuela) unas tres familias (que yo sepa con exactitud) viven lo que toda la clase media venezolana teme -a veces a escondidas, a veces con lágrimas nocturnas esperando que la puerta abra: secuestraron a sus jóvenes hijos. No los conozco, pero la información me llega de primera fuente.

Cuando yo entré a la universidad y salía hasta las tantas y caminaba mi contradictoria ciudad sin que me importara absolutamente más nada sino el momento, mi madre me decía algo que todavía me causa cierta rabia: "¿tú te crees súper man?" Yo no entendía muy bien esa frase, porque me la decía sin más explicaciones. Que jamás se piense que yo puedo reprochar a alguno de estos muchachos, muy lejos de mi intención. Traigo a colación esta frase porque, cual ciudad Gótica, Caracas está totalmente sitiada por el hampa, y los que todavía se atreven a salir a cualquier hora, pues, están a su merced. Pero recuerdo también que para la políticamente convulcionada Caracas de entonces tomarse un par de birras con los panas no era tarea fácil. Ese simple hecho traía problemas familiares y filosóficos: familiares porque aunque nos lo prohibieran, lo hacíamos; y filosóficos porque nuestros temas de conversación mientras nos tomábamos las birras era nuestra límitada libertad en la ciudad. Cierto es que nadie es totalmente libre, pero las restricciones se hacían cada vez mayores. Uno de esos panas siempre decía: no me puedo quedar encerrado en mi casa porque a una banda de políticos, con los que no tengo absolutamente nada que ver, se les ocurra problematizar al país. El caso es idéntico con los malandros (acaso malandros y políticos en mi país sean palabras sinónimas), entonces cualquier joven caraqueño se ve en la obligación de mermar sus buenos años viendo noticias, series de tv, películas, leyendo o jugando videojuegos (que todo está muy bien, pero no es lo único que se hace a esa edad) y no saliendo a compartir un par de tragos, máxime cuando se tiene un carro del año y los padres los ahorros de toda la vida en una casa en la playa.

Valga, por supuesto, el hecho de la gran diferencia social en Venezuela. El 80% de la población vive en pobreza y sólo dos familias tienen lo que tiene el resto del país. Valga que posiblemente estos secuestradores jamás lograrán conseguir la cantidad de dinero que piden por la libertad de estos jóvenes de otra manera, y valga que posiblemente, en este caso específico, la justicia de la vida no ha sido equilibrada. Entonces es un problema político y claro, un problema social que deben resolver los que pueden hacerlo y cada uno de nosotros revolucionar en nuestro fuero interno. Y estas dos ideas están seguidas por una lógica que impulsa la situación de mi país: ambas son utópicas... ¡Qué triste!

Me consta que una de estas familias y sus allegados pasaron una angustiosa tarde intentando por todos los medios conseguir el dinero solicitado, me consta también que pasaron una fatal noche esperando la llamada de los secuestradores, lo que todavía no me consta es cómo ha finalizado la situación. Presumo que la policía jamás se enteró del hecho por temor de los familiares a que a sus hijos les pase algo. Presumo que esta vez todos saldrán ganando: el hijo con vida, los malandros con su dinero.

Y así nos vamos acostumbrando. En Caracas prefería salir con mi carcachita sin aire, golpeado por la vida (y por mí) y con un equipito fino (sin ostentación) para escuchar mi música, estaba más tranquilo que si salía con la otra, la potente, la que me hacía ver más sexy, la que subía y bajaba al Ávila tranquila y sin nervios, la que las jevitas pillaban de ipso facto... yo prefería mi cacharro ¿y por qué lo prefería? ¿por qué, si tenía la posibilidad, no me daba el chance de salir un pelo más cómodo? al menos por el aire acondicionado, en Caracas hace un calor que pela. Porque me acostumbré. Porque una vez me dije: verga, de pana no soy súper man, así que mejor me voy en mi cacharro. Porque cuando aquí en España me preguntan "¿Qué tal Caracas?" yo no estoy seguro qué responder, pero casi siempre digo: "si vas, procura que alguien te invite, no vayas solo porque no sabrás por dónde meterte y por dónde no", porque mi ciudad, con su bella Avenida Bolívar, su pulcro (aunque atestado) Metro, su clima insuperable, sus zonas históricas, su Jardín Botánico con su Gran UCV al lado, su gente, su cosmopolita Centro Simón Bolívar y su esperanzador Cerro Ávila, hoy no es para disfrutarla, sino para temerle. Antes iba a un local muy fino en la Baralt, ahora no lo haría ¿para qué? Antes sacaba dinero de un cajero yo solo, ahora, a menos que esté en un local, no lo hago. Antes mi viejo aparcaba el carro en la calle, ya no. Antes la policía no nos sacaba de los miradores. Antes usaba reloj. ¿Tenemos que llegar hasta el punto de decir que antes salíamos a tomarnos unas birras?

Y así la libertad del caraqueño se va reduciendo poco a poco. Hoy escribo esto porque tengo el medio, pero a no pocos conocidos y amigos les ha pasado una situación similar.

No me queda más que, desde este muy limitado y pequeño rincón, desearle a las familias de estas personas y a ellos mismos, que todo salga bien y lo más rápido posible.

------

Para el momento en que escribía esto, no tenía noticias de lo ocurrido y preferí esperar para publicarlo. Eran tres chamos, y los soltaron ayer a las 8 de la mañana, supongo que sin mediación de la policía... de hecho parece que fueron policías los que los secuestraron. Un cuento que se vuelve recurrente en mi ciudad.

----------------

Hoy Luis y Luis duermen la pea. Luis sueña con el botón, el magnífico y salvador botón, y Luis sueña con el pasado.

Nashledanou...

jueves, 8 de mayo de 2008

Estoy buscando piso...

Y miren lo que conseguí... (hagan clic en la imagen porque si la estiro se deforma mucho... ¡no sean flojos, coño!)


¿Será que así es más fácil conseguir o que te alquilen una habitación?


-----------------

-Por eso nunca debemos meternos droga.
-Por eso bebemos todos los putos días.
-¿Para no meternos drogas?
-Y para decir esas mismas estupideces.
-Sí, pero no somos tan estúpidos como para publicarlas.
-A ver... imaginemos un mundo fuera de nuestros preceptos constitucionales...
-Luis, no quiero hablar de política otra vez.
-...si consideramos esto como arte post post post modernista ¿pudiéramos darle algún análisis?
-Si tú ves un mojón en una galería de arte (con todo y moscas) ¿le pudieras dar algún análisis?
-Pero no estamos en una galería, Luis... es internet, es un "manifiesto", alguien molest@ por algo... y lo decide publicar en una página para conseguir pisos en Madrid...
-Y si sigues hablando te vas a preguntar ¿por qué en una página para conseguir pisos en Madrid y no en un blog o en una página para comprar cachivaches?
-...
-...
-Te dije que le echaras más agua.
-Marica.

¡Aywa!