jueves, 18 de junio de 2015

Que no sea flor de un día


El problema de La Vinotinto no es echarse al pico a un conjunto de estrellas: ya se echó a la Argentina de Messi, (la subcampeona del mundo) a Brasil, a la Colombia de James y Falcao (dos veces), golearon a la Uruguay de Forlán en Uruguay con oles incluidos... Ya la época de "creían que éramos la cenicienta" pasó. Ya todos saben que aquí no hay cenicientas. Pocos nos subestiman y se dan rolo e coñazo cuando lo hacen. Lean el TL de @2010MisterChip; La Vinotinto, en los últimos años, selección a selección, ha sido tan competitiva como cualquier otra de la región.

En mi opinión, el problema es la irregularidad, es no tener el mismo nivel siempre, es no mantener la concentración contra todos los rivales en todo momento y en cualquier lugar. En las eliminatorias para el mundial de Brasil, en casa, le ganamos a Argentina y perdimos contra Uruguay, rival directo para el repechaje. Además, los partidos a domicilio nos mataron, ganamos sólo uno contra el colista del momento, que era Paraguay. En la Copa América anterior nos echamos al pico a Chile, le dimos la batalla a la Paraguay del Tata Martino (que había clasificado de tercera a un punto del primer lugar para el mundial de Sudáfrica, aunque luego haría una muy discutible Copa América en Argentina) pero perdimos 4-1 contra Perú por el 3er lugar. Y no vale decir que no había ánimos, porque era primera vez en la historia que llegábamos a las semifinales de la competición, y era la primera vez que competíamos por un nada desdeñable tercer lugar.

Nuestros jugadores tampoco son el problema: tenemos a Salo, goleador del Zenit ruso (20 goles en liga), a Rosales, lateral derecho revelación de la liga BBVA (aka la liga de Messi y Ronaldo), a un genio llamado Arango al que todavía le queda fútbol (¿cómo sabía que a 20 metros detrás de él, en la otra banda, venía el Lobo Guerra solito y cómo casi sin ver le puso el balón en la cabeza?), tenemos una defensa que es mezcla de experiencia, altura física y nivel, y un centro del campo que en el partido ante Colombia se le notó que piernas hay para presionar y hacer desconectar el juego del rival, y además no combinaron nada mal, acaparando el balón por buenos ratos. Los jugadores tampoco son el problema.

En mi opinión (y todo está por verse) lo que necesita la selección es saber que puede ganar la Copa América y que puede clasificar de primera al Mundial. Y no exagero. En un sistema en donde 20 es la mejor calificación, mi mamá siempre me decía: si estudias para 15 sacas 10, si estudias para 10 sacas 8. Si estudias para 20 puedes sacar 20 o un pelo menos, pero no 10 ni 8. Que por creer no sea. Y esa confianza la da el entrenador. Si las ideas están claras se pueden transmitir claramente y se verá en el campo (como con Colombia). Si las ideas se notan en el campo y comenzamos a ganar o a jugar de tú a tú contra cualquier selección, La Vinotinto gana en confianza. Si ganamos en confianza creemos que podemos ganar La Copa América o clasificar de primeros al Mundial.

Nos toca contra Perú. Que tiene más o menos la misma mentalidad que La Vinotinto: no hay figuras, hay trabajo. Y que quizás también peque de lo mismo que Venezuela: quedó de tercera la pasada Copa América y no clasificó al Mundial. Contra Perú la obligación es confirmar las sensaciones, asegurarnos la clasificación para recibir a Brasil tranquilos y apuntar al primer lugar del grupo. Que no sea flor de un día.

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Luis: La pasión.
Luis: La pasión es lo que mata.
Luis: Sí. Y lo que mueve.
Luis: Y el desespero.
Luis: Sí, pero eso es pasión.
Luis: ¿Unas IPAS?
Luis: A mí me dejas con mis cervecitas de siempre.

الله مو مل شه

miércoles, 19 de marzo de 2014

Discutamos: #SOSVenezuela


  1. Yo soy de clase media. Cuando mi papá y mi mamá se casaron consiguieron una casa en Catia. De allí, antes de que yo caminara (“Si Luis Ernesto comienza a caminar en esta pocilga yo me regreso a casa de mi mamá”) nos mudamos a El Marqués. Mis padres tuvieron que dejarme primero con primas, hermanas, y al final, con muchachas contratadas para ellos poder ir a trabajar y estudiar. Nació mi hermana poco después de mi tercer cumpleaños y nos mudamos a Colinas de Bello Monte. Allí pasé los siguientes 24 años de mi vida hasta que no aguanté más y me fui para España a estudiar, pero con la idea de quedarme. En España, por un año, viví de mis padres que dos años antes también habían salido del país. El segundo año les gasté buena parte de sus ahorros intentando independizarme. No lo logré (no viví en la miseria, pero tampoco en la opulencia… vivía en Vallecas) y me mudé con ellos a Dallas. Allí conocí a mi esposa, la mamá de mis hijos y ahora ambos trabajamos, le damos la mejor vida posible a nuestra hija, nos damos la mejor vida posible nosotros, no todo es perfecto, pero en general estamos tranquilos. Somos clase media y tenemos cierta estabilidad. Ahora, eso no quiere decir que no me importen los pobres de EEUU o de Venezuela, me importan lo mismo que me importa el hambre en África, la guerra en Siria y el hecho de que China se esté convirtiendo en la primera potencia económica del mundo, entre otras injusticias y despropósitos. Mis esfuerzos los distribuyo como a mí me parece según mi momento vital, y de seguro también según mis aptitudes y habilidades. Ahora mismo, el 99% de mis esfuerzos (aunque no tenga nada que ver con mis aptitudes y habilidades) están puestos en mi hija y mi familia. Me duele mi país por una definición líquida de patria que sólo tengo en mi mente y que he atisbado en algún que otro poema. Lo que quiero decir es que mi posición social (que no me avergüenza) no tiene nada que ver con mis sentimientos acerca del país. Actualmente me duele y me interesan los hechos que ocurren en mi país por esa misma definición y porque todavía tengo familiares y amigos viviendo allá y me dolería mucho si algo les llegase a pasar como consecuencia del ladronaje descarado y el populismo bestial que azota al país (dejando a un lado todas las penurias que viven diariamente por la implementación de políticas económicas catastróficas, que no es poco). Entonces que nadie me venga a decir que yo no puedo opinar por ser burgués, o porque nací en la clase media no sé nada de lo que pasa en Venezuela que es (sí, sigue siéndolo) un país de gente pobre y que en definitiva, me discrimine por haber nacido de padres que echándole bolas pudieron criarme clase media. ¿O no es acaso esa misma discriminación en contra de la cual tanto luchan los rojos venezolanos?
  2.  Tengo una opinión acerca de lo que pasa en mi país. No por estar lejos no sé lo que pasa, aunque por estar lejos no lo padezca igual. Lo que saben los que están allá no lo sé yo, y viceversa, lo que yo sé, no lo saben ellos, y esto también funciona para cualquier par de personas o grupos que puedas imaginar: nadie sabe lo que tú sabes y viceversa: tú no sabes lo que los demás saben, por favor, no vuelvan a decirme que porque yo no estoy allá yo no sé lo que pasa. Puede que sea cierto hasta cierto punto, pero el tono de “no te metas”, de “esa opinión no me gusta”, de “no jodas y déjanos a nosotros luchar que ya tú te fuiste”, ese tono discriminatorio, muy parecido al tono que tanto adversamos, me parece fuera de lugar, además de, me permiten la redundancia, hipócrita. Mi opinión, tan válida como la de cualquier venezolano, es la siguiente:
    • Las guarimbas no sirven de nada (acaso les sirven al gobierno). Y no, las guarimbas no son nada pacíficas: trancar una calle impidiéndole al vecino ir al trabajo o quemar cauchos viciando el aire que la comunidad respira no es paz
    •  Capriles es, de lejos, el líder que más le conviene al país, por su inteligencia y su currículo. Se ha equivocado (las menos), ha acertado (las más), pero ha medido bien. Si se equivoca no es estrepitosamente, como les ocurrió a Leopoldo López y a María Corina Machado.
    •  Jamás entendí las protestas como un golpe de estado ni me pareció que de forma mágica o espontánea nicolás fuera dejar la presidencia porque en Altamira decidieron ir a tirar piedras; tampoco me pareció jamás que los militares fueran a apoyar a la ciudadanía tirando un golpe de estado, que además, en mi opinión, es indeseable: si la población está dividida ¿por qué los militares no habrían de estarlo?
    •  Entre María Corina Machado y Leopoldo López le allanaron el camino al gobierno para que salieran con la cantaleta de que se estaba gestando un “golpe suave”. Aunque me parecen líderes inteligentes, también me parece que se equivocaron, no supieron ver algo lógico: las condiciones económicas, sociales y políticas estaban hundiendo solitas al gobierno del ilegítimo (sí, me parece que es un ilegítimo, pero me pareceque la forma de luchar contra la ilegitimidad no es la guarimba ni mucho menos#lasalida), y que en poco tiempo la población le comenzaría a pasar factura.
    •  Me parece que la única (no es hippiesmo) lucha posible en Venezuela es la no violencia. Y la razón es simple: para una lucha violenta se necesitan armas y la oposición no tiene armas ni tiene cómo conseguirlas. También se necesitan milicias, entrenamiento (tiempo), y gente dispuesta a irse a caer a tiros con los paramilitares rojos que han sido entrenados por las farc, por el G2 cubano, por milicias rusas, iraníes, chinas, etc., etc.
    •  ¿No es el momento histórico perfecto para cambiar al fin la mentalidad militarista que tenemos los venezolanos? Ya que la cuarta república cayó y la quinta está moribunda ¿no deberíamos aprovechar para construir una nación sobre las bases del civismo y no sobre las de otro golpe de estado, que además tendría consecuencias impredecibles? ¿No deberíamos hacer la violencia a un lado y darnos -y dar- al mundo una lección de que las injusticias se combaten con inteligencia? ¡Coño, tenemos Internet! ¡Hay miles de formas de resistir! Si estamos intentando combatir la imposición de ideas ¿por qué habríamos de imponer las nuestras a punta de guarimbas, tiradera de piedra y quemadera de cauchos?
    •  Julio “Coco” Jiménez es una excelente amalgama entre el pueblo chavista y el pueblo opositor. Le pediría que se cuidara, porque si hay algo que debe tener nervioso al gobierno es que las dos mitades del país se entiendan. Y un juliococo puede despertar a otro juliococo (como Yeiker Guerra) y dos juliococos pueden despertar a 4 juliococos y así. Y no doy mucho crédito a los que dicen (ya me lo han dicho, al menos, dos personas) que Julio “Coco” puede ser un chávez cualquiera: no es militar, no intentó un golpe de estado y, en la época de chávez no había Internet, los líderes duraban más.
  3. Yo no tengo la razón. Y eso posiblemente aplica para todo lo que pienso, no sólo con respecto a Venezuela. Como no tengo la razón entonces intento leer lo más que pueda a aquellos que dedican su vida a buscarla. Con algunos estoy de acuerdo en un momento, con esos mismos estaré en desacuerdo otros momentos y con otros me pasará lo mismo. Hasta hay algunos con los que siempre estoy en desacuerdo, pero igual los leo y hay otros con los que siempre estoy de acuerdo. Trato, eso sí, de alejarme de embaucadores. Aunque soy de humanidades intento ser lo más científico posible: nada de adivinos ni rezos, intento aplicar mi discernimiento para diferenciar de un texto hilado, sustentado y serio a uno sin argumentos o profético. Si recomiendo una lectura no es para que a ti también te guste, pero sí para debatir en torno a las ideas que la lectura propone.
  4. ¡Porque el debate es bueno! Ya basta de ser ciudadanos que queramos siempre imponer nuestras ideas, basta de huirle a hablar, a discutir, hasta a alzar la voz (mientras que sea por pasión y no para callar al otro) para exponer un punto de vista; comencemos a escucharnos, a leernos, a comprendernos. Mis discusiones, mis debates de adolescencia tardía en una Venezuela que recorría el camino de la autocracia, de una Caracas que recorría el camino del caos reforzaban o desestimaban las ideas que traía de mi primera adolescencia feliz en el Colinas de Bello Monte. No me concibo sin mis apasionados, acalorados y emborrachados debates nocturnos en la Caracas donde todavía podíamos beber en los alrededores de la Universidad Central de Venezuela los viernes por la noche (o los lunes, o los miércoles, daba igual). En serio, los debates son una excelente forma de formar opiniones sólidas.
Creo que al final lo que quiero decir es que todos nos debemos escuchar, sin importar clase, lugar donde vivimos, ni siquiera posición política; la izquierda y la derecha dejémoslas para cuando haya papel tualé. Creo que es importante, como infinidad de líderes lo han dicho, que nos organicemos, que discutamos rutas, ideas, formas de calmarnos, porque una de las luchas debe ser para convencer a los que no piensan como nosotros pero que están descontentos. Enfoquemos nuestra energía en saber discutir, en saber escuchar y, en base de lo que se dijo antes, elaborar las ideas que ya tenemos en mente para que, con la seguridad y la calma que da haber rumiado lo suficiente nuestras ideas, luego podamos defenderlas con paciencia y firmeza.

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Luis: ¡Me quiero ir!
Luis: ¡Me quiero regresar!
Luis: Mentira, me quiero quedar
Luis: Y yo no me quiero regresar
Luis: Es complicado hablar así, de lejos, en las líneas de un blog, al final
Luis: Pero no es tan complicado beber
Luis: Lo justo, no estamos para parrandas.

До побачення!

jueves, 22 de agosto de 2013

...y la bondad


"Todos tenemos dentro el cielo y el infierno"
Oscar Wilde

Este post es continuación de este otro.

Con las personas buenas, con la bondad que se expresa de la nada es, en mi opinión, básicamente lo mismo. No existe, que sea de mi conocimiento, ningún condicionante inherente al ser humano para ser bueno. De hecho, como muy bien lo hace notar la película Crash (Paul Haggis, 2004), personas malas también son capaces de realizar actos bondadosos. En el post anterior traté de ejemplificar exactamente lo contrario: como una persona en apariencia normal (quizás buena), puede ser capaz de realizar actos atroces en las narices de sus vecinos.

En ese caso, algún samaritano (que todavía no me queda claro quién fue, si el negrito gracioso o el latino) pateó la puerta de la casa de Castro para poder liberar a Amanda Berry. ¿Por qué lo hizo? ¿Por qué arriesgar su vida, como el latino mismo afirma, para salvar a una desconocida?

Poco tiempo después de lo sucedido en Cleveland, un tornado barrió una buena parte de algunos vecindarios en Oklahoma. En la página de CNN en español podemos leer que “Luego de tragedias como la de esta semana en Oklahoma, surgen héroes y heroínas que se destacan por su valentía en momentos tan difíciles como estos.” Al parecer la maestra Michelle González cubrió con su cuerpo a tres niños mientras se les derrumbaba el techo encima, y como ese se vieron varios casos. La maestra misma afirmaría: “Lo que yo hice es lo que cualquier otra persona con corazón haría” y tiene razón. Sólo que “cualquier otra persona” también puede hacer otras cosas atroces, monstruosas.

Maite Larrauri lo expresa directa y hermosamente hablando de Camus: “Los dos (Camus y Weil) creen que la realidad debe atraparse con  pinzas de dos brazos, porque en ella se da lo que hay y lo que se desea que haya; lo que es material y pesado, y lo que impulsa hacia arriba por su ligereza y su entusiasmo; lo que nos hace ser violentos, ambiciosos y prepotentes y lo que nos lleva a poner freno a nuestras pasiones y seguir un modelo de concordia. Es como decir que hay dos formas de humanidad: una general, que se muestra en lo que hay de despreciable en los humanos; y otra escasa, pero deseable.” Y así somos en el mismo recipiente.
Pero no es mentira que la mayoría (la gran mayoría) somos criados bajo ciertas reglas de convivencia: no matar, no joder al otro, sobrevivir (casi casi como las tres leyes de la robótica de Asimov). Tampoco es mentira que esas reglas de convivencia, también en su mayoría, producen personas que viven una vida sin sobresaltos (la mayoría no somos asesinos o torturadores, y la mayoría no somos héroes conocidos o anónimos que hagamos cambios significativos en la sociedad). Posiblemente el mundo no arroja demasiadas oportunidades para ser lo uno o lo otro.

Lo demás que quisiera decir ya lo dije en el post anterior. Si no hay explicaciones para la maldad creo que tampoco hay explicaciones para la bondad.
Me siento tentado a pensar que en general somos más buenos que malos, aunque eventos puntuales me hagan cuestionar esa idea. Por ahora, mi única prueba es que el mundo sigue girando, mi vecino me sigue saludando, mi hija me sonríe, y aunque subiendo una piedra inútilmente a una colina para que vuelva a caer, todo está bien.

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-Y así habrá miles de ejemplos.
-De lo uno y de lo otro, sí. Pero me llama la atención el anonimato de los malos.
-Y de los buenos también, imagino yo, si luego escribes también acerca de ellos.
-Pues sí.
-Pues, ya está. A beber.
-Sí. A tentar el destino.
-¡Salud!

¡Timotan!

lunes, 20 de mayo de 2013

Ariel Castro: un monstruo más



“Eso no es mi hermano, eso es un monstruo del infierno, para tener una mente así." Palabras de Onil Castro al referirse a su hermano Ariel Castro, quien mantuvo secuestradas a Michelle Knight de 32 años, a Amanda Berry de 27 y a Gina DeJesús de 23 por diez años en Cleveland, Ohio. Continúa Onil: "Nos dañó la vida, ya no es parte de nuestra familia, no hay sangre de monstruos en mi familia." 

Cuando ocurren este tipo de casos la pregunta siempre es la misma: ¿por qué? Y una respuesta común es “porque puede”, y así es: pudo por diez años. Quizás haya justicia terrenal, después podrá pasar la eternidad ardiendo continuamente en el infierno, pero estas tres chicas ya no podrán borrar esos diez años de sus vidas. 

El tío de Ariel Castro, Julio Castro, no podía salir de su asombro al enterarse de la noticia: "Nunca lo hubiera pensado, ni en un millón de años”. Que sea su tío puede explicar un poco su sorpresa, pero ¿qué hay del resto del vecindario? La policía dice no haber recibido ninguna queja referente a la 2207 de la Avenida Seymour durante esos diez años, aunque algunas versiones se contradicen al respecto. A lo sumo, y según información de CNN en español, pudo haber habido 2 llamadas por irregularidades, por extrañezas en esa casa. Dos llamadas en diez años (si existieron) parecen demasiado pocas. 

Cierto es también que al hombre le gustaba jugar juegos sicológicos. “Castro solía ponerlas a prueba, dijo la fuente policial. Hacía como se marchaba y cuando les sorprendía intentado huir al regresar de repente las castigaba brutalmente.”, se lee en CNN en español, y así se podría explicar tanto silencio. Pero diez años parece ser demasiado tiempo. “Los vecinos vieron a Ariel Castro todos los días. Se sentaban en el porche de su casa de dos pisos, comían costillas con él y preguntaban sobre la niña que salía a pasear con él.” La mayoría de nosotros tenemos fe ciega en la bondad de todos. La monstruosidad no es una opción común, más allá de la que vemos en la tele. Muchas atrocidades se cometen en nuestras narices. 

"La otredad es una dimensión del uno.” dice Octavio Paz en su ensayo Nosotros: los otros, y continúa “Doble movimiento: por una parte, percepción de lo que no somos nosotros; por otra, esa percepción equivale a internarse en nosotros mismos. La otra acude siempre a la cita, a veces como presencia y otras como deseo o nostalgia. No importa: la cita siempre se realiza porque la otredad está en nosotros mismos.” ¿Quizás sea por eso, me pregunto, que no vemos la monstruosidad en el otro, porque viendo al otro vemos una dimensión de nosotros mismos y uno no es un monstruo? 

Craig Weintraub, abogado defensor de Ariel Castro responde en una entrevista algo que no debería sorprendernos: “Yo pienso que el retrato inicial por parte de los medios ha sido de, entre comillas, un monstruo, y esa no es la impresión que yo tuve cuando hablé con él durante tres horas.” Jaye Schlachet, otro de sus abogados, secunda: “Él es un ser humano...”


Es perfectamente entendible que alguien que tenga cautivas a tres personas por tanto tiempo, que utilice a una de ellas como “saco de boxeo”, que la golpee y la deje pasar hambre para que abortara cinco veces fetos productos de repetidas violaciones, que las haga temer hasta tal punto de no querer intentar el escape por diez año, digo que es entendible que no exista ningún reconocimiento en un ser así de parte de una mente sana. Pero también conviene recordar, que, como dice el parlamento final de Barbra, la protagonista de The Night of the living dead (George A. Romero, 1968): “They're us. We're them and they're us.” Y conviene recordarlo para intentar evitarlo; conocer nuestros demonios en potencia, pienso, ayuda a retenerlos. 

También en la película 8MM (Joel Schumacher, 1999) hay una escena que conecta directamente con lo ocurrido en Cleveland. Al final, el detective Tom Welles logra dar con la casa de “Machine”. El enmascarado asesino de niñas se despide de su madre que va a misa con un beso. Tom Welles entra a su casa donde suena una música estridente, Machine lo pilla y se caen a golpes. El forcejeo hace que terminen en el patio bajo la lluvia y el detective lo somete. Al fin aparece la cara de un George Higgins normal y cegatón, y ante la mirada atónita de Tom Welles le dice “¿Qué esperabas, un monstruo?” Se pone los lentes para ver mejor, “Mi… mi nombre es George, posiblemente ya lo sabías. No entiendes, ¿verdad? No tengo respuestas. Nada de lo que diga te hará dormir mejor. No me pegaban, no me tocaban, mami no abusó de mí, papi no me violó, simplemente soy lo que soy y ya está.” Las cosas cambian y ahora es el detective el sometido: “No hay misterio. Las cosas que hago las hago porque me gustan, porque quiero hacerlas.” 

No son monstruos, como dijera su hermano Onil, los que cometen estas atrocidades (aunque podamos reconocer como atrocidades lo que realizan), sino humanos. Al menos no son más monstruos que cualquier otro. Se pueden buscar relaciones con traumas en el pasado, pero no creo que esas explicaciones sean suficientes. De hecho según el siquiatra que consulta CNN en español (último enlace): "...ni siquiera la agresión, la sociopatía o el sadismo sexual parecen ser explicación suficiente para la magnitud de los supuestos crímenes que Castro cometió contra estas tres mujeres. De hecho, indican una patología más extendida". Para eso da la humanidad también.

Por eso, no estoy completamente de acuerdo con Onil Castro. Por sus venas, (por las de todos, si creemos lo que nos dice Octavio Paz, lo que nos dice George A. Romero, lo que nos dice Joel Schumacher) corre “sangre de monstruos” que brotará más o menos dependiendo de la herida: ¿Hasta dónde puede llegar un ser considerado "normal" al liberar sus inhibiciones? En el caso de Ariel Castro la herida parece ser heredada y psicológica (una de sus hijas, siempre según CNN en español, cumple 25 años de condena luego de haber intentado degollar a su propia hija infante. La nota matiza que tiene problemas mentales). Pero en el caso del rebelde que se come el corazón del soldado Sirio la herida parece ideológica, o en el caso de los militares estadounidenses en Irak que se tomaron fotos con los prisioneros torturados la herida parece por carencia de límites, quizás en esta última razón haya una pista del porqué siguen ocurriendo estas barbaridades. ¿Podemos imaginar otras heridas que motiven a personas de a pie?

En los próximos días, mis impresiones acerca de lo opuesto, de la ayuda desinteresada que recibió Amanda Berry, de la prueba de que nuestra dualidad funciona hacia ambos lados.

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Luis: ¡Qué fuerte!
Luis: Muy mucho.
Luis: Yo no soy así.
Luis: No eres así porque no te ha tocado.
Luis: ¿O sea que él actúa con una razón? ¿Es decir que violarías, esclavirizarías, matarías por una razón?
Luis: No, pero no sé qué herida motive.
Luis: ¡Veeeerg! ¡Eres un monstruo!
Luis: Así somos.
Luis: Bebe, olvida.

Or'van!

miércoles, 1 de mayo de 2013

Mis zapatos para ir a trabajar


“Ama a tu arte como a tu novia,
dándole todo tu corazón.”
Horacio Quiroga

Cuando llegué a EE.UU. tenía unos zapatos puntiagudos muy usados por los europeos entre 2008 y 2009. Debido a que no podía trabajar de otra cosa que no fuera como vendedor de puerta a puerta, los zapatos, ya maltratados por trabajar de lo mismo en España, se terminaron de dañar. Tuve que comprarme otros. Mi aventura como vendedor aquí en EE.UU. no duró mucho por cuestiones legales, a lo que doy gracias a los caprichosos etéreos que nos rigen, pero los que sí duraron fueron mis zapatos.

Me acompañaron en otra pequeña aventura como empresario vendiendo quesos venezolanos en Dallas y otro rato más cuando fui a Venezuela a trabajar para The Amazing Race, Latinoamérica. Poco después de regresar a Dallas, me casé y los usé en la boda (todavía suficientemente nuevos), y con ellos seguí buscando trabajo hasta que lo conseguí.

Durante un año y 2 meses he asistido al trabajo con esos zapatos, porque no tengo otros para el fin.
Ya los zapatos estaban un poquitín dañados, las arrugas se le notaban, era complicado limpiarlos, las gomas estaban salidas y rotas. De lejos se veían relativamente bien, pero si uno se fijaba, literalmente, se les notaban y salían las costuras.

Bueno, hoy no los utilicé. Hoy, día del trabajador, no necesité volver a ponérmelos porque ayer quedé cesanteado. Quedar cesanteado es lo mismo que te boten, sólo que te hacen saber que no es una decisión tomada a raíz de tu desempeño sino por otra razón de la empresa. Y es importante porque no había demasiado que yo pudiera hacer para cambiar tales designios.

La cosa es que yo utilicé esos zapatos para vestirme profesionalmente, acorde a los reglamentos implícitos de un puesto de mercadeo en una empresa trasnacional. Pero ese puesto tuvo muy poco que ver con mi perfil.

Quisiera de verdad que  los zapatos sean un símbolo del fin de mi rodeo alrededor de lo que realmente me gusta. Ojalá y mi cobardía y falta de voluntad para escribir estén igual de arrugados, rotos, que ya se les comiencen a ver las costuras. En mi vida, aparte de los trabajos satélites, de los trabajos “mientras tanto”, no he hecho nada más que prepararme para ser escritor, e intento mantener la preparación en mi día a día leyendo lo más que puedo, investigando, trazando líneas de trabajo que generalmente dejo por la mitad, intentando llevar este blog que he olvidado por mucho tiempo varias veces. Así como tengo que cambiar de zapatos, tengo que cambiar de actitud y escribir seriamente.

Hasta aquí mi confesión. Esto era más o menos lo que pensaba ayer mientras salía de las instalaciones de la empresa. No iba triste (al menos no demasiado triste), salía también un poco esperanzado porque mi zona de confort acababa. Porque ahora tengo que hacer: buscar trabajo, leer, ver películas y series, y escribir.
 Así que, ojalá y hayan pasado un buen día del trabajador. Yo lo pasé sin trabajo pero trabajando y un poquitín más esperanzado que ayer.


Luis: ¡Bien!
Luis: Ya eso lo has dicho antes.
Luis: Y estaba bien también.
Luis: Sí, pero no funcionaba.
Luis: Da igual, lo importante no es que funcione sino que sigas intentando.
Luis: Eso es autoayuda.
Luis: Esta entrada también.
Luis: Esta entrada es sincera.
Luis: Autoayuda sincera.
Luis: Huyámosle bebiendo.
Luis: ¡Salú!

N a wè!

martes, 23 de abril de 2013

A la espera de la tormenta perfecta



"'Es absurdo' significa: 'es imposible', 
pero también 'es contradictorio'. Si veo
un hombre asaltando con un arma blanca
un nido de ametralladoras, juzgaré que
su acto es absurdo. Mas sólo es tal en
virtud de la desproporción que existe
entre su intención y la realidad que le 
espera, de la contradicción que puedo
captar entre sus fuerzas reales y la meta
que se propone."
Albert Camus, El mito de Sísifo


La semana pasada, justo después de las elecciones presidenciales, en Venezuela se vivieron momentos muy tensos. El descontento de una mayoría que sintió (como en efecto lo fue) que le impusieron a un presidente de forma ilegítima, se hizo sentir en la calle. Capriles lo llamó, como buen venezolano, la “arrechera”, porque ciertamente esa mitad tiene una arrechera que va por la vía de durar unos 15 o 16 años. Y cuando la opresión va camino a convertirse en la norma en un país, los ciudadanos intentan buscar, por cualquier medio, algo a qué aferrarse.

Algunos amigos y familiares se sintieron sin un asidero terrenal. El poder del gobierno/estado que impera hoy el país es desesperantemente incontestable; diría Vallejo: “como del odio de Dios”. Y a falta de una referencia terrenal, donde la barbarie reina y nada parece estar del lado de la razón, tuvieron, mis amigos y familiares, que buscar apoyo en lo metafísico.

Y es que Venezuela, como su extinto jefe de estado, sufre de un cáncer terminal que se hace llamar “gobierno revolucionario” y que está consumiendo, también, a todos los que llevamos el gentilicio.

Hemos marchado por todo el país, hemos invadido las redes sociales, hemos seguido dirigentes opositores (que se han equivocado), hemos realizado manifestaciones espontáneas, las armas se han utilizado y las Fuerzas Armadas han intentado el golpe militar, hemos agotado todos los medios legales para contrarrestar las miles de irregularidades en las que incurre el “gobierno revolucionario” ¡hasta hemosdejado de hacer! pero sin resultado. Nada parece hacer trastabillar al gobierno. Al menos hasta la semana pasada, en donde éste pasó de ser un gobierno con máscara democrática a uno sin máscara de ningún tipo, pero con muchos favores por cobrar.

Lo que nos quedó entonces fue rezar.

Un amigo escritor, ateo o al menos muy poco religioso, me lo dijo con todas las palabras: “Yo no soy cristiano, pero aquí lo que queda es rezar”. En el grupo familiar materno de whatsapp no dejan de mencionar a la bruja Meredith, a Adriana Azzi y a Reinaldo Dos Santos, el de moda. De hecho, una amiga profesora de literatura, ya me lo adelantaba “aquí todos estamos en regresión religiosa” me decía dos días después de las elecciones, para luego explicarme que se estaba leyendo las cartas. Lo que diga Eugenio Martínez, Ramón Guillermo Aveledo o Luis Vicente León es irrelevante (excepto quizás por la profesora) porque, al menos hoy en Venezuela, no existe razonamiento alguno que pueda contra el poder.

Por otra parte Luis, el amigo posiblemente más inteligente que tengo, se vuelve al nihilismo. O al menos a un individualismo casi hiriente para quien cree en su inteligencia y su patriotismo. Luis, en vez de rezar para buscar las respuestas ante la aplastante bota gubernamental (hasta donde sé, Luis es católico), o buscar razón en la política práctica, apela al poder –aparentemente- todopoderoso del individuo y la revolución interna. Los líderes, y yo sumo cualquier religión por ser ella en sí misma una guía como los líderes políticos, no te sacarán –según Luis- del problema que vive el país; lo harás tú haciendo “lo que puedas” por tu entorno.

Del otro lado han funcionado las dádivas y la propaganda. No mucho más que decir al respecto.

Pero ojo, que no se culpe a nadie. Otra de las características de nuestra sociedad acostumbrada ya a la desmesura, es que todos tenemos derecho a lo que sea; podemos buscar las respuestas en donde y como nos plazca. Además, creo, es una reacción completamente natural: por encima de la personalidad dictatorial sólo está Dios o el individuo, y si vives bajo el yugo no tienes otra opción. Mi amigo escritor ateo, también me decía "yo, entre una vaina y otra, escucho Stevie Wonder y escribo mis vainas". 

Posiblemente Venezuela sea hoy un país que necesite un poco de todo eso: de un milagro, del trabajo de cada quien por su entorno, de un gobierno que se encargue de los pobres y unos medios que hablen más de razones que de personas (o mitos forzados). Venezuela, en mi opinión, es un país empujado al extremo de necesitar una tormenta perfecta de todo eso para salir de esta barbarie llamada “gobierno revolucionario”. 

Y yo me pregunto ¿qué cara tiene el milagro que puede desatar esta tormenta?

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Luis: A mí no me metas en ese peo.
Luis: de alguna forma tengo que meterte en ese peo.
Luis: ¿Por qué? Yo quiero ser yo y ya, quiero seguir haciendo mis vainas sin importar quién coño esté en un gobierno que siempre me va a oprimir. No existe respuesta, Luis, no existen mesías.
Luis: Pero existen civilizadores, y el gobierno venezolano es bárbaro.
Luis: Si todos...
Luis (interrumpiéndolo): ...Bebiéramos seríamos más feliz.
Luis: Ese siempre debe ser nuestro punto de concordancia.
Luis: ¡Salud!

¡αγαθό αντίο!

sábado, 13 de abril de 2013

14A: La barbarie del gobierno vs. civilización de la oposición



Primero que nada disculpen el atrevimiento de intentar adentrarme en un tema que no manejo bien (en general se me hace complicado manejar bien un tema). Pero antes de las elecciones de mañana 14 de abril quiero dar mi opinión acerca de lo que me parece que nos jugamos en el país, yendo un poco más allá de la guerra de markegint que nos proponen las redes sociales y desarrollar algunas razones que allí hay.

La premisa de lo que aquí expresaré es simple y repetida: en las elecciones de mañana los venezolanos no sólo elegiremos a la persona o gobierno que regirá los próximos 6 años o su simple ideología. Lamentablemente mañana también estaremos eligiendo si seguir el rumbo de la barbarie o volver a tomar el curso de la civilización. ¡Nada menos!

En los próximos párrafos –me disculpan la limitación- alternaré citas de dos libros que hablan ampliamente acerca de la barbarie y la civilización: La Rebelión de las Masas de José Ortega y Gasset y Miedo a los Bárbaros de Tzvetan Todorov.

Para Todorov, por ejemplo, Capriles sería un ser civilizado: “…reconocer la pluralidad de grupos, de sociedades y de culturas humanas, y colocarse a la misma altura que los otros forma parte de la civilización”. ¿No le habla Capriles a todo un país y no a un sector? Uno de los grandes esfuerzos en la campaña de Capiles fue atacar a los "enchufados" como los llamó, jamás a sus seguidores.

En las campañas, finalizadas legalmente anteayer a las 12 de la noche, se pudo ver con facilidad los discursos civilizatorios de un candidato y los bárbaros del otro. Uno de ellos, Capriles, hace un llamado de reconciliación, de diálogo, de unión nacional. “Aquí no hay pueblo bueno y pueblo malo –repitió un civil Capriles- sino gobierno bueno y gobierno malo”. En twitter, especialmente popular en Venezuela, surgió la etiqueta #YoSoyVenezolano en contraposición al ya utilizado en su velorio, #YoSoyChávez. Mientras que  el gobierno "...intenta transformar a sus adversarios en enemigos, Capriles intenta transformar a sus enemigos en adversarios." como dijo, aunque para las elecciones del 7O, Fernando Mires.

Y donde uno propone diálogo y reconciliación el otro, Nicolás, insulta y recurre a la magia. Perlas como “Caprichito”, “Chayota”, “La nada”, “Vende patria”, “Pitiyankee”, “Oposición apátrida” y demás venenos fueron las constantes en los discursos del ungido. En las palabras del candidato oficialista no se oyó un intento de unión nacional, no dijo jamás la palabra reconciliación, y por supuesto, jamás debatirá. “Los bárbaros –asegura Todorov- son los que marcan una auténtica ruptura entre ellos y los demás hombres (…). Los que recurren sistemáticamente a la violencia y a la guerra para gestionar sus diferencias son percibidos como próximos a la barbarie.”

Nicolás también es el representante en la tierra de una nueva religión. Si Chávez ya estaba endiosado, su sucesor llevó este despropósito al paroxismo. “…la magia es más bárbara que la ciencia, dado que la una implica una diferencia irreductible entre el que sabe y el que no sabe, mientras que la otra avanza mediante observaciones y razonamientos que nada tienen de secretos y a los que cualquiera puede acceder.” ¿Y no fue "magia" que se le apareciera a Nicolás un pajarito revoloteando tres veces y que Nicolás dijera que ese era el espíritu de Chávez? ¿No es magia maldecir a los que no piensan como él con la maldición de Maracapana? Esto, además, con sus respectivos escupitajos, pero también con muchas falencias que el difunto no tenía, como por ejemplo, las incorrecciones geográficas y las confuciones en los nombres de las instituciones nacionales.



Ortega y Gasset dice que la civilización “…es, antes que nada, voluntad de convivencia. Se es incivil y bárbaro en la medida en que no se cuente con los demás.” En el gobierno, y desde hace más de una década (más o menos después del golpe fallido de 2002) no existe voluntad ni de debatir, ni de dialogar, ni de convivir. A fuerza de mayorías (que lo han sido) pretenden borrar de un plumazo a todos los que no nos adherimos a su ideología. La prueba cumbre de esto  fue la implementación y defensa por parte del líder de la lista de Tascón, pero la discriminación por parte de quienes tienen el poder, se respira en el día a día venezolano: cierres de canales y emisoras críticas al gobierno, presos políticos, criminalización de las protestas, etc.

Por ejemplo, un amigo posteó en su Facebook una conversación que tuvo él con un chavista en donde éste le decía que tendría que hablar con el departamento de RR.HH. del lugar donde trabaja (adscrito al Ministerio de Comunicaciones) por ser de oposición. Esto después de ofrecerle "una pela" por las imágenes que colocaba mi amigo en su muro.

Pero la barbarie del gobierno y el civismo de Capriles no se evidenciaron sólo en la campaña. La misma negación de los 40 años anteriores de nuestra historia, la incorporación ajuro de héroes como Zamora o Maisanta, la demonización de Páez, todo eso también son símbolos de barbarie según Todorov: “La idea de civilización implica el conocimiento del pasado. El que limita su comprensión y su expresión e ignora sus códigos comunes se condena fatalmente a moverse sólo en su pequeño grupo y a excluir a los otros. El bárbaro se niega a reconocerse en un pasado distinto de su presente.” Nivelar a Bolívar con Marx, en un mega pastiche ideológico que a veces es socialista extremo y otras nacionalista extremo, también corrobora lo dicho por Todorov.

La misma eliminación del congreso bicameral podría también interpretarse como un signo de barbarie. Carlos Tablante, en la primera camada de diputados después de la eliminación del congreso, preguntaba a los oficialistas si querían un solo canal, una Asamblea Nacional de un solo color y una sola forma de pensar, a lo que los diputados de entonces respondieron al unísono un vergonzoso y sumiso “Sí”.


“Idear, opinar, es una misma cosa con apelar a tal instancia, supeditarse a ella, aceptar su código y su sentencia, creer, por lo tanto, que la forma superior de la convivencia es el diálogo en que se discuten las razones de nuestras ideas. Pero el hombre-masa se sentiría perdido si aceptase la discusión, e instintivamente repudia la obligación de acatar esa instancia suprema que se halla fuera de él. Por eso, lo "nuevo" es en Europa "acabar con las discusiones", y se detesta toda forma de convivencia que por sí misma implique acatamiento de normas objetivas, desde la conversación hasta el Parlamento…”

Que después de casi un siglo las palabras de Ortega y Gasset sigan teniendo vigencia en un país petrolero y caribeño, no tiene ningún sentido.




También son elocuentes en este sentido, los casos de María Lourdes Afiuni y Franklin Brito. La primera fue enviada a la cárcel por cumplir con una ley que dice que una persona no puede estar presa sin condena por más de dos años. Al enterarse, el difunto personalmente y por televisión la mandó a encerrar sin derecho a juicio ni defensor público por 30 años. Por si fuera poco, el juez que lleva su caso, Alí Fabricio Paredes, se ha declarado en muchas oportunidades chavista y revolucionario. Ninguna esperanza para la juez de salir mientras este gobierno siga mandando: “La barbarie es ausencia de normas y de posible apelación”, dice Ortega y Gasset, y nos recuerda demasiado al caso de Afiuni.

En el caso de Brito, simplemente lo dejaron morir. El gobierno le expropió sus tierras, se las invadieron, no se las regresaron y el biólogo inició una estricta y decidida huelga de hambre. Primero la Guardia Nacional lo dispersó (a él solo) con una bomba lacrimógena adentro de su carpa (no hay necesidad de citar a nadie para ver la barbarie en esa acción), luego se lo llevaron a la fuerza al hospital militar donde continuó su huelga alejado de las cámaras de televisión y allí lo dejaron morir. Primero una supuesta “Defensora del pueblo”, Gabriela Ramírez, puso en entredicho la salud mental de Brito. Después, un twit de quien fuera ministro de comunicaciones de la dictadura terminaba de evidenciar la barbarie de un gobierno que se hace llamar “humanista”. Poco antes de morir, Andrés Izarra (el ex ministro de comunicaciones) twiteó “Franklin Britto huele a formol”.

Los casos de los comisarios Iván Simonovis, Lázaro Forero y Henry Vivas también son dignos de mención, y también evidencian la barbarie del actual gobierno.

Tzvetan Todorov apunta que “Los bárbaros son los que no reconocen que los demás son seres humanos como ellos, sino que los consideran equiparables a los animales…” y como animales están tratando a los presos políticos en el país: sin derecho a ver la luz, sin derecho a abogados, sin derecho a tratamientos de salud, sin derecho a ser juzgados en libertad.

Por último, para dejar atrás la barbarie, podemos recordar al caudillo diciéndole a su ex esposa en uno de sus programas dominicales “esta noche te doy lo tuyo, María Isabel”, y este tipo de actitudes también las cataloga Todorov de bárbaras: “Otro indicio de barbarie: algunos no tienen en cuenta si los demás los observan cuando realizan los actos más íntimos (…). El pudor es un rasgo específicamente humano, porque significa que soy consciente de la mirada de los demás.”

Pero volvamos a la civilización y recordemos los hechos de 2002. Por mucho que la maquinaria propagandística intente hacer ver que Capriles irrumpió en una embajada asediada por una turba de violentos, en donde era imposible abrir la puerta principal sin que ocurriera algo parecido a la crisis de los rehenes de Irán de 1979, las imágenes hablan por sí solas. Adentro de la quinta, el embajador cubano, Germán Sánchez Otero repite varias veces que “no hay ningún conflicto” y agrega “se está conversando, se está dialogando” y que el alcalde de Baruta está intentando resolver la situación. Todo transcurre en calma, no hay ni armas, ni violencia ni agresión por parte de Capriles. Al respecto, Todorov nos diría que “El diálogo, que garantiza una posición equivalente a todos los interlocutores, es una forma de comunicación más civilizada que el discurso solemne, en el que uno lanza certitudes mientras los demás escuchan…”.

Pero el revanchismo no se hizo esperar. Un Capriles coherente se entrega a las instituciones, aunque éstas estuvieran secuestradas por el poder y estuvo preso por 4 meses. Reconocer las instituciones de un país, confiar en ellas ¿no es un acto civilizado?

Si damos por sentado que la democracia liberal es un gran logro de la civilización, entonces ¿no es un acto civilizado hacer una carrera política comenzando como diputado, luego presidente del congreso, luego dos veces alcalde, dos veces gobernador y ganador de unas elecciones primarias en el seno de la oposición? ¿No es civilizado prepararse académicamente para realizar todo lo anterior? ¿No es civilizado aceptar la derrota cuando la obtuvo y celebrar en paz la victoria cuando le favorecieron los votos? ¿No es civilizado caminar un país completo dos veces para conocer los problemas del pueblo y así poder atacarlos con conocimiento de causa?



No estamos, a mi juicio, en una elección simple de un presidente y ni siquiera en una elección de ideologías contrapuestas. Debemos, creo haber dado indicios, elegir entre la barbarie representada por el gobierno actual y la civilización representada por Henrique Capriles y la Mesa de la Unidad Democrática. Ojalá y, ya que no nos ha asistido la sabiduría en los últimos 6 años (por decir lo menos), que al menos nos asista la necesidad de cambio.

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Luis: ¡No estoy de acuerdo contigo!
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