“Ama a tu arte como a tu novia,
dándole todo tu corazón.”
Horacio Quiroga
Cuando
llegué a EE.UU. tenía unos zapatos puntiagudos muy usados por los europeos entre
2008 y 2009. Debido a que no podía trabajar de otra cosa que no fuera como
vendedor de puerta a puerta, los zapatos, ya maltratados por trabajar de lo
mismo en España, se terminaron de dañar. Tuve que comprarme otros. Mi aventura
como vendedor aquí en EE.UU. no duró mucho por cuestiones legales, a lo que doy
gracias a los caprichosos etéreos que nos rigen, pero los que sí duraron fueron mis
zapatos.
Me
acompañaron en otra pequeña aventura como empresario vendiendo quesos
venezolanos en Dallas y otro rato más cuando fui a Venezuela a trabajar para The
Amazing Race, Latinoamérica. Poco después de regresar a Dallas, me casé y los usé en la boda (todavía suficientemente nuevos), y con ellos seguí buscando trabajo
hasta que lo conseguí.
Durante un año
y 2 meses he asistido al trabajo con esos zapatos, porque no tengo otros para
el fin.
Ya los
zapatos estaban un poquitín dañados, las arrugas se le notaban, era complicado
limpiarlos, las gomas estaban salidas y rotas. De lejos se veían relativamente
bien, pero si uno se fijaba, literalmente, se les notaban y salían las costuras.
Bueno, hoy
no los utilicé. Hoy, día del trabajador, no necesité volver a ponérmelos porque
ayer quedé cesanteado. Quedar cesanteado es lo mismo que te boten, sólo que te
hacen saber que no es una decisión tomada a raíz de tu desempeño sino por otra
razón de la empresa. Y es importante porque no había demasiado que yo pudiera
hacer para cambiar tales designios.
La cosa es
que yo utilicé esos zapatos para vestirme profesionalmente,
acorde a los reglamentos implícitos de un puesto de mercadeo en una empresa
trasnacional. Pero ese puesto tuvo muy poco que ver con mi perfil.
Quisiera de
verdad que los zapatos sean un símbolo
del fin de mi rodeo alrededor de lo que realmente me gusta. Ojalá y mi cobardía
y falta de voluntad para escribir estén igual de arrugados, rotos, que ya se les
comiencen a ver las costuras. En mi vida, aparte de los trabajos satélites, de
los trabajos “mientras tanto”, no he hecho nada más que prepararme para ser
escritor, e intento mantener la preparación en mi día a día leyendo lo más que
puedo, investigando, trazando líneas de trabajo que generalmente dejo por la
mitad, intentando llevar este blog que he olvidado por mucho tiempo varias
veces. Así como tengo que cambiar de zapatos, tengo que cambiar de actitud y
escribir seriamente.
Hasta aquí
mi confesión. Esto era más o menos lo que pensaba ayer mientras salía de las
instalaciones de la empresa. No iba triste (al menos no demasiado triste),
salía también un poco esperanzado porque mi zona de confort acababa. Porque
ahora tengo que hacer: buscar trabajo, leer, ver películas y series, y
escribir.
Así que,
ojalá y hayan pasado un buen día del trabajador. Yo lo pasé sin trabajo pero
trabajando y un poquitín más esperanzado que ayer.
Luis:
¡Bien!
Luis: Ya
eso lo has dicho antes.
Luis: Y
estaba bien también.
Luis: Sí,
pero no funcionaba.
Luis: Da
igual, lo importante no es que funcione sino que sigas intentando.
Luis: Eso
es autoayuda.
Luis: Esta
entrada también.
Luis: Esta
entrada es sincera.
Luis:
Autoayuda sincera.
Luis:
Huyámosle bebiendo.
Luis:
¡Salú!
N a wè!

No hay comentarios:
Publicar un comentario