martes, 26 de agosto de 2008

¡Ah la verga!

A continuación verán un video que tiene dos cosas interesantes. La primera es el tornado, un tornado grabado siempre es interesante, y si es en Venezuela más todavía. La segunda, y es donde me detendré un poco, es el Ah la verga del puntofijense que graba la vaina.

El acento falconiano es parecido al acento zuliano. Debo decir que buena parte de mi infancia la pasé en Falcón, en toda Falcón. Mi padre y toda su familia son de allá. Teníamos una casita a la orilla de la playa, en Adícora, e íbamos a menudo. Paseábamos por los pueblos y se podía oír las pequeñas variaciones del acento. No pasé tanto tiempo como para hacer tratados, pero me parece que a la clase media de Coro no le gusta utilizar el vos y hacen lo posible para no hacerlo, aunque a veces se les salga, sobre todo si están en confianza: "Vos sos loco" y alargan la primera o del loco y la última, en ocaciones, se cae en un agudo gutural que a mí me fascina. A veces cambian el vos de la anterior frase por una primera s del sos más marcada: "Ssos loco"

En casa, y creo que no es tan común, decimos el Ah la verga que oirán a continuación. No lo decimos tan marcado, casi sin pronunciar la última a y alargando nasalmente la e, pero lo decimos. Hoy por hoy mi padre seguramente cambiará ese ah la verga por un holly shit o el gringuísimo y Janiceano oh... my... god.



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-Ah la veeerg... JAJAJAJAJAJAJA.
-¿De qué te ríes?
-¡Es muy cómico como lo dice!
-Sí... ¿tú te imaginas a ocho coñitos diciendo todos a cada ratico ah la veeerg?
-JAJAJAJAJAJA es un patrimonio... porque creo que hasta a mí se me ha pegado.
-Sí, como el patrimonio de beber, de degustar un buen licor y uno malo también, de sentir el mareo en la cabeza, el patrimonio de emborracharse, aprender a no vomitar...
-Deja la mariquera y sírvete dos más.
-Vale -dijo, finalmente Luis, cerrando un poco los ojos.
¡Chao!

sábado, 16 de agosto de 2008

De los Karmázov (IV y última)

Pues, hasta que llegamos a la última. Dejan a un lado la discusión, pero adentran un poco en el espíritu del pobre (todo adolescente merece ese adjetivo) Kolia.

Y así me pasa un poco a mí; entre las ansias de saber y las de querer abrazarlo todo, juzgarlo y entenderlo. Ce n'est pas possible...

"‑¡Es verdad! ‑exclamó Kolia echándose a reír‑. ¡La pura verdad! ¡Bravo por el alemán! Sin embargo, ese cabeza cuadrada no se ha detenido a observar el lado favorable de nuestra conducta. ¿No lo ves tú así? Admito nuestra presunción, ya que es propia de la juventud. Pero esto se corrige, si verdaderamente hay que corregirlo. En compensación, ahí está el espíritu de independencia desde la más tierna infancia, la audacia de las ideas y las convicciones en vez del servilismo rastrero ante la autoridad de toda índole. No cabe duda de que el alemán ha dicho la verdad. ¡Bravo por el alemán! Sin embargo, hay que apretar los tornillos a los alemanes. Aunque sean unos sabios en las cuestiones científicas, hay que apretarles los tornillos.
‑¿Por qué? ‑preguntó Aliocha con una sonrisa.
‑Admito que soy un osado, una especie de enfant terrible, que no me detengo ante nada cuando una cosa me gusta y que digo las mayores tonterías... Pero, oye: estamos charlando desde hace un buen rato y ese doctor no termina su visita. A lo mejor, está reconociendo también a «mamá» y a Nina. Te confieso que Nina me ha encantado. Cuando he pasado junto a ella al salir de la habitación, me ha susurrado en un tono de reproche: «¿Por qué no has venido antes?» Me ha parecido que esa chica es toda bondad.
‑Desde luego, tiene un gran corazón. Como desde ahora vendrás con frecuencia, ya la conocerás a fondo. Necesitas conocer personas así para aprender muchas cosas que sólo su compañía te puede enseñar.
Y Aliocha añadió calurosamente:
‑No hay medio mejor para que te transformes.
‑¡Qué arrepentido estoy de no haber venido antes! ‑exclamó Kolia amargamente.
‑Sí, ha sido un error. Ya has visto la alegría que le has dado al pobre Iliucha. No puedes imaginarte cómo lo consumía el deseo de que vinieras.
‑Calla: no aumentes mi pena... Pero lo tengo bien merecido. No he venido antes por culpa de mi orgullo, de mi egoísmo, de un bajo despotismo que nunca he podido acallar, pese a mi empeño en dominarlo. Ahora me convenzo de que soy un miserable en muchos aspectos.
‑Nada de eso; posees excelentes prendas, pero las disfrazas ‑dijo Aliocha con calurosa franqueza‑. Comprendo que hayas influido tan profundamente en ese muchacho de noble corazón y sensibilidad enfermiza.
‑No esperaba oírte decir eso ‑declaró Kolia‑. Desde que he llegado aquí, he pensado más de una vez que me despreciabas. Si supieras lo mucho que me importa tu opinión...
‑¿Cómo es posible que seas tan desconfiado a tu edad? Hace un momento, viéndote y oyéndote hablar, me decía precisamente que debías de ser muy desconfiado.
‑Lo creo. ¡Eres tan sagaz! Sin duda, ha sido cuando estaba refiriendo lo del ganso. Entonces me he dicho que debías de despreciarme profundamente al notar que me esforzaba por aparecer como un desalmado. Entonces te he detestado y he empezado a discursear. Después, cuando ya estábamos aquí y he dicho que si Dios no existía habría que inventarlo, me ha parecido que mi exhibición de cultura ha sido demasiado precipitada, ya que he leído esta frase en alguna parte. Pero te aseguro que no me ha impulsado la vanidad; lo he hecho no sé por qué, dejándome llevar de mi alegría... Sí, creo que mi alegría ha sido la culpable de todo. Claro que no es correcto molestar a las personas porque uno esté contento; esto ya lo sé. Pero también sé, y esto es una compensación para mí, que no me desprecias, que mis temores han sido falsos. ¡Oh, Karamazov! Soy profundamente desgraciado. A veces me imagino, sabe Dios por qué, que todo el mundo se burla de mi, y entonces me siento impulsado a trastornarlo todo.
‑Y atormentas a los que te rodean ‑dijo Aliocha sin dejar de sonreír.
‑Cierto, y sobre todo a mi madre. ¿Verdad, Karamazov, que te parezco ridículo?
‑¡Eso ni pensarlo! ‑exclamó Aliocha‑. Además, ¿qué es el ridículo? Nadie sabe cuándo un hombre es ridículo o lo parece. Además, actualmente casi todas las personas capacitadas temen demasiado al ridículo, y este temor las hace desgraciadas. Pero me asombra que tú padezcas de este mal que observo desde hace mucho tiempo sobre todo en los adolescentes. Es una especie de locura. El diablo se ha transformado en amor propio para apoderarse de la generación actual. Sí, el diablo ‑repitió Aliocha sin ironía, aunque Kolia, que lo miraba fijamente, creyó lo contrario‑. Tú eres como todos, mejor dicho, como la mayoría. Y no hay que ser como todos.
‑Pero si todos son así...
‑Aunque todos sean así, tú debes procurar no ser como ellos. Bien mirado, tú no eres como todos, ya que no has vacilado en confesar un defecto, incluso un defecto ridículo. ¿Quién es hoy capaz de eso? Nadie, porque nadie siente la necesidad de condenarse a sí mismo. No seas como nosotros, aunque te quedes solo.
‑Así lo haré... Te juzgué certeramente: sabes consolar. ¡Si supieras hasta qué punto me sentía atraído hacia ti, Karamazov! Hacía mucho tiempo que deseaba conocerte. ¿De veras deseabas también tú conocerme a mí? Hace un momento lo has dicho.
‑Sí, oía hablar de ti y pensaba en ti... Y si es el amor propio el que te ha llevado a hacer esa pregunta, no importa.
‑¿No has observado, Karamazov, que estas explicaciones parecen una declaración de amor? ‑preguntó Kolia en voz baja y como avergonzado‑. ¿No es esto ridículo?
‑De ningún modo ‑repuso Aliocha firmemente y con una radiante sonrisa‑. Y aunque fuera ridículo no importaría, puesto que estamos obrando bien.
‑Reconoce, Karamazov, que también tú estás un poco avergonzado. Lo veo en tus ojos.
Kolia sonreía, ladino y feliz.
‑No sé por qué he de avergonzarme ‑dijo Aliocha.
‑Sin embargo, has enrojecido.
‑¡Porque tú me has hecho enrojecer! ‑exclamó Aliocha riendo y, en efecto, sonrojado. Un tanto aturdido, añadió‑: En verdad, estoy un poco avergonzado, pero no sé por qué...
‑En este momento te aprecio y te quiero mucho más ‑exclamó Kolia con vehemencia‑, precisamente porque te sonrojas como yo, porque eres como yo.
Sus mejillas echaban fuego; sus ojos centelleaban.
‑Oye, Kolia ‑dijo de pronto Aliocha‑,vas a ser muy desgraciado en la vida.
‑Lo sé, lo sé ‑respondió Kolia en el acto‑. Todo lo adivinas.
‑Sin embargo, la vida, el conjunto de la vida, merecerá tu bendición.
‑¡De acuerdo! ¡Magnífico! ¡Eres un profeta! ¡Qué bien vamos a entendernos, Karamazov! ¿Sabes lo que más me gusta de ti? Que me trates como a un igual. Sin embargo, no somos iguales: tú eres superior a mí. Pero nos entenderemos. Hace un mes que me venía diciendo: «O nos haremos amigos en seguida y para siempre, o nos separaremos como enemigos para toda la vida.»
‑Pensabas así porque ya me querías.
‑Sí, sentía un gran afecto por ti, hasta soñaba contigo. Todo, todo lo adivinas... Mira, ya viene el doctor. Está diciendo algo al capitán. ¡Dios mío, qué cara pone!"


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-Ya...
-Ya ¿qué?
-Eso... las imágenes, vale, "Lobo estepario"
-¿Se supone que eso es cinismo?
-No, se supone que es lo que ves de ti... quizá cínicamente.
-No me jodas. Yo no me puedo ver a mí mismo cínicamente, todo sería una mentira disfrazada de verdad... o al revés e igual está mal, porque en todo caso yo no puedo ser literatura.
-Y sin embargo mientras alguien lee esto pudiera pensarlo.
-...
-...
-¿No es un poco terapéutico y sano para estos tiempos verse e intentar interpretarse a sí mismo?
-Terapéutico son las birras.
-Una mash...

¡Hosçakal!

jueves, 14 de agosto de 2008

De los Karamázov (III)

Pensé que con tres entradas me bastaría, pero me volví a equivocar. Así que aquí va la tercera y penúltima entrada de este tema. Más política, más adolescencia.

"‑No se puede ocultar la verdad. He tenido más de una ocasión para charlar con Rakitine. Y se dice que esta idea la ha expresado también el viejo Bielinski.
‑¿Bielinski? No lo recuerdo. Desde luego, no lo ha escrito en ninguna parte.
‑Tal vez no lo haya escrito, pero lo ha manifestado. Se lo he oído decir a... Bueno, eso no importa.
‑¿Has leído a Bielinski?
‑No, en verdad no lo he leído, ya que sólo conozco de él el pasaje en que comenta por qué Tatiana no parte con Onieguine.
‑¿Por qué no parte con Onieguine? ¿Acaso lo has comprendido?
‑Perdona, pero creo que me tomas por un chiquillo como Smurov ‑observó Kolia con una sonrisita que era una mueca de irritación‑. Además, no vayas a creer que soy un gran revolucionario. A veces no estoy de acuerdo con Rakitine. No soy partidario de la emancipación de la mujer. Reconozco que la mujer es una criatura inferior nacida para la obediencia. Les femmes tricotent, dijo Napoleón, y por lo menos en este punto ‑Kolia sonrió- comparto la opinión del seudo gran hombre. También considero que es una cobardía emigrar a América, y más que una cobardía: una estupidez. ¿Para qué irnos a América cuando podemos trabajar en nuestra casa por el bien de la humanidad? Sobre todo ahora, tenemos a nuestra disposición un amplio campo de fecunda actividad. Esto es lo que respondí.
‑¿Lo que respondiste? ¿A quién? ¿Es que alguien te ha propuesto ir a América?
‑Sí, me lo han propuesto, pero yo no he aceptado. Te lo digo confidencialmente, Karamazov. Ni una palabra a nadie, ¿entiendes? Sólo tú lo sabes. No tengo el menor deseo de caer en las garras de la Tercera Sección para aprender las lecciones que se dan en el puente de las Cadenas.

»Te acordarás del edificio
próximo al puente de las Cadenas.»

¿Te acuerdas? ¡Es magnífico! ¿De qué te ríes? Supongo que no creerás que estoy hablando en broma.
Y Kolia se estremeció al pensar: « ¡Si se enterase de que éste es el único número de La Campana que tengo y no he leído ningún otro ... !»
‑ ¡Oh, no, no me río! ‑repuso Aliocha‑. Y no puedo pensar que me hayas mentido, por la sencilla razón de que sé que lo que me has dicho es la pura verdad... Dime: ¿has leído «Eugenia Onieguine», el poema de Pushkin? Has hablado de Tatiana.
‑No, aún no lo he leído, pero quiero leerlo. No tengo prejuicios, Karamazov; lo miraré por las dos caras. ¿Por qué me lo preguntas?
‑Por nada.
Kolia se irguió ante Aliocha. Quería saber a qué atenerse.
‑Dime, Karamazov: ¿me desprecias? Te agradeceré que me hables con franqueza.
Aliocha lo miró estupefacto.
‑¿Despreciarte? ¿Por qué? No, no; me limito a lamentar que un chico que vale tanto como tú y que está en la aurora de la vida, se haya dejado descarriar, dando crédito a semejantes disparates.
‑Dejemos a un lado mi valía ‑replicó Kolia con cierta arrogancia‑. Soy suspicaz, estúpida y groseramente suspicaz. Hace un momento, me ha parecido que tu sonrisa...
‑¡Bah! He sonreído por otra cosa. Te voy a explicar el motivo. No hace mucho leí la opinión de un extranjero, de un alemán establecido en Rusia, sobre la juventud actual. Este hombre ha escrito: «Si prestáis a un colegial ruso un mapa del firmamento, él, aunque sea el primero que ha visto en su vida, os lo devolverá al día siguiente corregido.» Ningún conocimiento y una presunción sin límites: esto es lo que el alemán reprocha a nuestros estudiantes."



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-No entiendo las imágenes.
-Mira lo que puse en la primera entrega.
-¿Del blog? -dijo Luis algo inquieto-
-No, gilipollas, de De los Karamázov.
-Aaah... vale... ahora vuelvo.
-Eeeh... llévate la cerveza.
-Dame acá.


¡Ah nyuhng!

domingo, 10 de agosto de 2008

De los Karamázov (II)


Aquí va la segunda parte de la fraternal conversación entre Kolia y Aliosha.


Sólo agregar algo que se me quedó en los dedos en la última entrada: Aliusha, un niño de once años que admira fehacientemente a Kolia, está casi terminal, por eso lo del médico (en la entrada anterior). También que ¿qué dirán los chavistas de Aliosha por esa última afirmación, que por cierto, es mi personaje favorito? En fin, ahí les va...


"Y pensó: «¡Otra vez, otra vez!»
‑Voltaire creía en Dios, aunque un poco fríamente. Y, al parecer, del mismo modo amaba a la humanidad ‑repuso Aliocha con toda naturalidad, como si hablara con una persona que tuviera la misma edad que él, o incluso que fuera mayor.
A Kolia le impresionó la falta de seguridad que demostraba Aliocha en su juicio sobre Voltaire, y también le llamó la atención que dejara en manos de él, que no era más que un muchacho, la solución de un asunto tan importante.
‑Por lo visto ‑dijo Aliocha‑, has leído a Voltaire.
‑Sí, pero... sólo Candide traducido al ruso... Una traducción antigua, pésima...
«¡Otra vez, otra vez!»...
‑¿Lo entendiste?
‑¡Pues claro! Lo comprendí todo... ¿Por qué dudas de que lo comprendiera? Hay pasajes graciosos... Puedes estar seguro de que soy capaz de entender una novela filosófica escrita para exponer una idea... Soy socialista, Karamazov ‑dijo de pronto, embrollándose definitivamente‑, un socialista recalcitrante.
Aliocha se echó a reír.
‑¿Socialista? ¿De dónde has sacado el tiempo para estudiar y adoptar el socialismo? Sólo tienes trece años.
Estas palabras hirieron a Kolia.
‑En primer lugar, no tengo trece años, sino que dentro de quince días cumpliré los catorce ‑dijo impetuosamente‑. Además, no comprendo qué relación tiene mi edad con lo que estamos discutiendo. Son mis convicciones y no mi edad lo que importa. ¿No es así?
‑Cuando seas mayor verás la influencia que tiene la edad en las ideas. Eso no puede haber salido de ti.
Aliocha dijo esto con toda calma. Kolia, en cambio, le contestó, nervioso:
‑Óyeme, tú eres partidario de la obediencia y del misticismo. No me negarás que el cristianismo sólo ha sido útil a los acaudalados, a los poderosos, para mantener a las clases inferiores en la esclavitud.
‑Ya sé dónde has leído eso, ya sé quién te lo ha enseñado.
‑¿Por qué crees necesario que lo haya leído? Nadie me ha inculcado estas ideas. Tengo capacidad para juzgar por mí mismo... Y te advierto que no soy enemigo de Cristo. Cristo tenía una personalidad enteramente humana. Si hubiera existido en nuestra época, estaría al lado de los revolucionarios y habría desempeñado un papel visible. De esto no cabe duda.
‑¿Pero de dónde te has sacado todo eso? ¿A qué imbécil has escuchado? ‑exclamó Aliocha."


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-¿Los chavistas?
-Pues, sí... básicamente Aliosha les dice imbéciles.
-Imbécil será su madre.
-Muerta.
-Me importa una mierda. Jesús era revolucionario.
-Pues sí, si no la historia no se partiría en dos, pero de ahí a que sea chavista como varios han afirmado... pero me voy de la "idea".
-Anda con tus dostoyevskerías a la puta mierda. Jesús era revolucionario y la revolución es chávez -dijo Luis levantándose y poniéndose la mano en el corazón, mirando al infinito y más allá-
-Tienes razón, brindemos por esa vaina ¡nojoda!
-¿Whisky 18?
-¡Claro!


¡Do svidanja!

viernes, 8 de agosto de 2008

De los Karamázov (I)


Aquí podrán apreciar, tanto el artículo como mi respuesta a un compa bloguero que leo desde hace un tiempo. Esa respuesta, debo decir, no sólo la saco del, por mí, venerado profesor José Sánchez Lecuna, sino también de Los Hermanos Karamázov. Esta entrada la haré por partes porque es un capítulo completo y como sabrán, los capítulos del Dosto no son particularmente cortos para leerlos en un monitor. Otra cosa, la quiero hacer, entre otros motivos, porque comparto mucho de lo que allí se dice, comparto cosas de un lado y sufro otras del otro. Es como una recomendación de un clásico, que no está muy elegante, pero siempre invita ¿no?

Aquí pueden ver más o menos la descripción de Aliosha (Alekséi Fiódorovich Karamázov), y les cuento un poco de Kolia, en las mismas palabras de Dostoyevski: "Cuando Kolia fue al colegio, su madre estudió todas las asignaturas, con objeto de poder ayudarlo en los deberes; trabó conocimiento con los profesores y sus esposas, a incluso procuró simpatizar con los compañeros de su hijo para evitar que se burlasen de él o le pegaran. A tal extremo llegó en esta táctica, que los alumnos empezaron a burlarse de Kolia, a zaherirle con frases como «el pequeñín mimado por su mamá». Pero Kolia supo hacerse respetar. Era un chico audaz y pronto se le consideró como uno de los más fuertes del colegio. Además, era inteligente, tenaz, resuelto y emprendedor. Un buen alumno. Incluso se rumoreaba que aventajaba a Dardanélov, su maestro. Pero Kolia, aunque afectaba un aire de superioridad, no era orgulloso y sí un buen camarada. Aceptaba como cosa natural el respeto de sus compañeros y los trataba amistosamente. Tenía sobre todo el sentido de la medida, sabía contenerse cuando era necesario y no rebasaba jamás ante los profesores ese límite en que la travesura se convierte en insubordinación y falta de respeto, por lo que no se puede tolerar. Sin embargo, estaba siempre dispuesto a participar en las granujadas de la chiquillería, si la oportunidad se presentaba; mejor dicho a desempeñar el papel de pilluelo para impresionar a la galería. Llevado de su excesivo amor propio, había conseguido imponerse a su madre, que sufría desde hacía tiempo su despotismo. La sola idea de que su hijo la quería poco era insoportable para la señora de Krasotkine. Consideraba que Kolia se mostraba insensible con ella, y a veces, bañada en lágrimas, le reprochaba su frialdad. Esto desagradaba al muchacho, que se mostraba más evasivo cuanta más efusión se le exigía. Era un efecto de su carácter y no de su voluntad. Su madre estaba en un error. Kolia la quería. Lo que sucedía era que detestaba las «ternuras borreguiles», como decía en su lenguaje escolar."

Espero que se hagan una idea general.

CAPÍTULO VI (del libro décimo)
DESARROLLO PRECOZ

‑¿Qué dirá el doctor? ‑preguntó Kolia‑. Tiene una cara repelente, ¿verdad? La medicina es algo que no puedo sufrir.
‑Iliusha no tiene salvación: esto es lo que estoy temiendo que diga el doctor ‑repuso Aliocha con profunda tristeza.
‑Los médicos son unos charlatanes... Oye, Karamazov: me alegro de haberte conocido; hace mucho tiempo que lo deseaba. Lo que me apena es que esta amistad haya empezado en circunstancias tan tristes.
Kolia habría deseado decir algo más expresivo, más afectuoso, pero estaba un poco turbado. Aliocha lo advirtió y le tendió la mano.
‑Hace tiempo que te considero como un ser raro, pero respetable ‑siguió diciendo Kolia, aturdido‑. Me han dicho que eres un místico, que has vivido en un monasterio. Pero esto no me importa. El contacto con la realidad te curará. Así les ocurre siempre a los que son como tú.
‑¿A qué llamas un místico? ¿De qué me he de curar? ‑preguntó Aliocha un tanto sorprendido.
‑Pues te has de curar de Dios y... de todo eso.
‑¿Es que tú no crees en Dios?
‑No tengo nada contra Él. En verdad, Dios no es más que una hipótesis. Sin embargo, reconozco que... que es necesario para ordenar la vida... y para otras cosas... Tanto ‑terminó Kolia, empezando a enrojecer‑, que si Dios no existiera, habría que inventarlo.
De pronto, pensó que Aliocha podía creer que hablaba para darse importancia, para exhibir su erudición. «Sin embargo ‑se dijo, irritado‑, nada más lejos de mi ánimo que alardear de cultura ante él.» Se sentía profundamente contrariado.
‑Estas discusiones me repugnan ‑declaró‑. Se puede amar a la humanidad sin creer en Dios. ¿Lo dudas? Voltaire no creía en Dios y amaba a la humanidad.


Hasta aquí la cita. No tengo ni idea de quién es la -mala- traducción pero la conseguí aquí, porque como se imaginarán no iba a copiar todo de mi libro, que por cierto es el de la Random House, en la segunda edición de Debols!llo y traducido por José Laín Entralgo pal que le interese.

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-A ver si entiendo... tú eres Aliosha.
-A veces, a veces tú también, cabrón.
-No, no... mentira ¡tú eres Kolia! -dice como sorprendido el cabrón de Luis-
-¿Cuál es el puto problema con identificarse con los putos personajes de las putas novelas?
-Ninguno, no te me arreches... lo que intento saber es con quién te identificas.
-No... yo me identifico con uno y tú con otro.
-Ah, verdad, eso de que somos el mismo pero los contrarios y tal ¿no?
-Aja...
-Ya... a ver... yo debería de ser Kolia ¿no?
-Pues no, a veces yo soy Kolia, la mayoría. Tú eres Aliosha... a ver ¿cuántas veces te he dicho yo que creo en Dios?
-Desde hace unos 3 años... no sé, varias.
-Ahí está... desde hace unos 3 años ¿quiere decir entonces que antes de esos tres años no pensaba en Dios?
-No, antes, recuerdo, no creías en Dios.
-Y tú, te recuerdo, cargabas con una cruz de palma para ahuyentar al negro que te perseguía.
-¡Vete a la mier da!
-Un shot y seguimos luego ¿vale?
-Cabrón.

¡Haere ra!

sábado, 2 de agosto de 2008

¿Sherlock House o El Mito de House?















Voy a tratar de buscar otro reportaje más serio, pero con la caída del emule, pues... no sé cuánto me tardaré.
En este podrán apreciar la profunda ignorancia de los actores (el primero Hugh Laurie) y el engaño, la mentira de David Shore.

Aunque también me imgaino que las preguntas de la periodista que mandaron a los estudios no debieron de haber sido demasiado perspicaces.

En lo particular, ya les he dicho, me interesa House por su existencialismo. La construcción dramática de los últimos capítulos de la cuarta temporada, definitivamente son brutales. Pero aunque se pueda creer que están más enfocados a mantener la audiencia para la quinta (que claro que también), ese hecho no hace a un lado lo que mantengo y creo que es la filosofía de la serie: el absurdo camusiano.
En el final de la tercera temporada, cuando ya renuncia hasta Cameron, Wilson en un momento a solas con House le pregunta cómo se siente y éste le responde, con una de sus sonrisas, que "Todo está bien." Para mi sorpresa (quizá por descreído) Amber, en el limbo, le dice lo mismo a House: "Todo está bien." Y no es coincidencia, fíjense:
«Juzgo que todo está bien», dice Edipo, y esta palabra es sagrada. Resuena en el universo feroz y limitado del hombre. Enseña que todo no es ni ha sido agotado. Expulsa de este mundo a un dios que había entrado en él con la insatisfacción y afición a los dolores inútiles. Hace del destino un asunto humano, que deberá ser arreglado entre los hombres.

Toda la alegría silenciosa de Sísifo consiste en eso. Su destino le pertenece. Su roca es su cosa. Del mismo modo el hombre absurdo, cuando contempla su tormento, hace callar a todos los ídolos."

House casi tiene la decisión de volver o no a la vida hasta que Amber le dice que todo está bien y él lo acepta. Él es conciente de lo que ella le dice, regresa a la tierra a arreglar -entre hombres- su destino, que al mismo tiempo es humano (el destino de Amber lo crea House, creando a su vez el suyo propio).
Lo mismo pasa en el final de la tercera temporada. Vemos a un hombre solo, al que no le gustan los cambios y de un momento a otro se ve más solo y con nuevos y enormes cambios. Pero decide que todo está bien (lo verbaliza inclusive), sabe que todo el desbarajuste lo ha creado él mismo, se forjó su propio destino y ahora tiene que arreglarlo. Dramatismo más, dramatismo menos, los finales son muy parecidos desde el punto de vista existencial.

Ya no como producto televisivo, sino como obra televisiva, como total deudora de los grandes escritores existenciales del siglo XX y algunos del XIX, House es, por mucho, la mejor serie que he visto hasta los momentos. Eliminando intrigas juguetonas (Lost) o falsas filosofías (Heroes), House MD es una perfecta combinación de producto para masas y literatura existencial. Recuerda a los folletines del siglo XIX, sobre todo los dostoyevskianos.

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-Viejo, Shore está en lo correcto.
-Teoría de conjuntos: si todo A es B pero algo de B es A ¿cómo quedamos? un circulito o alguna figura cerrada dentro de otra ¿verdad? Bueno, viejo, every writer lies.
-Jajajajajajaja, vale... pero en todo caso es verdad lo que él dice, es basado en Sherlock Holmes, no en Sísifo, coño, deja la locura.
-Las medias verdades también son mentiras... lo habrá dicho House en algún capítulo.
-No, Luis... a ver, a House no le gusta la gente.
-Y sin embargo los cura.
-Pero no les importa, los cura por masturbación mental.
-Y por....
-No me jodas... birras que es temprano.

¡E noho ra!