jueves, 12 de febrero de 2009

De nuevo acá


Definitivamente no fue mi intención dejar el blog descuidado, a un lado, sin actualizar por tanto tiempo. Hay varias razones que podría dar al respecto, pero creo que todas serían mentira. En realidad me parece que fue una sucesión de situaciones las que, de una manera u otra, casi aleatoriamente, hicieron que yo dejara de escribir por tanto tiempo.
Y todo por ir a Venezuela. Estuve en Caracas por 26 días. Fue un montón de tiempo y estuvo bien. No dejé de escribir (sólo) por la cantidad de rumbas que me tiré estando allá, o porque el 80% de esos 26 días estuve en vías a o de borrachera. Tampoco, creo, tuvo demasiado que ver el hecho de que tuve internet intermitentemente. La cosa es que en Caracas todo sucedió demasiado rápido; maldito axioma que apura el tiempo cuando uno mejor lo pasa. Muchas, pero muchas de las cosas que allá ocurrieron son dignas de un buen diario, pero no electrónico y menos público, así que, por ahora, lo dejaré.

Al llegar de nuevo a Madrid tuve el ratón de mi vida, o de la vida, como quieran verlo. "Después del coito el hombre es un animal triste" dice Eduardo Liendo en su divertida Los platos del diablo, y es cierto. En Venezuela tuve un gran orgasmo: familia, amigos, amores y mucha fiesta. Como comprenderán no es posible escribir con semejante ratón.

Después de un mes (coincidencialmente exacto) me dispongo a volver a estas páginas. Hay muchos temas que quiero tratar, comenzando por Venezuela, su extraña situación política y social (no pretendo ser un analista político, pero sí estoy en capacidad de señalar situaciones raras que me sucedieron), el distanciamiento sociocultural (para bien y para mal) que existe entre este país de cuatro estaciones donde me encuentro y aquél donde nací, libros que he leído, pelis que he visto (directores que seguiré), ¡House! tecnología, trabajo, televisión, en fin, los temas que me han apasionado desde que decidí abrir este espacio.

Y para que esta entrada tenga un poco de sentido y diversión, pongo una cita de un libro que mi queridísima amiga Tata me regaló. Se llama Los Invencibles, de Rodrigo Blanco Calderón. Sitúo: un gordo, inteligente y simpático, hablando de Venezuela: "Además -dijo con tono cansado- después de todo, sólo es cerveza. Petróleo y cerveza." No digo que sea la mejor definición de mi país, pero es que a veces lo parece.

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-Tu y yo vamos a terminar a coñazos -dijo Luis en tono tranquilo.
-No deberíamos... en todo caso tampoco es una posibilidad, considerando... ¡QUE NO EXISTIMOS!
-Te lo concedo, pero ¿a que una coñaza cibernética entre dos personajes que no existen suena bien?
-¿Por qué no mejor bebemos?
-Sí, sí... el alcohol, las cervezas, las rumbas, tal... pero ¿y la escritura?
-La escritura viene mucho después de todo eso, primero viene la resaca, el ratón.
-Vale, comencemos entonces con... digamos... ¿ron?
-Sí, el ron me gusta, es autóctono...
-Pues ¡salud por eso!
-¡Saluuuu!

¡Adjö!

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