lunes, 16 de febrero de 2009

Sí... se puede

Cuando jugaba malabares me era bastante efectivo analizar mis movimientos para saber exactamente por qué determinada figura no me salía. Y es una forma de vida que he adoptado, lo uso en mi trabajo y en mi día a día. Pues, lo mismo: ¿qué hace que un gobierno socialmente ineficaz haga cambiar la opinión de aproximadamente dos millones de personas en un año? Se ha dicho que fue el dinero, que el ventajismo fue descarado y que la utilización del dinero público ha sido y es de risa. Pues, ya sabe entonces la oposición una de sus carencias: la falta de dinero, que aunque jamás podrá ser similar a la de un estado como el de Venezuela, sí vimos cómo podía jugarle de tú a tú hace un año.

La otra carencia, quizá la más importante es la falta de liderazgo. Los chavistas (y es que en realidad no tienen opción) creen que una persona es un proyecto político. Yo creo que la oposición no tiene uno, tiene varios proyectos políticos: la idea de Baduel no es la misma que la de Julio Borges ni la de éste igual a la de Ismael García. Así que sí, ideas hay, pero no hay un liderazgo claro. Para estas elecciones, intentando repetir lo que funcionó hace un año fue intentar hacer de los estudiantes la punta de lanza de la batalla. Hace un año estaba demasiado reciente lo de RCTV. "Los Estudiantes", así, genéricos, no pueden ser los líderes de un movimiento de resistencia. En Venezuela se necesita urgentemente un líder de oposición, porque, aunque como han dicho Macario o Carlos Cicilia, tenemos que cambiar nosotros para luego cambiar al país, es importante poder ver con claridad lo que podemos llegar a ser si cambiamos y para eso necesitamos un gobierno que garantice las libertades propias de una democracia.

Ahora, ese líder no puede ser una copia de Chávez. No sé cómo debería ser, no conozco tan bien al país, pero debe ser algo realmente distinto. La oposición cuenta con cuatro años para conseguirlo, una tarea que no ha podido hacer en diez, no es moco de pavo, menos aun cuando vemos a la cuerda de ineptos que nos representan. 

Por otra parte ¿quién soy yo para contradecir a Manuel Caballero cuando dice textualmente que “Chávez no va a salir del poder como no sea por la fuerza.”? (tomado de El Poder y el delirio de Enrique Krauze). El golpe de estado no se puede tomar como guachafita, es decir, no podemos estar de golpe en golpe, pero tampoco de caudillo en caudillo. Entre esos dos límites hay que llegar a un equilibrio, pero mientras uno persista el otro estará acechando. No dudo que a partir de ayer ya se han activado un par de planes golpistas. No me queda más que “rezar” por que esos planes lleguen a “buen fin” y que sus líderes reestablezcan la democracia nueva que en realidad queremos los venezolanos.

Mientras tanto, los políticos que no se mojan con aventuras (como dice nuestro ex vicepresidente, el viejito zorro de José Vicente), pueden ir viendo quién podría suceder a Chávez, más aun cuando vemos que su popularidad junto con su dinero (¡que coincidencia!) van mermando. Dos alternativas que perfectamente pueden ir cocinándose paralelamente.

Hay que buscar nuestras falencias y subsanarlas. Pero cuidado, a mí se me caía una pelota, una clava, el diábolo mientras hacía una figura, y no pasaba nada, me agachaba, la recogía y volvía a intentarlo. Aquí los intentos tienen fecha de caducidad, tenemos nuestro último intento en 2012, luego de ese año podremos agacharnos, pero no levantarnos.

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-Bueno, men... ya te lo dije, en lo que una generación sepa que la libertad es algo distinto a lo que ahorita conocemos, ahí comenzaremos a ser libres.

-Está bien, señor lengua-de-las-mariposas...

-No, ¿Qué me quieres, amor? en todo caso -dijo Luis guiñando un ojo-

-Es la misma vaina. En Cuba la generación de los actuales jóvenes nacidos en la dictadura desean la libertad que tenemos los pitiyankees. La globalización acabó con esa teoría.

-También estoy en contra de la globalización.

-Sí ¡no estás en contra de tu mamá porque es tu mamá!

-Muchas veces estoy en contra de mi mamá...

-Sigo con ron...

-Yo también... ¡Salud!

-¡Y libertad!

Aunque reticente, Luis sabía que no podía dejar de brindar por lo último que dijo Luis, así que no le quedó otro remedio.

¡Cutiacutidiós!

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