viernes, 13 de junio de 2008

Hasta luego, Eugenio

Sí. Hasta luego, porque aunque tenga mis dudas que el cielo reservado a los poetas sea el mismo que el del resto de los mortales, mantengo la esperanza de que sea un hasta luego.

No me unía una particular amistad con Eugenio Montejo, no intercambié demasiadas palabras con él, pero las veces que lo escuché hablar me mantenía totalmente cautivo. La primera, a propósito de sus "colígrafos" (heterónimos) una chica le preguntaba por qué no se sicoanalizaba. Respondió con una sonrisa: "Buena pregunta". Para el momento no había leído absolutamente nada de él. Luego metí un curso de los mencionados colígrafos y, paralelamente, un taller con él mismo acerca de varios poetas venezolanos. Fui comprando sus libros (fotocopiando otros, perdón en donde estés, pero no se consiguen) y me fui adentrando en su ficción, que, en lo particular, me atrae más que sus poemas (que no tienen para nada desperdicio, claro). Ha sido, desde entonces, una afición personal, un apasionamiento. Poder desglosar el lenguaje de la manera poética como lo hizo Blas Coll y luego ver reflejado las influencias del tipógrafo de Puerto Malo en sus distintos contertulios (a saber Lino Cervantes, Tomás Linden, Sergio Sandoval, Eduardo Polo y Jorge Silvestre) es para mí alucinante.

Se fue un excelente profesor… una de esas personas que al conocerlo un poco admiras de inmediato por su cultura, su delicadeza al elegir cada palabra, su humor, sus anecdotas, su sencillez.

Este poema, quizá mi favorito absoluto, es de Tomás Linden. No estoy seguro si lo escribió aquí en Venezuela o en Estocolmo, si en sueco o en español (ciertamente, y según Montejo, el cuento que precede los 5 poemas en el libro Las Velas y Cinco Poemas, se supone fue escrito en sueco).

Madrigal
La belleza en la tierra se desvía
de la mujer a la melancolía.
Al mirarla de cerca resplandece
un vasto mar que asombra y estremece,
pero el mar es también melancolía.

El divino Leonardo lo sabía;
por eso al dibujar a La Gioconda
trajo un coro de bardos musicantes
que la pena más honda
mitigaban con sones fascinantes
y ella tras los laúdes sonreía...
Sin embargo en el lienzo se divisa
la tristeza detrás de la sonrisa,
cuando casi comienza a sollozar,
después ya nada vemos, sino el mar,
pero el mar es también melancolía.

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-Ese poema se lo dediqué a una amada en la cama, cansados.
-Yo no, pero voy a comenzar... antes de cansarnos... para cansarnos.
-Ya... mejor idea.
-Hay gente que no debería irse ¿te imaginas a los grandes genios vivos por siempre? ¿qué podrán aprender de más?
-Hay un promedio de años que vive la gente ¿verdad? bueno, ¿será justa esa cantidad de años?
-Sí, los highlanders deberían de parecerse más a los monjes tibetanos que a los bárbaros.
-Pues sí.
-Qué chimbo, men.
-Sí... pero nada, él lo sabía, ojalá y confíe.
-Por la poesía.
-Por la poesía.

Γειά σας

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