lunes, 18 de diciembre de 2017

Mis top picks

Intro: Mi ego hizo que entendiera mal un correo y entonces en vez de escribir una muy pequeña lista, escribí una breve nota. Porque claro, pensé que a todo el mundo le importaría lo que más me gustó del año.

Como no quise que se perdiera en el tintero, y como no está mal actualizar este espacio aunque sea una vez al año (vamos, que esto lo puede ver algún empleador), pues, aquí les dejo mis top picks del año.



Mis top picks de 2017:

Y ahí vamos de nuevo, a redondear el año que es tiempo que es línea recta pero que con el recuerdo de las victorias y las derrotas ocurridas en esos 365 días se torna más o menos circular. Y entre esas victorias está lo leído, los libros nuevos que siempre son una victoria, y también lo escuchado y lo visto. Así que aquí van, mis top picks del año, lo que descubrí y que me gustó por encima de lo demás. Lo que hizo detenerme más de lo normal en ese trayecto sin retorno que fue el año que siempre al acabar se va convirtiendo más bien, como diría el viejo filósofo, en un eterno retorno.

Libro: Conjunto Vacío de Verónica Gerber.
“Somos otra generación, debemos contar las historias de forma diferente”. Así lo planteaba Gerber Bicecci hablando de su libro en The Wild Detectives el pasado 28 de septiembre. Y así, de forma distinta, labra este pequeño pero fabuloso libro que es novela y artes visuales, y donde el texto y los diagramas se complementan para narrar una historia depurada de ruido, una obra con unos silencios que invitan al lector a participar pensando e imaginando posibilidades que el libro sólo insinúa. Tengo para mí que es un libro que continúa, a través de la ficción, un camino que comienza la escritora a través de las artes plásticas, la crónica y la reseña mucho antes de comenzar a escribir sus páginas. Pero no sólo la forma distinta de narrar la historia, sino su forma heterodoxa de hacerlo (no es una historia que se narra linealmente), la poesía presente en sus páginas, y la historia en sí misma hacen de Conjunto Vacío una de esas lecturas a las que se ha de volver.

Álbum: Salvavidas de hielo de Jorge Drexler
En la primera canción de Salvavidas de hielo, y esto no siempre ocurre en Drexler, la música logra acompañar de forma justa a un verso casi divino: "Es más mío lo que sueño que lo que toco". Estos son los momentos en la música de Drexler que lo dimensionan y lo alejan de lo discursivo y lo meramente ingenioso. Pero es la soberbia simpleza de Asilo donde el uruguayo logra invitar al desgañite a cualquiera que vaya solo o sin vergüenza escuchando este trío de dos voces y una guitarra eléctrica, la que me hace elegir definitivamente este álbum en el recuento. También la ternura y sinceridad de Pongamos que hablo de Martínez donde, "más vale tarde que jamás" le agradece a su "maestro y amigo Joaquín Sabina" su apadrinamiento (como lo cuenta en este Ted Talk, muy recomendado). En general, pocos peros al álbum; sólo recordar que Wittgenstein nos aconsejaba que "En el arte es difícil decir algo que sea tan hermoso como no decir nada"; cantarle al silencio, declamar en un momento de la canción en donde la voz pudo haber callado quizás fueron regates de más.

Película: Coco (Lee Unkrich y Adrián Molina, 2017)
¡Porque sí! ¡Porque los clichés no están para ser evadidos irracionalmente! ¡Porque, como dijo Octavio Paz "Para oírnos a nosotros mismos debemos, antes, oír las voces de la tradición"! Puedo entender la queja de mis amigos mexicanos, porque siendo una película de tan alta factura y promoción, sean los clichés los que sobresalgan. Pero les pediría que le dieran una segunda oportunidad. ¿No tienen los clichés una raíz de verdad, y en el caso de Coco no tienen estos una raíz en la tradición? Coco narra la historia de Miguel, un niño al que se le tiene prohibida la música por una de esos dogmas familiares que van pasando de generación en generación. Pero Miguel quiere revelarse. Y es a través de un viaje hacia su pasado --hacia su tradición, hacia la compresión de esta-- que Miguel logra evadir el dogma. Una historia que se cuenta en un mundo que si bien no es tan vasto como el dibujado en Monsters Inc., tampoco le llega lejos. No conmoviera tanto y a tantos, digo yo, si no tocara las cuerdas que genera esa música que sobrevive persistentemente a las generaciones.

El silencio, la simpleza y lo constante: Leo estas palabras y pienso que las podría usar como mantra para el año que comienza. El silencio, la simpleza y lo constante, como una terna que bien podría ayudarme a encarar el punto que es cada día y que construye la línea que es el tiempo y que termina siendo círculo cuando recordamos y hacemos estos ejercicios circulares para tratar de unir inicio con fin una y otra vez, cada fin de año.

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Luis: ¿Quién eres?
Luis: Luis
Luis: ¡Mentira! ¡Impostor! ¡Luis no escribe aquí! Este es un lugar para imaginar lo que Luis pudo haber escrito pero que nunca escribió.
Luis: Ya deja la intensidad y ábrete una cerveza.
Luis: ...
Luis: ¡A mí no me vas a dar esa asquerosidad de cerveza! Una IPA, por favor.
Luis: ¡Viste! ¡No eres Luis!

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