miércoles, 17 de noviembre de 2010

¡Querida amiga cómo estás! ¡aaah, aah, ah!

"Porque unir los ejercicios del arte siempre

resulta en la mejor de las obras"

Mária

No me considero tan soberbio como para dar una definición de arte, pero sé que no es brutal, increíble o arrechísimo, básicamente porque esas palabras llevan tatuados absolutismos de los que siempre intento alejarme. Así que las siguientes líneas intentarán definir lo que, en lo particular, siento cuando leo un buen libro, veo una buena película, veo un cuadro o una foto que realmente me gusta.

Ello no necesariamente tiene que ver con el autor de la obra. El coronel no tiene quien le escriba no me gustó ni de cerca tanto como Cien años de soledad. Tampoco tiene que ver con la acogida de la crítica; para la mayoría la obra magna de David Fincher es Zodiac, a mí me aburre, en cambio me parece que Fight Club se come todas sus películas hasta los momentos. Pero también hay otros autores que no se pueden ver en su totalidad si no es a través de todas sus obras, caso, por ejemplo, de Charlie Kauffman; sus historias me gustan en general, pero al ver toda la construcción película a película hasta llegar a Sinecdoche New York (casualmente la primera que dirige) se puede ver hacia dónde va apuntando toda su carrera.

Ese tipo de construcciones a mí me fascinan. Y en la fotografía de Mária, me parece atisbar algo de eso.

Comencé como comencé porque es una amiga y lo más fácil es decir adjetivos absolutos, y también se podría decir que me gusta su fotografía porque es mi amiga, intenté descartar ambas objeciones y en las líneas siguientes intentaré hacerlo mejor.

La fotografía de Mária transmite. Hay veces que hay alegría, otras veces tristeza, otras la unión de ambas, pero en sus fotos más recientes (las publicadas en su blog, al menos) siempre hay algo que hace indagar más allá del prematuro virtuosismo que la comienza a caracterizar. Aunque quizá no sea tan prematuro. Como fotógrafa profesional, Mária Teresa Hamón es relativamente joven pero siempre ha enmarcado su imaginación y sentimientos. Hace diez años atrás recuerdo dibujos en creyones, luego en pasteles cada vez más profesionales hasta parar la pintura y unirla con la fotografía.

Y es que las fotos de Mária no son simplemente anecdóticas o virtuosas por varias razones. La primera es porque, a ojos de quien esto escribe, existe un fin en cada una. Un fin que no sólo tiene que ver con los colores que existe en el momento, ni con el encuadre elegido, ni con la cantidad de luz que se quiera, también con un fin de comunicación. Comunicar lo que siempre quieren comunicar los artistas, que, obviamente, en cada caso es distinto. Esa idea, ese sentimiento parece claro y, mientras más fotos van saliendo de su cámara, más se puede observar la obra en conjunto.

¿De dónde se puede tomar, por ejemplo, una foto a una rama, con un fondo lluvioso y citadino desenfocado? ¿Por qué fijar la imagen de un vino escanciado en una copa rota? ¿Cómo se inmortalizan diez años de amistad (o más en otras fotos)? ¿Por qué el vigor de dos niños y no de dos adultos? Otra vez la naturaleza ¿por qué? Esas son las preguntas que se me vienen a la mente cuando repaso su blog. Y las respuestas salen de las propias fotos. En el conjunto de ellas, en la soledad de un autorretrato o en la sonrisa y sosiego de una mujer madura. Una foto tomada desde un interior hacia un exterior significa algo, pero que luego haya otra cuyas caras irradien una felicidad difícilmente alcanzable y que en otra exista soledad, y luego haya un verdor tan abierto que tranquiliza y esperance, y luego un amor tan puro como el de los niños, todos esos encontronazos buscan una idea, no intentan solamente reflejar el momento de forma “bonita” sino también hablar de algo.

No me atrevo a definir esa idea y no es solamente porque su fotografía todavía esté joven o su blog relativamente vacío. Pero me parece que todavía falta mucho por dar y por terminar. Hasta los momentos sólo apuntan hacia algo, una idea de contradicción: de libertad y encierro, de belleza y amenaza, de recuerdos y presente, y de esperanza. Se parecen, sus fotos, a todos. Hay humanidad en ellas.

Pero hasta Cortázar tiene su Libro de Manuel. Entiendo que el blog, hasta los momentos, parece un mero ensayo, un comienzo y una muestra. Hay en él fotos que no apuntan, o apuntan poco a la obra. No porque no transmitan, sino porque no se nota el fin en ellas. Fotos virtuosas y espléndidas, excelentes para una vaya publicitaria o simplemente anecdóticas, que recuerdan más al bosquejo, a los manuscritos, que a una foto terminada.

Este breve y apologético texto (apologético porque estoy hablando de una persona que quiero mucho) me permite introducir lo que realmente quería terminar de decir. Para mí es un orgullo inmenso poder trabajar con la que ha sido mi mejor amiga durante tanto tiempo. Sus fotos están acompañando este espacio desde el post de Los delinqüentes, y espero que continúe así un buen tiempo.

¡Salud para ti también!

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-¿Cómo te atreves a criticarla?

-Hubiera sido muy empalagoso no hacerlo, así que algo no tan bueno tenía que poner.

-¿Te gusta How I met your mother?

-Tú sabes que sí.

-¿Es empalagoso?

-Pos, sí.

-¿¡ENTONCES, CABRÓN!?

-Entonces que yo no soy el guionista de HIMYM para hacer que lo empalagoso sea bueno.

-¿Y Mária?

-Puso una foto arriba, eso es todo.

-No te busco birra, por cabrón.

-Vale, te la busco yo...

¡ Totsiens!

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