
Me ocurre muy de vez en cuando. Generalmente no soy ni
original, ni voy a contracorriente. En temas literarios, al menos, comúnmente
estoy de acuerdo con la mayoría y viceversa. Pero a veces pasa que no. Y fue el
caso con La Efeba Salvaje, de Carlos Velázquez. En El Book Club nadie estuvo de
acuerdo con mi idea de que el libro de Velázquez fuera un libro de cuentos
feministas.
Me gustaba esa idea. Era una intervención provocativa en
nuestra reunión. Me vieron raro, seguramente pensando: ¡Cómo va a decir este
que es feminista un tipo que dice que "El pobre lo único que tiene es su
verga para abrirse paso en el mundo"! ¡Es claramente una compilación de
cuentos falocéntrica y en muchos momentos machista!
Con algunos días de distancia, ahora pienso que ciertamente
no son cuentos feministas. Pero tampoco machistas ni falocéntricos. Son cuentos
con un comentario mas bien crítico hacia cómo tratamos a las mujeres en una
cultura tan profundamente machista como la latinoamericana.
No hay otro tema en el libro sino las relaciones que existen
entre un hombre y una mujer: de pareja, entre amigos (o "amigos"),
entre madre e hijo, entre hija y padre, y entre compñeros de trabajo.
Por un lado los personajes masculinos son machistas y
completamente identificables y por el otro los femeninos son más bien trágicos,
enfrentados a ese machismo que se antoja insuperable (aunque me da que Mundo
Death funciona como una película en negativo: el positivo sería la mujer
abnegada y religiosa casada con un marido violador, o cuando menos, abusivo,
pero que, según él, no lo hace con mala intención).
En todos los cuentos el personaje femenino se lleva la peor
parte (de nuevo Mundo Death funciona al revés, pero en la misma tónica de
abuso). Hay violencia, machismo, menosprecio. ¿No se usan estas palabras para
definir el trato del hombre latinoamericano a las mujeres?
Como en Antígona, donde la historia se inclina hacia lo
masculino, pero recae sobre el personaje femenino, que además es la que actúa
correctamente. En los cuentos de La Efeba Salvaje pareciera que ocurre lo
mismo: las mujeres son las que, relegadas a un segundo plano, cargan con el
peso de lo que realmente ocurre en cada historia.
Quizás, como ya se adelantó anteriormente, el único que
funciona un poco a contrapelo, es Mundo Death, donde la mujer es la que actúa
como la caricatura de un hombre terrible: obliga a su marido a satisfacerla
sexualmente. Y el marido a su vez, actúa como la caricatura de una mujer
religiosa y sumisa: estoy de luto por todo, no puedo follar, pero tengo la
obligación de satisfacerte, etc. La "dulzura" del orgasmo de la mujer
quizás no tenga tanto que ver con el placer puramente sexual sino con la
violencia con que lo consigue.
Este cuento viene, creo yo, a resaltar la posición profémina
de La Efeba Salvaje: ¿Cómo funcionaría si fuera el hombre el que obliga a su
mujer a satisfacerlo, a masturbarlo? Algo, pareciera querernos decir Velázquez,
acerca de la hipocresía latinoamericana.
La mayoría de los cuentos se narran desde la perspeciva
masculina, pero eso no impide dejar por el suelo a la figura del hombre en cada
uno de ellos. Sí que es verdad que todos
los cuentos, casi todos narrados desde la perspectiva del hombre, usan las
típicas palabras del macho alfa para referirse a las mujeres, pero inclusive el
trato de estos hombres siempre es condescendiente con las mujeres.
En todo caso, por lo anterior se podría decir que no, que el
lenguaje usado en los cuentos denota un claro machismo cultural que Carlos
Velázquez no logra ocultar. Yo diría más bien, que no hace nada por ocultarlo y
que al final no deja bien parado al que lo usa: el drogadicto se queda sin
dinero y sigue siendo el perdedor de siempre, el padre del stormtrooper termina
siendo un pusilánime asesino, el reportero estrella termina en la cárcel, el
gordo mujeriego termina aceptando su problema, y el ranchero vivirá una vida
maldita. Si fuera un libro machista, ¿por qué los hombres terminan tan mal? Las
mujeres también terminan mal, pero al menos con dignidad. Los hombres ni eso,
terminan indignos y miserables.
Está de más comentarles que en El Book Club nadie estuvo de
acuerdo conmigo, y yo mismo en la distancia tampoco lo estoy. Pero sirvó mi
rebeldía puntual para hablar del feminismo, del machismo latinoamericano, del
estereotipo del hombre y la mujer en nuestra región.
También me sirvió a mí de base para tratar de ahondar un
poquito más en unos cuentos que a primera vista pareciera que su único logro es
el uso ingenioso y gracioso del lenguaje.
Ciertamente ahora no me parece un libro feminista, pero
sobre todo porque no es un libro político ni activista. Es un libro de cuentos
de ficción, donde la narración es fundamental, donde los personajes, hombres o
mujeres, son tratados con profundidad, donde la trama pocas veces decae.
También es un libro en el que el lenguaje, por momentos barriobajero, da
vuelcos ingeniosos sin caer en vana palabrería, sino que dicen, y que aumenta
el placer de la lectura.
En fin, compañeros de lectura, sepan disculpar a quien pocas
veces va a contrapelo, si la conversa de El Book Club tomó derroteros
equivocados para un libro que a su juicio de ustedes no lo merecía. Valgan las
cervezas y la compañía de consolación por la conversa que habrían preferido.
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-¡Hola, tanto tiempo!
-Ni tanto, todavía tengo sabor a ron en la boca.
-Ya, pero en tiempos internettísticos debe ser bastante.
-No.
-Oye, que de verdad trataré de venir más a menudo.
-¡Sí, por favor!
-Pues, ¡salud!
-¡Salud!
¡Tatá!
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