"Todos tenemos dentro el cielo y el infierno"
Oscar Wilde
Este post es continuación de este otro.
Con las personas
buenas, con la bondad que se expresa de la nada es, en mi opinión, básicamente
lo mismo. No existe, que sea de mi conocimiento, ningún condicionante inherente
al ser humano para ser bueno. De hecho, como muy bien lo hace notar la película
Crash (Paul Haggis, 2004), personas malas también son capaces de realizar actos
bondadosos. En el post anterior traté de ejemplificar exactamente lo contrario:
como una persona en apariencia normal (quizás buena), puede ser capaz de
realizar actos atroces en las narices de sus vecinos.
En ese caso,
algún samaritano (que todavía no me queda claro quién fue, si el negrito
gracioso o el latino) pateó la puerta de la casa de Castro para poder liberar a
Amanda Berry. ¿Por qué lo hizo? ¿Por qué arriesgar su vida, como el latino mismo afirma, para salvar a una desconocida?
Poco tiempo
después de lo sucedido en Cleveland, un tornado barrió una buena parte de
algunos vecindarios en Oklahoma. En la página de CNN en español podemos leer que “Luego de tragedias como
la de esta semana en Oklahoma, surgen héroes y heroínas que se destacan por su
valentía en momentos tan difíciles como estos.” Al parecer la maestra Michelle
González cubrió con su cuerpo a tres niños mientras se les derrumbaba el techo
encima, y como ese se vieron varios casos. La maestra misma afirmaría: “Lo que
yo hice es lo que cualquier otra persona con corazón haría” y tiene razón. Sólo
que “cualquier otra persona” también puede hacer otras cosas atroces,
monstruosas.
Maite Larrauri lo expresa directa y hermosamente
hablando de Camus: “Los
dos (Camus y Weil) creen que la realidad debe atraparse con pinzas de dos brazos, porque en ella se da lo
que hay y lo que se desea que haya; lo que es material y pesado, y lo que
impulsa hacia arriba por su ligereza y su entusiasmo; lo que nos hace ser
violentos, ambiciosos y prepotentes y lo que nos lleva a poner freno a nuestras
pasiones y seguir un modelo de concordia. Es como decir que hay dos formas de
humanidad: una general, que se muestra en lo que hay de despreciable en los
humanos; y otra escasa, pero deseable.” Y así somos en el mismo recipiente.
Pero no es
mentira que la mayoría (la gran mayoría) somos criados bajo ciertas reglas de
convivencia: no matar, no joder al otro, sobrevivir (casi casi como las tres
leyes de la robótica de Asimov). Tampoco es mentira que esas reglas de
convivencia, también en su mayoría, producen personas que viven una vida sin
sobresaltos (la mayoría no somos asesinos o torturadores, y la mayoría no somos
héroes conocidos o anónimos que hagamos cambios significativos en la sociedad).
Posiblemente el mundo no arroja demasiadas oportunidades para ser lo uno o lo
otro.
Lo demás que
quisiera decir ya lo dije en el post anterior. Si no hay explicaciones para la
maldad creo que tampoco hay explicaciones para la bondad.
Me siento tentado
a pensar que en general somos más buenos que malos, aunque eventos puntuales me
hagan cuestionar esa idea. Por ahora, mi única prueba es que el mundo sigue
girando, mi vecino me sigue saludando, mi hija me sonríe, y aunque subiendo una
piedra inútilmente a una colina para que vuelva a caer, todo está bien.
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-Y así habrá
miles de ejemplos.
-De lo uno y de
lo otro, sí. Pero me llama la atención el anonimato de los malos.
-Y de los buenos
también, imagino yo, si luego escribes también acerca de ellos.
-Pues sí.
-Pues, ya está. A
beber.
-Sí. A tentar el
destino.
-¡Salud!
¡Timotan!

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