miércoles, 17 de septiembre de 2008

A veces hablar resulta esencial...

Bueno, primero lo primero. No he escrito mucho aquí por una razón muy sencilla: es difícil escribir cuando uno no quiere escribir.

Ahora al tema.


La canción Sorpresas del poeta, filósofo, político y cantante-salsero, Rubén Blades, nos advierte sobre la boconería. Y esta advertencia es -y tiene que ser- universal. No es sólo para los países tropicales o latinoamericanos, que según vamos viendo, son (somos) los más bocones, sino para el mundo entero.

En el nuevo curro he ido agarrando un poco de "poder". Yo siempre he aprendido rápido y esta vez no ha sido la excepción. Así que, como dije antes, creo que le puedo vender ordenadores a bill gates. Como les había dicho, el curro es piramidal, yo ya pasé a la segunda etapa: estoy entrenando a personas nuevas y el primer día que salgo con esa persona YO decido si se queda o si no se queda. Ya sus siempre suspicaces mentes sabrán por dónde voy. Imprimámosle dramatismo.

Luis, haciendo uso de sus sonrisas más hipócritas (sin que nadie pudiera darse cuenta, la práctica podía esconder la hipocresía) hablaba con el rookie, un señor de unos 47 años, de traje, bien afeitado, con un pequeño aire de superioridad, pero conciente de su posición de subalterno, con un aliento a cervezas mañaneras (muy común en España, no hay por qué alarmarse) y parlanchín. El tema recurrente con los rookies es su trabajo anterior. Pues el señor fue vendedor a puerta fría con otra empresa. Por ahí Luis comenzaba bien, pues su meta es tener la mayor cantidad de "entrenos" (como le dicen a los rookies en la empresa piramidal) y conseguir el "positivo" (como le dicen a los que tienen buena actitud y se quedarán, enfermos de dinero, el resto de sus vidas en la empresa piramidal) y pensar en abrir una oficina propia (penúltima meta de todo el que trabaje en la empresa piramidal, la última es abrir muchas oficinas y convertirse en vicepresidente de la empresa o ganar tanto dinero que mueras ahogado en él).
Pero regresemos al parlanchín, al entreno de Luis. En el metro, mientras iban a "la zona" (lugar donde se atormentan a todos los camareros, encargados o propietarios de los locales comerciales) Luis y el parlanchín hablaban, y por las cuestiones que cualquiera se pueda imaginar (casi todas serán ciertas) cayeron en el tema de la inmigración en España.

En este punto cabe acotar que la inmigración en España representa un problema para el país en todos sus niveles, desde el cultural hasta el económico. Hay expertos que dicen que España no está preparada para esta transculturización que vive actualmente (aparece en alguna Letras Libres, búsquenlo), ponía, el de Letras Libres, que de cada 5 alumnos en un colegio español, dos eran hijos de inmigrantes nacidos en España, dos eran inmigrantes y solo uno español español. Mucha gente piensa: "bueno ¿estos inmigrantes vinieron aquí a quitarnos nuestro país?" Independientemente de la discusión, el hecho es que el sentimiento existe.

En una noche de soledad y aburrimiento, Luis -me contó luego- chateaba con cualquier anonimA. Llevaban una conversación cordial hasta que comenzó la disertación acerca de la inmigración (Kely ya sabía que Lombardi era venezolano). A Luis no le molesta tanto que hablen mal de algunos inmigrantes, lo que le molesta es que hablen mal de LOS inmigrantes, porque, entre muchos, él está metido en ese paquete. También le molesta que hablen de los inmigrantes como personas ajenas: ellos por allá y nosotros por acá; como Luis es un poco hippie, él piensa que humanos somos todos y como tal no debería de haber separaciones tan fastidiosas y poco prácticas. Kely, para ser más polite, le pidió a Luis dejar de hablar del tema, cosa que Luis, de inmediato aceptó, porque la chica ya se ponía bruta. Esto se lo cuento como un precedente del entreno parlanchín.

Ya cara a cara, intentando no mirarlo mucho (me contó Luis que su aliento a cerveza mañanera era en realidad asqueroso), el entreno comenzaba el monólogo diciendo: "no te ofendas, pero...". Mal rollo. Luis aguantó la respiración, lo miró a los ojos y el hombre comenzó: "Es que hay demasiados inmigrantes en España, y no es por nada, pero es que no cabemos todos. Además son maleducados -Luis botó el aire, miró al suelo, lo aguantó de nuevo y volvió a mirarlo- gritan a cualquier hora del día y de la noche... ¡joder! ¡es que no respetan nuestras costumbres! ¿qué quieren? ¿cambiarnos?" Luis me decía que se le quedó en el pescuezo muchas groserías, un par de razones y el despido inmediato, pero Luis aguantó estoica y cobardemente. El entreno no paró: "Yo he viajado a muchos lugares y en todos me adapté al lugar ¿sabes lo que te digo? yo nunca iba de chulo o incordiando a los demás. Pero es que aquí los inmigrantes hacen lo que les da la gana, los marroquíes y los de por ahí, siempre andan liándola, y muchos dominicanos, ecuatorianos -Luis ya casi no podía ni mirarlo a los ojos, soltaba una sonrisa en la que cualquiera hubiera pillado la hipocresía y hasta la arrechera. El entreno hizo un culpable pequeño silencio y siguió- siempre son arrestados por contrabando de drogas -el hombre seguía. Un amigo trabajaba en la construcción y ganaba 2000 euros mensuales, pero como los rumanos hacen el mismo trabajo por 1000 entonces mi amigo no consigue curro ¿sabes lo que te digo?". Luis me decía que tuvo que volver a respirar y tranquilizarse. El hombre quería continuar, pero milagrosamente llegó la parada en la que hacían la transferencia y Luis cortó la perorata del encorbatado de 47 con cualquier alusión a la dirección que debían tomar. Al parecer no era tan tonto (me refiero al entreno) porque no continuó.

El resto de la mañana fue más tranquila. El señor no volvió a mencionar nada parecido y simplemente hablaron de otras cosas, más que todo del trabajo.

Cuando sales con un entreno, una ley de la empresa piramidal -me lo comentaba tiempo después Luis- tienes que regresar a la oficina, hablar con el gerente acerca del mismo y ahí se toma la decisión si se queda o no. No recuerdo las palabras exactas de Luis cuando me lo contó, pero igual las encomillaré.

"No sé si hice bien o hice mal. Quizá el tipo tenía varios hijos y esposas y necesitaba el trabajo urgentemente. Quizá el tipo estaba al borde del suicidio por no conseguir trabajo, la vaina en España no está bien, hay "crisis", pero ¿cómo iba yo a trabajar con un tipo que sabía me despreciaba? Espero que consiga un buen trabajo y que pueda mantener a su hipotética familia, espero que le vaya bien, pero lejos de mí. Además, me curé en salud, en salud mental; lo primero que le dije al gerente fue que el tipo es medio facha, pero que lo bueno era que había currado antes como comercial a puerta fría y eso era un puntazo. El gerente me preguntó por lo de facha y le dije lo que había dicho de los inmigrantes. Respondió que no lo aceptamos y ya, que no quería gente negativa en su oficina, a fin de cuentas tampoco fue mi decisión."

Hasta aquí la historia de Luis, que ahorita ya tiene a dos lindas chicas en su grupo (aunque otra ley de la empresa piramidal es no tirarse a nadie de la oficina) y que está siendo bien valorado por su excelente actitud -"qué coño", me dijo en algún momento.

Y hasta aquí el dramatismo, y me voy cantandito, como el borracho de la primera: "En esta vida lo mejor es callar / si abrir la boca te convierte en un parrampampam" ¡Grande Blades!

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-Marico, me tenías silenciado por mucho tiempo... casi ahogado.
-No quería escribir.
-Bueno, bien que lo tenías reprimido tú también. Ya te dije que los post largos me ladillan.
-Ya, pero bueno... qué quieres que te diga...
-...
-...
-Se lo merecía.
-Ya... qué sé yo... no estoy para tener peos políticos tampoco. Me bastan con los del país (sin contar todos los demás, no me jodas)
-Pues bien, viejo... hiciste bien.
-¿Qué hay pa hoy?
-¡Vino hasta la chiet!

¡Чао!

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Me parece curioso, pues...

Es un simple comentario, pero es que me pareció súper curioso.



Hace unos días (de hecho cuando estaba en Salamanca, hace más de dos meses) hablábamos de la Eurocopa y alguien soltó el usual: "¿Y qué tal Venezuela en fútbol? ¿no sirven para nada, verdad?" Ante ese tipo de preguntas uno parece un gato patas arriba: "Sí, bueno, no, en realidad hemos avanzado bastante desde hace unos seis años hasta hoy, todavía queda trabajo por hacer..." etc. Y claro, uno también lanza la usual: "Bueno, ahorita tenemos a Arango que es una de las figuras del Mallorca -para el momento Güiza todavía estaba en el equipo-, que es un excelente jugador y terminó con once goles hace dos temporadas..." etc. Menos mal que uno de ellos (eran como tres) sabía bastante de fútbol y apreció con bastante fundamento las cualidades deportivas y técnicas del maracayero.
Pero en lo particular necesitaba adentrarme en un terreno más seguro, después de todo casi me estaban dando una cayapa: "Es que Venezuela es un país de béibol..." Silencio de unos diez segundos hasta que saltó uno: "¿Ese es el del palo y las pelotas, no?" En Venezuela un comentario así es duramente castigado, pero aquí están tan poco acostumbrado a la malicia que si respondes lo que responderías en Caracas o no lo entenderían bien o tuercen la boca y te remedan, así que la burla se me quedó en el güergüero. "Sí, ese -y continué- Venezuela es un país que exporta jugadores de béisbol a la liga más rentable del mundo actualmente que es la estadounidense..." Pero me interrumpieron, y aquí viene lo que me pareció súper curioso: "Pero... vamos a ver ¿Cómo se juega eso?" Yo entiendo lo que precisamente les dije a ellos, que Venezuela -de donde soy- sea un país beisbolero, lo que no esperaba era que un español no tuviera la más mínima idea de cómo se jugaba. "¿En serio no sabes?" dije con mi cara de asombro. "No" me respondió con toda naturalidad. "Vamos a ver -se me van pegando los modismo- dos equipos, nueve jugadores -no iba a entrar en tecnicismos intentando explicar al bateador designado- uno lanza una pelota pequeña y maciza con todas sus fuerzas y habilidades hacia otro que intentará darle con el "palo" y correr hacia una base" Y me responden: "¿Y si toca la base es un punto." ¡UN PUNTO! ¡EN BÉIBOL NO HAY PUNTOS! No lo podía creer. "No, son tres bases y el home, que es de donde se batea, van pasando varios bateadores hasta que alguno llega al home..." En fin, para no aburrirlos, se imaginarán mi problemón al intentar explicarle a tres españoles cómo demonios se juega a la pelota, pero desde la base: qué es un out, cuántos outs se necesitan para cambiar de defensor a atacante, cuál es la diferencia entre un strike y un out, luego cuántos strikes se necesitan para hacer un out. Y uno cree que es fácil, pero intenta explicarle a alguien que no sepa de béisbol qué es un strike sin tirarle. Ahora, ni de vaina pasé a los números ¿se imaginan que hubiera tenido que explicar qué es efectividad, average, qué es un juego salvado, ganado o perdido, cuándo es un juego salvado, ganado o perdido ¡no joda! Luego pensaba que si estos panas leen una reseña del Meridiano de cualquier juego de pelota sería como leer chino. Un ejemplo al estilo Beeing John Malkovich, es decir, como si estuviera en la mente de un español: "Cabrera se fue de 3-1 (¿se fue para dónde? ¿que es 3-1?) con anotada e impulsada (¿usan bolis? ¿qué anotó? ¿qué impulsó?), mientras que el Kid salvó el 54 a tres del récord en la Gran Carpa (¿salvó el juego? ¿cómo salvas un juego? ¿ha salvado 54 juegos? ¡joder, qué máquina el chaval! ¿la Gran Carpa es un circo?). El ganado se lo anotan a Santana (9-2)(¿Santana también usa boli? ¿quién le anota el ganado? ¿qué es 9-2? ¿será mejor o peor que el 3-1 de Cabrera?) y pierde Tony Hernández que deja sus números en 8-3 (¡ayva con el 8-3! ¿por qué habrá perdido?)" En fin... que no la tienen fácil para leer una reseña (y menos una inventada y mala como esta) de béisbol algún español.

Con decirles que la veintiúnica noticia que vi en marca.com de béisbol era la de un chamo de doce años que se cayó de las gradas intentando atrapar un batazo. Pa eso queda el béisbol aquí en España.

El fútbol es sencillo: once jugadores corriendo detrás de un balón intentando meterlo en la portería contraria. Bueno, no lo es tanto, porque luego hay medias puntas, puntas, central derechos o izquierdos, etc., etc., cosas que en realidad yo tampoco entiendo mucho, pero la base del juego es muchísimo más sencilla que la del béisbol.

La única conclusión que yo puedo sacar es que el béisbol es un deporte con el que hay que convivir para poder hacerse con él, y todavía yo no podría hablar demasiado, pero entiendo perfectamente una reseña.

¿No les parece curioso?

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-Yo tampoco entiendo una chet de esos números.
-Sí, por eso al principio puse que sabía que algunos de mis amigos tampoco sabían de eso.
-¿Te estás burlando de mí?
-Pues... quizá indirectamente.
-¿Hablamos de computadoras?
-¿Qué tiene que ver, Luis?
-Que te jodo... no me gusta hablar de temas en los que yo no pueda joder al interlocutor.
-Ya... por eso fue que cambié de fútbol a béisbol.
-E igual te jodieron.
-Exactamente...
-¿Caipirinha?
-¿Que qué?
-¡Bebe y disfruta!

¡Hosçakal!

martes, 26 de agosto de 2008

¡Ah la verga!

A continuación verán un video que tiene dos cosas interesantes. La primera es el tornado, un tornado grabado siempre es interesante, y si es en Venezuela más todavía. La segunda, y es donde me detendré un poco, es el Ah la verga del puntofijense que graba la vaina.

El acento falconiano es parecido al acento zuliano. Debo decir que buena parte de mi infancia la pasé en Falcón, en toda Falcón. Mi padre y toda su familia son de allá. Teníamos una casita a la orilla de la playa, en Adícora, e íbamos a menudo. Paseábamos por los pueblos y se podía oír las pequeñas variaciones del acento. No pasé tanto tiempo como para hacer tratados, pero me parece que a la clase media de Coro no le gusta utilizar el vos y hacen lo posible para no hacerlo, aunque a veces se les salga, sobre todo si están en confianza: "Vos sos loco" y alargan la primera o del loco y la última, en ocaciones, se cae en un agudo gutural que a mí me fascina. A veces cambian el vos de la anterior frase por una primera s del sos más marcada: "Ssos loco"

En casa, y creo que no es tan común, decimos el Ah la verga que oirán a continuación. No lo decimos tan marcado, casi sin pronunciar la última a y alargando nasalmente la e, pero lo decimos. Hoy por hoy mi padre seguramente cambiará ese ah la verga por un holly shit o el gringuísimo y Janiceano oh... my... god.



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-Ah la veeerg... JAJAJAJAJAJAJA.
-¿De qué te ríes?
-¡Es muy cómico como lo dice!
-Sí... ¿tú te imaginas a ocho coñitos diciendo todos a cada ratico ah la veeerg?
-JAJAJAJAJAJA es un patrimonio... porque creo que hasta a mí se me ha pegado.
-Sí, como el patrimonio de beber, de degustar un buen licor y uno malo también, de sentir el mareo en la cabeza, el patrimonio de emborracharse, aprender a no vomitar...
-Deja la mariquera y sírvete dos más.
-Vale -dijo, finalmente Luis, cerrando un poco los ojos.
¡Chao!

sábado, 16 de agosto de 2008

De los Karmázov (IV y última)

Pues, hasta que llegamos a la última. Dejan a un lado la discusión, pero adentran un poco en el espíritu del pobre (todo adolescente merece ese adjetivo) Kolia.

Y así me pasa un poco a mí; entre las ansias de saber y las de querer abrazarlo todo, juzgarlo y entenderlo. Ce n'est pas possible...

"‑¡Es verdad! ‑exclamó Kolia echándose a reír‑. ¡La pura verdad! ¡Bravo por el alemán! Sin embargo, ese cabeza cuadrada no se ha detenido a observar el lado favorable de nuestra conducta. ¿No lo ves tú así? Admito nuestra presunción, ya que es propia de la juventud. Pero esto se corrige, si verdaderamente hay que corregirlo. En compensación, ahí está el espíritu de independencia desde la más tierna infancia, la audacia de las ideas y las convicciones en vez del servilismo rastrero ante la autoridad de toda índole. No cabe duda de que el alemán ha dicho la verdad. ¡Bravo por el alemán! Sin embargo, hay que apretar los tornillos a los alemanes. Aunque sean unos sabios en las cuestiones científicas, hay que apretarles los tornillos.
‑¿Por qué? ‑preguntó Aliocha con una sonrisa.
‑Admito que soy un osado, una especie de enfant terrible, que no me detengo ante nada cuando una cosa me gusta y que digo las mayores tonterías... Pero, oye: estamos charlando desde hace un buen rato y ese doctor no termina su visita. A lo mejor, está reconociendo también a «mamá» y a Nina. Te confieso que Nina me ha encantado. Cuando he pasado junto a ella al salir de la habitación, me ha susurrado en un tono de reproche: «¿Por qué no has venido antes?» Me ha parecido que esa chica es toda bondad.
‑Desde luego, tiene un gran corazón. Como desde ahora vendrás con frecuencia, ya la conocerás a fondo. Necesitas conocer personas así para aprender muchas cosas que sólo su compañía te puede enseñar.
Y Aliocha añadió calurosamente:
‑No hay medio mejor para que te transformes.
‑¡Qué arrepentido estoy de no haber venido antes! ‑exclamó Kolia amargamente.
‑Sí, ha sido un error. Ya has visto la alegría que le has dado al pobre Iliucha. No puedes imaginarte cómo lo consumía el deseo de que vinieras.
‑Calla: no aumentes mi pena... Pero lo tengo bien merecido. No he venido antes por culpa de mi orgullo, de mi egoísmo, de un bajo despotismo que nunca he podido acallar, pese a mi empeño en dominarlo. Ahora me convenzo de que soy un miserable en muchos aspectos.
‑Nada de eso; posees excelentes prendas, pero las disfrazas ‑dijo Aliocha con calurosa franqueza‑. Comprendo que hayas influido tan profundamente en ese muchacho de noble corazón y sensibilidad enfermiza.
‑No esperaba oírte decir eso ‑declaró Kolia‑. Desde que he llegado aquí, he pensado más de una vez que me despreciabas. Si supieras lo mucho que me importa tu opinión...
‑¿Cómo es posible que seas tan desconfiado a tu edad? Hace un momento, viéndote y oyéndote hablar, me decía precisamente que debías de ser muy desconfiado.
‑Lo creo. ¡Eres tan sagaz! Sin duda, ha sido cuando estaba refiriendo lo del ganso. Entonces me he dicho que debías de despreciarme profundamente al notar que me esforzaba por aparecer como un desalmado. Entonces te he detestado y he empezado a discursear. Después, cuando ya estábamos aquí y he dicho que si Dios no existía habría que inventarlo, me ha parecido que mi exhibición de cultura ha sido demasiado precipitada, ya que he leído esta frase en alguna parte. Pero te aseguro que no me ha impulsado la vanidad; lo he hecho no sé por qué, dejándome llevar de mi alegría... Sí, creo que mi alegría ha sido la culpable de todo. Claro que no es correcto molestar a las personas porque uno esté contento; esto ya lo sé. Pero también sé, y esto es una compensación para mí, que no me desprecias, que mis temores han sido falsos. ¡Oh, Karamazov! Soy profundamente desgraciado. A veces me imagino, sabe Dios por qué, que todo el mundo se burla de mi, y entonces me siento impulsado a trastornarlo todo.
‑Y atormentas a los que te rodean ‑dijo Aliocha sin dejar de sonreír.
‑Cierto, y sobre todo a mi madre. ¿Verdad, Karamazov, que te parezco ridículo?
‑¡Eso ni pensarlo! ‑exclamó Aliocha‑. Además, ¿qué es el ridículo? Nadie sabe cuándo un hombre es ridículo o lo parece. Además, actualmente casi todas las personas capacitadas temen demasiado al ridículo, y este temor las hace desgraciadas. Pero me asombra que tú padezcas de este mal que observo desde hace mucho tiempo sobre todo en los adolescentes. Es una especie de locura. El diablo se ha transformado en amor propio para apoderarse de la generación actual. Sí, el diablo ‑repitió Aliocha sin ironía, aunque Kolia, que lo miraba fijamente, creyó lo contrario‑. Tú eres como todos, mejor dicho, como la mayoría. Y no hay que ser como todos.
‑Pero si todos son así...
‑Aunque todos sean así, tú debes procurar no ser como ellos. Bien mirado, tú no eres como todos, ya que no has vacilado en confesar un defecto, incluso un defecto ridículo. ¿Quién es hoy capaz de eso? Nadie, porque nadie siente la necesidad de condenarse a sí mismo. No seas como nosotros, aunque te quedes solo.
‑Así lo haré... Te juzgué certeramente: sabes consolar. ¡Si supieras hasta qué punto me sentía atraído hacia ti, Karamazov! Hacía mucho tiempo que deseaba conocerte. ¿De veras deseabas también tú conocerme a mí? Hace un momento lo has dicho.
‑Sí, oía hablar de ti y pensaba en ti... Y si es el amor propio el que te ha llevado a hacer esa pregunta, no importa.
‑¿No has observado, Karamazov, que estas explicaciones parecen una declaración de amor? ‑preguntó Kolia en voz baja y como avergonzado‑. ¿No es esto ridículo?
‑De ningún modo ‑repuso Aliocha firmemente y con una radiante sonrisa‑. Y aunque fuera ridículo no importaría, puesto que estamos obrando bien.
‑Reconoce, Karamazov, que también tú estás un poco avergonzado. Lo veo en tus ojos.
Kolia sonreía, ladino y feliz.
‑No sé por qué he de avergonzarme ‑dijo Aliocha.
‑Sin embargo, has enrojecido.
‑¡Porque tú me has hecho enrojecer! ‑exclamó Aliocha riendo y, en efecto, sonrojado. Un tanto aturdido, añadió‑: En verdad, estoy un poco avergonzado, pero no sé por qué...
‑En este momento te aprecio y te quiero mucho más ‑exclamó Kolia con vehemencia‑, precisamente porque te sonrojas como yo, porque eres como yo.
Sus mejillas echaban fuego; sus ojos centelleaban.
‑Oye, Kolia ‑dijo de pronto Aliocha‑,vas a ser muy desgraciado en la vida.
‑Lo sé, lo sé ‑respondió Kolia en el acto‑. Todo lo adivinas.
‑Sin embargo, la vida, el conjunto de la vida, merecerá tu bendición.
‑¡De acuerdo! ¡Magnífico! ¡Eres un profeta! ¡Qué bien vamos a entendernos, Karamazov! ¿Sabes lo que más me gusta de ti? Que me trates como a un igual. Sin embargo, no somos iguales: tú eres superior a mí. Pero nos entenderemos. Hace un mes que me venía diciendo: «O nos haremos amigos en seguida y para siempre, o nos separaremos como enemigos para toda la vida.»
‑Pensabas así porque ya me querías.
‑Sí, sentía un gran afecto por ti, hasta soñaba contigo. Todo, todo lo adivinas... Mira, ya viene el doctor. Está diciendo algo al capitán. ¡Dios mío, qué cara pone!"


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-Ya...
-Ya ¿qué?
-Eso... las imágenes, vale, "Lobo estepario"
-¿Se supone que eso es cinismo?
-No, se supone que es lo que ves de ti... quizá cínicamente.
-No me jodas. Yo no me puedo ver a mí mismo cínicamente, todo sería una mentira disfrazada de verdad... o al revés e igual está mal, porque en todo caso yo no puedo ser literatura.
-Y sin embargo mientras alguien lee esto pudiera pensarlo.
-...
-...
-¿No es un poco terapéutico y sano para estos tiempos verse e intentar interpretarse a sí mismo?
-Terapéutico son las birras.
-Una mash...

¡Hosçakal!

jueves, 14 de agosto de 2008

De los Karamázov (III)

Pensé que con tres entradas me bastaría, pero me volví a equivocar. Así que aquí va la tercera y penúltima entrada de este tema. Más política, más adolescencia.

"‑No se puede ocultar la verdad. He tenido más de una ocasión para charlar con Rakitine. Y se dice que esta idea la ha expresado también el viejo Bielinski.
‑¿Bielinski? No lo recuerdo. Desde luego, no lo ha escrito en ninguna parte.
‑Tal vez no lo haya escrito, pero lo ha manifestado. Se lo he oído decir a... Bueno, eso no importa.
‑¿Has leído a Bielinski?
‑No, en verdad no lo he leído, ya que sólo conozco de él el pasaje en que comenta por qué Tatiana no parte con Onieguine.
‑¿Por qué no parte con Onieguine? ¿Acaso lo has comprendido?
‑Perdona, pero creo que me tomas por un chiquillo como Smurov ‑observó Kolia con una sonrisita que era una mueca de irritación‑. Además, no vayas a creer que soy un gran revolucionario. A veces no estoy de acuerdo con Rakitine. No soy partidario de la emancipación de la mujer. Reconozco que la mujer es una criatura inferior nacida para la obediencia. Les femmes tricotent, dijo Napoleón, y por lo menos en este punto ‑Kolia sonrió- comparto la opinión del seudo gran hombre. También considero que es una cobardía emigrar a América, y más que una cobardía: una estupidez. ¿Para qué irnos a América cuando podemos trabajar en nuestra casa por el bien de la humanidad? Sobre todo ahora, tenemos a nuestra disposición un amplio campo de fecunda actividad. Esto es lo que respondí.
‑¿Lo que respondiste? ¿A quién? ¿Es que alguien te ha propuesto ir a América?
‑Sí, me lo han propuesto, pero yo no he aceptado. Te lo digo confidencialmente, Karamazov. Ni una palabra a nadie, ¿entiendes? Sólo tú lo sabes. No tengo el menor deseo de caer en las garras de la Tercera Sección para aprender las lecciones que se dan en el puente de las Cadenas.

»Te acordarás del edificio
próximo al puente de las Cadenas.»

¿Te acuerdas? ¡Es magnífico! ¿De qué te ríes? Supongo que no creerás que estoy hablando en broma.
Y Kolia se estremeció al pensar: « ¡Si se enterase de que éste es el único número de La Campana que tengo y no he leído ningún otro ... !»
‑ ¡Oh, no, no me río! ‑repuso Aliocha‑. Y no puedo pensar que me hayas mentido, por la sencilla razón de que sé que lo que me has dicho es la pura verdad... Dime: ¿has leído «Eugenia Onieguine», el poema de Pushkin? Has hablado de Tatiana.
‑No, aún no lo he leído, pero quiero leerlo. No tengo prejuicios, Karamazov; lo miraré por las dos caras. ¿Por qué me lo preguntas?
‑Por nada.
Kolia se irguió ante Aliocha. Quería saber a qué atenerse.
‑Dime, Karamazov: ¿me desprecias? Te agradeceré que me hables con franqueza.
Aliocha lo miró estupefacto.
‑¿Despreciarte? ¿Por qué? No, no; me limito a lamentar que un chico que vale tanto como tú y que está en la aurora de la vida, se haya dejado descarriar, dando crédito a semejantes disparates.
‑Dejemos a un lado mi valía ‑replicó Kolia con cierta arrogancia‑. Soy suspicaz, estúpida y groseramente suspicaz. Hace un momento, me ha parecido que tu sonrisa...
‑¡Bah! He sonreído por otra cosa. Te voy a explicar el motivo. No hace mucho leí la opinión de un extranjero, de un alemán establecido en Rusia, sobre la juventud actual. Este hombre ha escrito: «Si prestáis a un colegial ruso un mapa del firmamento, él, aunque sea el primero que ha visto en su vida, os lo devolverá al día siguiente corregido.» Ningún conocimiento y una presunción sin límites: esto es lo que el alemán reprocha a nuestros estudiantes."



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-No entiendo las imágenes.
-Mira lo que puse en la primera entrega.
-¿Del blog? -dijo Luis algo inquieto-
-No, gilipollas, de De los Karamázov.
-Aaah... vale... ahora vuelvo.
-Eeeh... llévate la cerveza.
-Dame acá.


¡Ah nyuhng!

domingo, 10 de agosto de 2008

De los Karamázov (II)


Aquí va la segunda parte de la fraternal conversación entre Kolia y Aliosha.


Sólo agregar algo que se me quedó en los dedos en la última entrada: Aliusha, un niño de once años que admira fehacientemente a Kolia, está casi terminal, por eso lo del médico (en la entrada anterior). También que ¿qué dirán los chavistas de Aliosha por esa última afirmación, que por cierto, es mi personaje favorito? En fin, ahí les va...


"Y pensó: «¡Otra vez, otra vez!»
‑Voltaire creía en Dios, aunque un poco fríamente. Y, al parecer, del mismo modo amaba a la humanidad ‑repuso Aliocha con toda naturalidad, como si hablara con una persona que tuviera la misma edad que él, o incluso que fuera mayor.
A Kolia le impresionó la falta de seguridad que demostraba Aliocha en su juicio sobre Voltaire, y también le llamó la atención que dejara en manos de él, que no era más que un muchacho, la solución de un asunto tan importante.
‑Por lo visto ‑dijo Aliocha‑, has leído a Voltaire.
‑Sí, pero... sólo Candide traducido al ruso... Una traducción antigua, pésima...
«¡Otra vez, otra vez!»...
‑¿Lo entendiste?
‑¡Pues claro! Lo comprendí todo... ¿Por qué dudas de que lo comprendiera? Hay pasajes graciosos... Puedes estar seguro de que soy capaz de entender una novela filosófica escrita para exponer una idea... Soy socialista, Karamazov ‑dijo de pronto, embrollándose definitivamente‑, un socialista recalcitrante.
Aliocha se echó a reír.
‑¿Socialista? ¿De dónde has sacado el tiempo para estudiar y adoptar el socialismo? Sólo tienes trece años.
Estas palabras hirieron a Kolia.
‑En primer lugar, no tengo trece años, sino que dentro de quince días cumpliré los catorce ‑dijo impetuosamente‑. Además, no comprendo qué relación tiene mi edad con lo que estamos discutiendo. Son mis convicciones y no mi edad lo que importa. ¿No es así?
‑Cuando seas mayor verás la influencia que tiene la edad en las ideas. Eso no puede haber salido de ti.
Aliocha dijo esto con toda calma. Kolia, en cambio, le contestó, nervioso:
‑Óyeme, tú eres partidario de la obediencia y del misticismo. No me negarás que el cristianismo sólo ha sido útil a los acaudalados, a los poderosos, para mantener a las clases inferiores en la esclavitud.
‑Ya sé dónde has leído eso, ya sé quién te lo ha enseñado.
‑¿Por qué crees necesario que lo haya leído? Nadie me ha inculcado estas ideas. Tengo capacidad para juzgar por mí mismo... Y te advierto que no soy enemigo de Cristo. Cristo tenía una personalidad enteramente humana. Si hubiera existido en nuestra época, estaría al lado de los revolucionarios y habría desempeñado un papel visible. De esto no cabe duda.
‑¿Pero de dónde te has sacado todo eso? ¿A qué imbécil has escuchado? ‑exclamó Aliocha."


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-¿Los chavistas?
-Pues, sí... básicamente Aliosha les dice imbéciles.
-Imbécil será su madre.
-Muerta.
-Me importa una mierda. Jesús era revolucionario.
-Pues sí, si no la historia no se partiría en dos, pero de ahí a que sea chavista como varios han afirmado... pero me voy de la "idea".
-Anda con tus dostoyevskerías a la puta mierda. Jesús era revolucionario y la revolución es chávez -dijo Luis levantándose y poniéndose la mano en el corazón, mirando al infinito y más allá-
-Tienes razón, brindemos por esa vaina ¡nojoda!
-¿Whisky 18?
-¡Claro!


¡Do svidanja!

viernes, 8 de agosto de 2008

De los Karamázov (I)


Aquí podrán apreciar, tanto el artículo como mi respuesta a un compa bloguero que leo desde hace un tiempo. Esa respuesta, debo decir, no sólo la saco del, por mí, venerado profesor José Sánchez Lecuna, sino también de Los Hermanos Karamázov. Esta entrada la haré por partes porque es un capítulo completo y como sabrán, los capítulos del Dosto no son particularmente cortos para leerlos en un monitor. Otra cosa, la quiero hacer, entre otros motivos, porque comparto mucho de lo que allí se dice, comparto cosas de un lado y sufro otras del otro. Es como una recomendación de un clásico, que no está muy elegante, pero siempre invita ¿no?

Aquí pueden ver más o menos la descripción de Aliosha (Alekséi Fiódorovich Karamázov), y les cuento un poco de Kolia, en las mismas palabras de Dostoyevski: "Cuando Kolia fue al colegio, su madre estudió todas las asignaturas, con objeto de poder ayudarlo en los deberes; trabó conocimiento con los profesores y sus esposas, a incluso procuró simpatizar con los compañeros de su hijo para evitar que se burlasen de él o le pegaran. A tal extremo llegó en esta táctica, que los alumnos empezaron a burlarse de Kolia, a zaherirle con frases como «el pequeñín mimado por su mamá». Pero Kolia supo hacerse respetar. Era un chico audaz y pronto se le consideró como uno de los más fuertes del colegio. Además, era inteligente, tenaz, resuelto y emprendedor. Un buen alumno. Incluso se rumoreaba que aventajaba a Dardanélov, su maestro. Pero Kolia, aunque afectaba un aire de superioridad, no era orgulloso y sí un buen camarada. Aceptaba como cosa natural el respeto de sus compañeros y los trataba amistosamente. Tenía sobre todo el sentido de la medida, sabía contenerse cuando era necesario y no rebasaba jamás ante los profesores ese límite en que la travesura se convierte en insubordinación y falta de respeto, por lo que no se puede tolerar. Sin embargo, estaba siempre dispuesto a participar en las granujadas de la chiquillería, si la oportunidad se presentaba; mejor dicho a desempeñar el papel de pilluelo para impresionar a la galería. Llevado de su excesivo amor propio, había conseguido imponerse a su madre, que sufría desde hacía tiempo su despotismo. La sola idea de que su hijo la quería poco era insoportable para la señora de Krasotkine. Consideraba que Kolia se mostraba insensible con ella, y a veces, bañada en lágrimas, le reprochaba su frialdad. Esto desagradaba al muchacho, que se mostraba más evasivo cuanta más efusión se le exigía. Era un efecto de su carácter y no de su voluntad. Su madre estaba en un error. Kolia la quería. Lo que sucedía era que detestaba las «ternuras borreguiles», como decía en su lenguaje escolar."

Espero que se hagan una idea general.

CAPÍTULO VI (del libro décimo)
DESARROLLO PRECOZ

‑¿Qué dirá el doctor? ‑preguntó Kolia‑. Tiene una cara repelente, ¿verdad? La medicina es algo que no puedo sufrir.
‑Iliusha no tiene salvación: esto es lo que estoy temiendo que diga el doctor ‑repuso Aliocha con profunda tristeza.
‑Los médicos son unos charlatanes... Oye, Karamazov: me alegro de haberte conocido; hace mucho tiempo que lo deseaba. Lo que me apena es que esta amistad haya empezado en circunstancias tan tristes.
Kolia habría deseado decir algo más expresivo, más afectuoso, pero estaba un poco turbado. Aliocha lo advirtió y le tendió la mano.
‑Hace tiempo que te considero como un ser raro, pero respetable ‑siguió diciendo Kolia, aturdido‑. Me han dicho que eres un místico, que has vivido en un monasterio. Pero esto no me importa. El contacto con la realidad te curará. Así les ocurre siempre a los que son como tú.
‑¿A qué llamas un místico? ¿De qué me he de curar? ‑preguntó Aliocha un tanto sorprendido.
‑Pues te has de curar de Dios y... de todo eso.
‑¿Es que tú no crees en Dios?
‑No tengo nada contra Él. En verdad, Dios no es más que una hipótesis. Sin embargo, reconozco que... que es necesario para ordenar la vida... y para otras cosas... Tanto ‑terminó Kolia, empezando a enrojecer‑, que si Dios no existiera, habría que inventarlo.
De pronto, pensó que Aliocha podía creer que hablaba para darse importancia, para exhibir su erudición. «Sin embargo ‑se dijo, irritado‑, nada más lejos de mi ánimo que alardear de cultura ante él.» Se sentía profundamente contrariado.
‑Estas discusiones me repugnan ‑declaró‑. Se puede amar a la humanidad sin creer en Dios. ¿Lo dudas? Voltaire no creía en Dios y amaba a la humanidad.


Hasta aquí la cita. No tengo ni idea de quién es la -mala- traducción pero la conseguí aquí, porque como se imaginarán no iba a copiar todo de mi libro, que por cierto es el de la Random House, en la segunda edición de Debols!llo y traducido por José Laín Entralgo pal que le interese.

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-A ver si entiendo... tú eres Aliosha.
-A veces, a veces tú también, cabrón.
-No, no... mentira ¡tú eres Kolia! -dice como sorprendido el cabrón de Luis-
-¿Cuál es el puto problema con identificarse con los putos personajes de las putas novelas?
-Ninguno, no te me arreches... lo que intento saber es con quién te identificas.
-No... yo me identifico con uno y tú con otro.
-Ah, verdad, eso de que somos el mismo pero los contrarios y tal ¿no?
-Aja...
-Ya... a ver... yo debería de ser Kolia ¿no?
-Pues no, a veces yo soy Kolia, la mayoría. Tú eres Aliosha... a ver ¿cuántas veces te he dicho yo que creo en Dios?
-Desde hace unos 3 años... no sé, varias.
-Ahí está... desde hace unos 3 años ¿quiere decir entonces que antes de esos tres años no pensaba en Dios?
-No, antes, recuerdo, no creías en Dios.
-Y tú, te recuerdo, cargabas con una cruz de palma para ahuyentar al negro que te perseguía.
-¡Vete a la mier da!
-Un shot y seguimos luego ¿vale?
-Cabrón.

¡Haere ra!