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miércoles, 11 de septiembre de 2019

De la Efeba Salvaje o “¡Que no son cuentos feministas!”


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Me ocurre muy de vez en cuando. Generalmente no soy ni original, ni voy a contracorriente. En temas literarios, al menos, comúnmente estoy de acuerdo con la mayoría y viceversa. Pero a veces pasa que no. Y fue el caso con La Efeba Salvaje, de Carlos Velázquez. En El Book Club nadie estuvo de acuerdo con mi idea de que el libro de Velázquez fuera un libro de cuentos feministas.

Me gustaba esa idea. Era una intervención provocativa en nuestra reunión. Me vieron raro, seguramente pensando: ¡Cómo va a decir este que es feminista un tipo que dice que "El pobre lo único que tiene es su verga para abrirse paso en el mundo"! ¡Es claramente una compilación de cuentos falocéntrica y en muchos momentos machista!

Con algunos días de distancia, ahora pienso que ciertamente no son cuentos feministas. Pero tampoco machistas ni falocéntricos. Son cuentos con un comentario mas bien crítico hacia cómo tratamos a las mujeres en una cultura tan profundamente machista como la latinoamericana.

No hay otro tema en el libro sino las relaciones que existen entre un hombre y una mujer: de pareja, entre amigos (o "amigos"), entre madre e hijo, entre hija y padre, y entre compñeros de trabajo.

Por un lado los personajes masculinos son machistas y completamente identificables y por el otro los femeninos son más bien trágicos, enfrentados a ese machismo que se antoja insuperable (aunque me da que Mundo Death funciona como una película en negativo: el positivo sería la mujer abnegada y religiosa casada con un marido violador, o cuando menos, abusivo, pero que, según él, no lo hace con mala intención).

En todos los cuentos el personaje femenino se lleva la peor parte (de nuevo Mundo Death funciona al revés, pero en la misma tónica de abuso). Hay violencia, machismo, menosprecio. ¿No se usan estas palabras para definir el trato del hombre latinoamericano a las mujeres?

Como en Antígona, donde la historia se inclina hacia lo masculino, pero recae sobre el personaje femenino, que además es la que actúa correctamente. En los cuentos de La Efeba Salvaje pareciera que ocurre lo mismo: las mujeres son las que, relegadas a un segundo plano, cargan con el peso de lo que realmente ocurre en cada historia.

Quizás, como ya se adelantó anteriormente, el único que funciona un poco a contrapelo, es Mundo Death, donde la mujer es la que actúa como la caricatura de un hombre terrible: obliga a su marido a satisfacerla sexualmente. Y el marido a su vez, actúa como la caricatura de una mujer religiosa y sumisa: estoy de luto por todo, no puedo follar, pero tengo la obligación de satisfacerte, etc. La "dulzura" del orgasmo de la mujer quizás no tenga tanto que ver con el placer puramente sexual sino con la violencia con que lo consigue.

Este cuento viene, creo yo, a resaltar la posición profémina de La Efeba Salvaje: ¿Cómo funcionaría si fuera el hombre el que obliga a su mujer a satisfacerlo, a masturbarlo? Algo, pareciera querernos decir Velázquez, acerca de la hipocresía latinoamericana.

La mayoría de los cuentos se narran desde la perspeciva masculina, pero eso no impide dejar por el suelo a la figura del hombre en cada uno de ellos.  Sí que es verdad que todos los cuentos, casi todos narrados desde la perspectiva del hombre, usan las típicas palabras del macho alfa para referirse a las mujeres, pero inclusive el trato de estos hombres siempre es condescendiente con las mujeres.

En todo caso, por lo anterior se podría decir que no, que el lenguaje usado en los cuentos denota un claro machismo cultural que Carlos Velázquez no logra ocultar. Yo diría más bien, que no hace nada por ocultarlo y que al final no deja bien parado al que lo usa: el drogadicto se queda sin dinero y sigue siendo el perdedor de siempre, el padre del stormtrooper termina siendo un pusilánime asesino, el reportero estrella termina en la cárcel, el gordo mujeriego termina aceptando su problema, y el ranchero vivirá una vida maldita. Si fuera un libro machista, ¿por qué los hombres terminan tan mal? Las mujeres también terminan mal, pero al menos con dignidad. Los hombres ni eso, terminan indignos y miserables.

Está de más comentarles que en El Book Club nadie estuvo de acuerdo conmigo, y yo mismo en la distancia tampoco lo estoy. Pero sirvó mi rebeldía puntual para hablar del feminismo, del machismo latinoamericano, del estereotipo del hombre y la mujer en nuestra región.

También me sirvió a mí de base para tratar de ahondar un poquito más en unos cuentos que a primera vista pareciera que su único logro es el uso ingenioso y gracioso del lenguaje. 

Ciertamente ahora no me parece un libro feminista, pero sobre todo porque no es un libro político ni activista. Es un libro de cuentos de ficción, donde la narración es fundamental, donde los personajes, hombres o mujeres, son tratados con profundidad, donde la trama pocas veces decae. También es un libro en el que el lenguaje, por momentos barriobajero, da vuelcos ingeniosos sin caer en vana palabrería, sino que dicen, y que aumenta el placer de la lectura.

En fin, compañeros de lectura, sepan disculpar a quien pocas veces va a contrapelo, si la conversa de El Book Club tomó derroteros equivocados para un libro que a su juicio de ustedes no lo merecía. Valgan las cervezas y la compañía de consolación por la conversa que habrían preferido.

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-¡Hola, tanto tiempo!
-Ni tanto, todavía tengo sabor a ron en la boca.
-Ya, pero en tiempos internettísticos debe ser bastante.
-No.
-Oye, que de verdad trataré de venir más a menudo.
-¡Sí, por favor!
-Pues, ¡salud!
-¡Salud!

¡Tatá!

En torno a Conjunto Vacío, de Verónica Gerber


Veronica Gerber at The Wild Detectives


Nota: Este artículo también se puede encontrar en la página de The Wild Detectives, la mejor librería del mundo.

La artista y escritora mexicana Verónica Gerber Bicecci escribe y dibuja un libro que se acerca a esas orillas “donde las cosas tienden a desdibujarse”.

Las 3 primeras páginas de Conjunto Vacío de Verónica Gerber Bicecci (Ciudad de México, 1981) comienzan a contar la historia de un comienzo. La prosa es simple y justa, lo que le da belleza y hasta un tanto de angustia. Es, para quien escribe, una prosa con mucha poesía.

Pero en la quinta página un lector promedio queda, cuanto menos, descolocado: lo recibe un diagrama. Y a las pocas páginas otro más. Y así todo el libro.

Verónica atendió a una reunión con sus lectores dalasitas en The Wild Detectives el pasado 28 de septiembre donde respondió a las muy pertinentes preguntas de Vicky Sanz.

En este encuentro, Gerber, respondiendo a la curiosidad que despertó su narración intercalada con diagramas, nos contó que su intención era que éstos continuaran la narración, no que la explicaran ni la adornaran. En el libro, agregar imágenes con diferentes grados de abstracción no es un mero artificio estético, es otra forma de narrar.

Sin ánimo percibible de un feminismo a lo Pussy Riot, Verónica comentaba después de la charla en The Wild Detectives, que esa comparación del “Boom” latinoamericano de mediados del siglo pasado con el “Boom” de escritoras en la segunda década de este había sido tildada de machista. Ciertamente algo puede haber de eso. Pero se me antoja también agregarle al contexto otra frase que nos regaló la escritora durante su comparecencia en la librería: “Somos otra generación, debemos contar las historias de forma diferente”. Esa frase y la sospecha (por decir lo menos) de Verónica ante la comparación de boomes, a mi juicio, prefigura decididamente una declaración de principios.

Artista visual que escribe

Rodrigo Blanco Calderón, escritor venezolano de la misma generación de Gerber Bicecci, comenta en una entrevista que para él toda buena literatura habla de la literatura. No es un fenómeno exclusivamente de nuestro tiempo (ni de la literatura), pero es cierto que la narrativa actual se nutre bastante de la narrativa actual: el arte, cual serpiente de Uroboros, alimentándose de sí mismo. Distinto, creo yo, a los representantes del “Boom” del siglo pasado, cuya literatura se alimentaba del entorno y las vivencias.

Sería superficial decir que Conjunto Vacío sólo narra las peripecias amorosas de Verónica. Su madre, exiliada de la dictadura argentina, desaparecida en su propia casa, es una imagen potentísima y una historia que se va tejiendo. También se nos habla de Marissa, una artista también argentina y también exiliada. El hermano de Verónica, que siempre está. Hay algo de entorno y vivencias (sin mucha descripción urbana o de la situación social o política del lugar), pero creo que la dirección de la novela va más bien desde lo personal hacia lo universal.

Igual que el final de The Night de Blanco Calderón, donde el autor menciona a varios de los escritores aludidos a través de toda la novela, Verónica Gerber hace un recuento de los artistas visuales a quienes aluden los diagramas que están en el libro. Si el autor habla de “juegos intertextuales” en su libro, entonces quizás podríamos hablar de juegos interpictóricos en el de Gerber.

Y es que Verónica se autodefine como una “artista visual que escribe“. Está graduada en Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado, La Esmeralda de Ciudad de México y tiene varios artículos de crónicas, muchas de ellas visitas a exposiciones de arte nada menos que en la revista Letras Libres, que, como es sabido, es hija directa de las Plural y Vuelta de Octavio Paz. No es de extrañar que su definición de vacío se asemeje tanto a la del Nobel mexicano: no se puede definir la nada (vale decir, el vacío) sino a través de su opuesto.

¿Poesía, ensayo, narrativa, artes visuales?

Porque aunque su forma de narrar sea incluyendo diagramas y aunque no haga una lista de escritores aludidos en su libro, igual se pueden trazar nexos con la literatura latinoamericana. Ciertamente, Verónica nos respondió en el encuentro que no hubo intención poética en su libro sino más bien ensayística. Sin embargo, se me hace  imposible dejar de comparar frases como “Pero los árboles escriben en un lenguaje que no se ve” que aparece en su libro con el poema de Eugenio Montejo Los Árboles que comienza con el ya mítico verso “Hablan poco los árboles, se sabe”. Y es también Montejo, en su prólogo a La Caza del Relámpago, de Lino Cervantes, quien nos dice que:

“el primer verso llega siempre, cuando llega, como una dádiva de los dioses, y corresponde por tanto al poeta trabajar arduamente hasta que todo lo demás cobre forma definitiva”

Es quizás, entonces, desde ese olimpo de donde le llegan los versos que también intercala en el libro y que no puede eludir; y que, aunque su intención sea otra, ya la poesía está dada.

También se le ve reacia a catalogar su anterior libro Mudanza como uno de ensayos nada más. “Es un libro de ensayos, aunque también tiene mucha ficción” dijo en la librería.

No es poesía, es ensayo.

No es ensayo, es narrativa.

(De Conjunto Vacío) “Quería que fuera 50% palabras y 50% diagramas”

Como si fuera poco

Y ya como colofón a las diversas formas en que la obra de Gerber puede seguir asombrando al lector, en sus artículos publicados en Letras Libres con fecha de 2009 asistimos a una primera aproximación a lo que luego desarrollaría: una visita de ella con su madre a Argentina en donde no sabe bien si ser argentina o mexicana, una reseña de una exposición que se llama La nada y el ser (el artículo se llama La nada es un parásito), otro artículo llamado Cosmos aplanado donde quizás se deja ver el germen de lo que 6 años después se convertiría en Conjunto Vacío. Parece entonces que este libro, consciente o inconscientemente ha sido macerado durante un tiempo prudencial en una barrica que añejó otros merodeos artísticos en torno a las mismas inquietudes personales.

Porque, en serio, ¿cómo no podríamos relacionar a la Verónica de 2009 diciendo que “El tiempo es un túnel que deja su estela marcada en el espacio, un continuo que la mirada puede detener” con la que afirma en Conjunto Vacío, publicada en 2015, que “en los dibujos de la madera se queda marcada la historia de su bosque”?

En definitiva, es un libro al que hay que volver; entre otras cosas porque es un libro inusual, poético, que dialoga muy bien con la actualidad y porque parece ser una pieza más en un rompecabezas de inquietudes y temas que gravitan sobre algo común. Y el que quiera más piezas de este puzzle, puede visitar su generosa página web, su perfil en isuu donde sube fanzines artísticos y colaboraciones, y como anticipé, las crónicas y reseñas que le ha publicado Letras Libres.

Nota final:
Antes de irse a México, Verónica también impartió un taller de Cómic Abstracto junto con los panas de Oil & Cotton. Valga esta reseña para dejarles el resultado del taller que subió la artista a su perfil de isuu. ¡Gracias Verónica!

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-Muy overdue.
-Cierto, no vengo mucho. No tengo tanto tiempo.
-Sí. Por eso mi voz ronca. Porque no me das voz, no hablo, permanezco demasiado tiempo callado.
-Para eso es bueno el ron.
-Pues, ¡Salud de nuevo!

¡Abinazer!