
No nos complicábamos demasiado, viajábamos aleatoriamente e íbamos estando de acuerdo.
miércoles, 11 de septiembre de 2019
De la Efeba Salvaje o “¡Que no son cuentos feministas!”

lunes, 23 de abril de 2018
Breve reseña de Rendición, de Ray Loriga
Rendición, la novela ganadora del Premio Alfaguara de novela 2017, y que leímos en la anterior edición de El Book Club, me recordó al comentario de Ricardo Piglia que reza:
“La versión moderna del cuento (…) trabaja la tensión entre las dos historias sin resolverla nunca. La historia secreta se cuenta de un modo cada vez más elusivo (…) lo más importante nunca se cuenta. La historia secreta se construye con lo no dicho, con el sobreentendido y la alusión.”
Esa tensión en la novela (si nos permitimos extender lo anterior a la novela o al contrario) está enmarcada en una narración de un hombre común que cuenta los cambios que va sufriendo una familia a consecuencia de una guerra.
La novela se narra como en POV. Similar a lo que ocurre con los personajes de Being John Malkovich, miramos a través del protagonista: en Rendición somos también el narrador. Al vivirlos con él, al atraernos a sus cavilaciones, los del protagonista son también nuestro tiempo y nuestro mundo.
Despojada de grandes aforismos, la narración de Loriga logra hacer que cada pasaje, cada frase marchen hacia la construcción de la historia.
O de las historias.
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Esta nota fue publicada en la página de mi librería favorita de Dallas, The Wild Detectives (estoy muy de acuerdo con ellos). Si quieren terminar de leer esta breve reseña y además ver el video de la entrevista que le hizo Buenafuente a Loriga, pues, sigan este enlace.
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-Así me parecía que me decían a mí cuando estaba allá.
-¿Cómo?
-Al talego, coleguita.
-¿Y eso no significa que te vayas a la cárcel, panita?
-Sí.
-¿Y eso era lo que te decían?
-Eso era lo que me parecía que me decían.
-¿Y qué te decían?
-Hasta luego, coleguita.
-Oh... Pues, salú.
¡Al talego, coleguita!
lunes, 18 de diciembre de 2017
Mis top picks
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Luis: ¿Quién eres?
Luis: Luis
Luis: ¡Mentira! ¡Impostor! ¡Luis no escribe aquí! Este es un lugar para imaginar lo que Luis pudo haber escrito pero que nunca escribió.
Luis: Ya deja la intensidad y ábrete una cerveza.
Luis: ...
Luis: ¡A mí no me vas a dar esa asquerosidad de cerveza! Una IPA, por favor.
Luis: ¡Viste! ¡No eres Luis!
jueves, 22 de agosto de 2013
...y la bondad
miércoles, 10 de abril de 2013
Acumulador
lunes, 8 de abril de 2013
Siempre hay un escritor que te puede contradecir
martes, 2 de abril de 2013
¿Por qué lloré con The End?
Todo comenzó por el final. El final de Lost. No más la voz grave diciéndome “Previously, on Lost” y la consecuente adrenalina y curiosidad. No más Jacks, Hugos, Freckles, Sawyers, Lockes, ni qué decir que adiós Jacobs y el maldito humo negro. Lo malo no fue sólo el capítulo (que, madre de Dios, qué capítulo tan malo), sino que terminé llorando como cuando murió mi primera mascota.
Era 2010 y el capítulo lo vi algún tiempo después de que la ABC lo transmitiera. Pasaba un tiempo en Venezuela y me quedaba con mi buen amigo Luis. Discutimos de todo, incluyendo Lost. Salí de mi habitación para mostrarle mis lagrimones (él sabía que lo estaba viendo) y casi me golpea. En ese momento no le supe explicar mis lágrimas; sólo el tiempo me dio el desapego necesario para más o menos entender por qué mi sensiblería.
Comencé a ver Lost mucho tiempo después de su estreno en EE.UU. Vivía en Salamanca; estudiaba un máster en Guión de Ficción para Cine y TV para el que obviamente no estaba preparado. Yo tan cine indie y ellos tan interesados en lo que realmente vale la pena. Siempre me hablaban de las series y yo respondía a lo Ricky Martin: “no, es que la TV no me gusta mucho, yo soy más de cine”. Para luego salir a hablar de David Cronenberg o Michel Gondry y enterarme de que ellos eran más de cine que yo también y por cada referencia mía ellos tenían cinco. Con el tiempo, estos compañeros se convirtieron en amigos entrañables, con los que todavía mantengo contacto.
La cosa es que todos hablaban tan bien de la serie, que todos hablaban tanto de la serie y yo me tenía que callar o intentar cambiar de tema, y que ya necesitaba ver series para hacer mis trabajos, que al fin comencé a ver Lost. En cuestión de semana y media ya había engullido las tres temporadas de 22 capítulos c/u, que habían transmitido hasta el momento (¡una noche con un cacho de mañana vi 13 capítulos! No fue fácil que me prestaran los deuvedés en la facultad, siempre los tenía alguien más). Claro que quedé prendado -dejemos la trascendencia de Lost para otro artículo- y pensé que esto de la TV tiene futuro.
martes, 8 de marzo de 2011
¿Por qué creen que quebraron Blockbuster y Borders?

domingo, 22 de febrero de 2009
¡Al fin!

“Si damos crédito a Homero, Sísifo
era el más sabio y más prudente de
los mortales. No obstante, según otra
tradición propendía al oficio de
bandido. No veo contradicción en ello.”
A. Camus
“Aquí se ve hasta qué punto la experiencia absurda se aleja del suicidio. Cabría creer que el suicidio sigue a la rebelión. Pero es un error. Porque no representa su desenlace lógico. Es exactamente su contrario, por el consentimiento que supone. El suicidio, como el salto, es la aceptación en su límite. Todo se ha consumado, el hombre vuelve a entrar en su historia esencial. Discierne su futuro, su único y terrible futuro, y se precipita a él. A su manera el suicidio resuelve lo absurdo. Lo arrastra a la misma muerte. Pero yo sé que, para mantenerse, lo absurdo no puede resolverse. Escapa al suicidio, en la medida en que es al mismo tiempo conciencia de la muerte y su rechazo.”
Cura: ¿cree que soy idiota?
House: eso es lo que estoy probando.
Cura: perder la fe no fue elección mía. Pasó. Se fue para siempre.
House: pero si puede desaparecer mágicamente, puede reaparecer mágicamente... y eso es lo que espera. Su trabajo...
Cura: ...apesta
House: ese es mi punto. Puede ganar más dinero preparando malteadas descafeinadas, pero sigue pastoreando a los dóciles ¿Por qué hacer el trabajo del Señor si el Señor se ha ido?
Cura: estuve toda mi vida adulta en la iglesia. Es mi única cualidad.
House: detecto el hedor de los restos de la fe.
Cura: ¿quieres hablar de hipocresía? ¿qué hay de la suya? Actúa como si no le importara nadie; pero aquí está, salvando vidas.
House: resolviendo rompecabezas. Salvar vidas es sólo un daño colateral.
Cura: sí... buen intento. No creo que esté buscando a alguien para probar que tiene razón. Creo que busca a alguien para probar que se equivoca, para darle esperanza ¿Quiere creer, verdad?
House: Sí, quisiera salir y verme en un bosque de árboles de putas, pero no creo que sea buena idea decirle a la gente que vaya a fornicar con la fruta.
“Se habrá comprendido ya que Sísifo es el héroe absurdo. Lo es tanto por sus pasiones como por su tormento. Su desprecio por los dioses, su odio a la muerte y su pasión por la vida le valieron ese suplicio indecible en el cual todo el ser se dedica a no rematar nada.”
1) La cita real es la siguiente y pertenece al libro Los demonios de Dostoyevski: "Si Stavroguin cree, no cree que cree. Si no cree, no cree que no cree."
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-Así está un pelo más convincente... pero sigo creyendo que es más Sherlock House que El Mito de House.
-Hay dos tipos de problemas: los míos y los que no son míos...
-Este es tuyo, yo soy tu problema y todo lo que yo pienso es tu problema.
-Solo en la medida en que yo quiera hacerlos concientes. Mientras me invento diálogos para no hacerlos concientes y poder evadirlos.
-Y eso que estamos hablando de una idea un poco tonta... imagínate si fuera algo más profundo... como, digamos...
-Déjalo que esto es público... ¿más ron?
-Jajajajajaja, sí, ron ¡mucho ron!
¡Ha det bra!
jueves, 27 de noviembre de 2008
Anotaciones
Vivo a dieciocho estaciones de metro de donde trabajo. Si trabajas en algo que, no nada más no tiene absolutamente nada que ver con lo que estudiaste (letras) seis años, sino que aborreces por principios, eso (las dieciocho estaciones) es excelente.“Para Alejandro, el banquete comenzaba debatiendo el precio del pescado y sólo terminaba cuando la conversación se hacía cenizas y se apagaban las colillas del tabaco, tras el desfile de palabras en las pasarelas de humo.” Eduardo Vazquez, Letras Libres.
“Yo tuve un profesor que me caía muy bien y que aseguraba que la tarea de la buena escritura era la de darles calma a los perturbados y perturbar a los que están calmados.” David Foster Wallace, LL
“Vivimos –dice Robert Smithson- en estructuras, y estamos rodeados de marcos de referencia, pero la Naturaleza los desmantela y los devuelve a un estado en el que ya no tienen integridad.”Arquitecto y fotógrafo. LL
“Estoy más actualizado de lo que crees. Soy joven. Tengo blog.” Alberto Fuguet, LL.
“Finalmente (…) Echeverría incurre en el más común de los errores y es el de anteponer el amor al odio cuando lo contrario del amor es… ¡el aburrimiento!, o sea Tánatos.” Héctor Subirats, LL.
“No hay que vivir la vida por los principios sino para ser feliz.” Ka, en Nieve. Orhan Pamuk.
“No era la felicidad lo que buscaba, lo comprendí muy bien después de la tercera copa de raki, incluso se podía decir que prefería la desdicha. Lo importante era esa unidad sin esperanzas, formas un centro de dos personas y que el mundo entero quedara aparte. Y sentía que podría conseguirlo haciendo el amor sin parar con Ipek a lo largo de meses.” Ka en Nieve. OP.
“Incluso los ateos que han sufrido aunque solo sea un poco acaban por no soportar mucho la falta de fe y al final vuelven a creer.” Nieve. OP.
“No puedo creer en Dios porque estoy sólo y no puedo librarme de mi soledad porque no creo en Dios.” Ka en Nieve. OP.
“A Ka le gustaba poner fin a los momentos de felicidad con el ansia de que la infelicidad posterior no fuera demasiado grave.” Nieve. OP.
martes, 4 de noviembre de 2008
Otro...

La Big Fish española. Pero no me malinterpreten; guardemos todas las distancias. Aunque Camino (Javier Fasser, 2008) sea una gran deudora de la anterior, no pretendo insinuar que no tenga una firma y un sello totalmente único y original.
El camino a la muerte es un tema vasto que se puede exprimir tanto como se quiera (y se pueda). En este caso en particular se tocó desde el punto de vista de una niña, en consecuencia la inocencia y la fantasía juegan un papel importantísimo, sin dejar a un lado el drama y la realidad.
Como Big Fish, Camino habla de este tema, donde la realidad se muda de un hijo que descubre poco a poco a su padre moribundo, a una familia española de clase media perteneciente al Opus Dei, que se debate entre la fe más recalcitrante y el amor natural filial; y la fantasía de una road movie de aventuras a una consecución de sueños que le darán un sentido definitivo a la muerte de Camino (Nerea Camacho).
Sin pretensiones rebuscadas, Camino (una película de guión), nos cuenta sin apuros pero sin pausas, la degradación de una hermosa preadolescente enamorada que padece un tipo extraño de cáncer, con una madre que antepone su religión a cualquier (¡cualquier!) cosa y un padre entregado y bueno que sólo ve por los ojos de su segunda hija.
Como ya se habrán dado cuenta, la influencia de la religión en la película es determinante. Físicamente los antagonistas se presentan en los personajes de Gloria (Carme Elías) una madre dominante y dispuesta a cualquier cosa por respetar la Prelatura y un par de curas fanáticos y políticos que no ven en la muerte de la niña una vida que se acaba, sino una posibilidad de propaganda. Pero en otro nivel el fanatismo religioso hace de antagonista, que no la fe; Camino jamás la perderá, y encontrará en esa fe al primer amor (amor a Jesús… un niño del teatro al que ella quiso pertenecer; juego de nombres, por cierto, que dará pie a la confusión fundamental de la película), las fuerzas para contrarrestar la sombra de su opresión religiosa.
Por su cuidado tratamiento, el cura más joven no tendrá un castigo visible (hombre, si me lo preguntan a mí con su celibato basta), pero sí Gloria. Su hija mayor es entregada para ser numeraria de la Prelatura y José (Mariano Venancio) muere intentando hacer feliz a su hija en un accidente de coche. La “sacrificada” madre estará condenada a vivir sola lo que le resta de vida.
Intento evadir la polémica que pueda generar la película en cuanto a si la niña real, Alexia González-Barros, en la que Fesser se inspira para crear (valga la palabra) a su protagonista, merece o no ser canonizada. Para efectos de la obra ese pleito no interesa.
No quisiera cerrar sin hacer mención especial a las actuaciones principales: Nerea Camacho, Carme Elías y Mariano Venancio lo hacen de envidia. Siempre me ha parecido que cuando les damos adjetivos a los personajes y no a los actores, es cuando estamos en presencia de una buena actuación. Así me ocurrió con los personajes de Fesser.
Camino no deja de tener un misticismo, una fe, que obviamente no son los canónicos. Una fe donde la muerte es reencuentro, felicidad y fantasía, y donde mucho de Dios está en el amor sin mácula.
Una película muy recomendable para todos, que en su sencillez y frescura no tiene nada que envidiarle a ninguna otra que se adentre en el tema. Recomendación: no se olviden de los clínex.
sábado, 16 de agosto de 2008
De los Karmázov (IV y última)
Pues, hasta que llegamos a la última. Dejan a un lado la discusión, pero adentran un poco en el espíritu del pobre (todo adolescente merece ese adjetivo) Kolia.Y así me pasa un poco a mí; entre las ansias de saber y las de querer abrazarlo todo, juzgarlo y entenderlo. Ce n'est pas possible...
"‑¡Es verdad! ‑exclamó Kolia echándose a reír‑. ¡La pura verdad! ¡Bravo por el alemán! Sin embargo, ese cabeza cuadrada no se ha detenido a observar el lado favorable de nuestra conducta. ¿No lo ves tú así? Admito nuestra presunción, ya que es propia de la juventud. Pero esto se corrige, si verdaderamente hay que corregirlo. En compensación, ahí está el espíritu de independencia desde la más tierna infancia, la audacia de las ideas y las convicciones en vez del servilismo rastrero ante la autoridad de toda índole. No cabe duda de que el alemán ha dicho la verdad. ¡Bravo por el alemán! Sin embargo, hay que apretar los tornillos a los alemanes. Aunque sean unos sabios en las cuestiones científicas, hay que apretarles los tornillos.
‑¿Por qué? ‑preguntó Aliocha con una sonrisa.
‑Admito que soy un osado, una especie de enfant terrible, que no me detengo ante nada cuando una cosa me gusta y que digo las mayores tonterías... Pero, oye: estamos charlando desde hace un buen rato y ese doctor no termina su visita. A lo mejor, está reconociendo también a «mamá» y a Nina. Te confieso que Nina me ha encantado. Cuando he pasado junto a ella al salir de la habitación, me ha susurrado en un tono de reproche: «¿Por qué no has venido antes?» Me ha parecido que esa chica es toda bondad.
‑Desde luego, tiene un gran corazón. Como desde ahora vendrás con frecuencia, ya la conocerás a fondo. Necesitas conocer personas así para aprender muchas cosas que sólo su compañía te puede enseñar.
Y Aliocha añadió calurosamente:
‑No hay medio mejor para que te transformes.
‑¡Qué arrepentido estoy de no haber venido antes! ‑exclamó Kolia amargamente.
‑Sí, ha sido un error. Ya has visto la alegría que le has dado al pobre Iliucha. No puedes imaginarte cómo lo consumía el deseo de que vinieras.
‑Calla: no aumentes mi pena... Pero lo tengo bien merecido. No he venido antes por culpa de mi orgullo, de mi egoísmo, de un bajo despotismo que nunca he podido acallar, pese a mi empeño en dominarlo. Ahora me convenzo de que soy un miserable en muchos aspectos.
‑Nada de eso; posees excelentes prendas, pero las disfrazas ‑dijo Aliocha con calurosa franqueza‑. Comprendo que hayas influido tan profundamente en ese muchacho de noble corazón y sensibilidad enfermiza.
‑No esperaba oírte decir eso ‑declaró Kolia‑. Desde que he llegado aquí, he pensado más de una vez que me despreciabas. Si supieras lo mucho que me importa tu opinión...
‑¿Cómo es posible que seas tan desconfiado a tu edad? Hace un momento, viéndote y oyéndote hablar, me decía precisamente que debías de ser muy desconfiado.
‑Lo creo. ¡Eres tan sagaz! Sin duda, ha sido cuando estaba refiriendo lo del ganso. Entonces me he dicho que debías de despreciarme profundamente al notar que me esforzaba por aparecer como un desalmado. Entonces te he detestado y he empezado a discursear. Después, cuando ya estábamos aquí y he dicho que si Dios no existía habría que inventarlo, me ha parecido que mi exhibición de cultura ha sido demasiado precipitada, ya que he leído esta frase en alguna parte. Pero te aseguro que no me ha impulsado la vanidad; lo he hecho no sé por qué, dejándome llevar de mi alegría... Sí, creo que mi alegría ha sido la culpable de todo. Claro que no es correcto molestar a las personas porque uno esté contento; esto ya lo sé. Pero también sé, y esto es una compensación para mí, que no me desprecias, que mis temores han sido falsos. ¡Oh, Karamazov! Soy profundamente desgraciado. A veces me imagino, sabe Dios por qué, que todo el mundo se burla de mi, y entonces me siento impulsado a trastornarlo todo.
‑Y atormentas a los que te rodean ‑dijo Aliocha sin dejar de sonreír.
‑Cierto, y sobre todo a mi madre. ¿Verdad, Karamazov, que te parezco ridículo?
‑¡Eso ni pensarlo! ‑exclamó Aliocha‑. Además, ¿qué es el ridículo? Nadie sabe cuándo un hombre es ridículo o lo parece. Además, actualmente casi todas las personas capacitadas temen demasiado al ridículo, y este temor las hace desgraciadas. Pero me asombra que tú padezcas de este mal que observo desde hace mucho tiempo sobre todo en los adolescentes. Es una especie de locura. El diablo se ha transformado en amor propio para apoderarse de la generación actual. Sí, el diablo ‑repitió Aliocha sin ironía, aunque Kolia, que lo miraba fijamente, creyó lo contrario‑. Tú eres como todos, mejor dicho, como la mayoría. Y no hay que ser como todos.
‑Pero si todos son así...
‑Aunque todos sean así, tú debes procurar no ser como ellos. Bien mirado, tú no eres como todos, ya que no has vacilado en confesar un defecto, incluso un defecto ridículo. ¿Quién es hoy capaz de eso? Nadie, porque nadie siente la necesidad de condenarse a sí mismo. No seas como nosotros, aunque te quedes solo.
‑Así lo haré... Te juzgué certeramente: sabes consolar. ¡Si supieras hasta qué punto me sentía atraído hacia ti, Karamazov! Hacía mucho tiempo que deseaba conocerte. ¿De veras deseabas también tú conocerme a mí? Hace un momento lo has dicho.
‑Sí, oía hablar de ti y pensaba en ti... Y si es el amor propio el que te ha llevado a hacer esa pregunta, no importa.
‑¿No has observado, Karamazov, que estas explicaciones parecen una declaración de amor? ‑preguntó Kolia en voz baja y como avergonzado‑. ¿No es esto ridículo?
‑De ningún modo ‑repuso Aliocha firmemente y con una radiante sonrisa‑. Y aunque fuera ridículo no importaría, puesto que estamos obrando bien.
‑Reconoce, Karamazov, que también tú estás un poco avergonzado. Lo veo en tus ojos.
Kolia sonreía, ladino y feliz.
‑No sé por qué he de avergonzarme ‑dijo Aliocha.
‑Sin embargo, has enrojecido.
‑¡Porque tú me has hecho enrojecer! ‑exclamó Aliocha riendo y, en efecto, sonrojado. Un tanto aturdido, añadió‑: En verdad, estoy un poco avergonzado, pero no sé por qué...
‑En este momento te aprecio y te quiero mucho más ‑exclamó Kolia con vehemencia‑, precisamente porque te sonrojas como yo, porque eres como yo.
Sus mejillas echaban fuego; sus ojos centelleaban.
‑Oye, Kolia ‑dijo de pronto Aliocha‑,vas a ser muy desgraciado en la vida.
‑Lo sé, lo sé ‑respondió Kolia en el acto‑. Todo lo adivinas.
‑Sin embargo, la vida, el conjunto de la vida, merecerá tu bendición.
‑¡De acuerdo! ¡Magnífico! ¡Eres un profeta! ¡Qué bien vamos a entendernos, Karamazov! ¿Sabes lo que más me gusta de ti? Que me trates como a un igual. Sin embargo, no somos iguales: tú eres superior a mí. Pero nos entenderemos. Hace un mes que me venía diciendo: «O nos haremos amigos en seguida y para siempre, o nos separaremos como enemigos para toda la vida.»
‑Pensabas así porque ya me querías.
‑Sí, sentía un gran afecto por ti, hasta soñaba contigo. Todo, todo lo adivinas... Mira, ya viene el doctor. Está diciendo algo al capitán. ¡Dios mío, qué cara pone!"
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-Ya...
-Ya ¿qué?
-Eso... las imágenes, vale, "Lobo estepario"
-¿Se supone que eso es cinismo?
-No, se supone que es lo que ves de ti... quizá cínicamente.
-No me jodas. Yo no me puedo ver a mí mismo cínicamente, todo sería una mentira disfrazada de verdad... o al revés e igual está mal, porque en todo caso yo no puedo ser literatura.
-Y sin embargo mientras alguien lee esto pudiera pensarlo.
-...
-...
-¿No es un poco terapéutico y sano para estos tiempos verse e intentar interpretarse a sí mismo?
-Terapéutico son las birras.
-Una mash...
¡Hosçakal!
jueves, 14 de agosto de 2008
De los Karamázov (III)
Pensé que con tres entradas me bastaría, pero me volví a equivocar. Así que aquí va la tercera y penúltima entrada de este tema. Más política, más adolescencia."‑No se puede ocultar la verdad. He tenido más de una ocasión para charlar con Rakitine. Y se dice que esta idea la ha expresado también el viejo Bielinski.
‑¿Bielinski? No lo recuerdo. Desde luego, no lo ha escrito en ninguna parte.
‑Tal vez no lo haya escrito, pero lo ha manifestado. Se lo he oído decir a... Bueno, eso no importa.
‑¿Has leído a Bielinski?
‑No, en verdad no lo he leído, ya que sólo conozco de él el pasaje en que comenta por qué Tatiana no parte con Onieguine.
‑¿Por qué no parte con Onieguine? ¿Acaso lo has comprendido?
‑Perdona, pero creo que me tomas por un chiquillo como Smurov ‑observó Kolia con una sonrisita que era una mueca de irritación‑. Además, no vayas a creer que soy un gran revolucionario. A veces no estoy de acuerdo con Rakitine. No soy partidario de la emancipación de la mujer. Reconozco que la mujer es una criatura inferior nacida para la obediencia. Les femmes tricotent, dijo Napoleón, y por lo menos en este punto ‑Kolia sonrió- comparto la opinión del seudo gran hombre. También considero que es una cobardía emigrar a América, y más que una cobardía: una estupidez. ¿Para qué irnos a América cuando podemos trabajar en nuestra casa por el bien de la humanidad? Sobre todo ahora, tenemos a nuestra disposición un amplio campo de fecunda actividad. Esto es lo que respondí.
‑¿Lo que respondiste? ¿A quién? ¿Es que alguien te ha propuesto ir a América?
‑Sí, me lo han propuesto, pero yo no he aceptado. Te lo digo confidencialmente, Karamazov. Ni una palabra a nadie, ¿entiendes? Sólo tú lo sabes. No tengo el menor deseo de caer en las garras de la Tercera Sección para aprender las lecciones que se dan en el puente de las Cadenas.
»Te acordarás del edificio
próximo al puente de las Cadenas.»
¿Te acuerdas? ¡Es magnífico! ¿De qué te ríes? Supongo que no creerás que estoy hablando en broma.
Y Kolia se estremeció al pensar: « ¡Si se enterase de que éste es el único número de La Campana que tengo y no he leído ningún otro ... !»
‑ ¡Oh, no, no me río! ‑repuso Aliocha‑. Y no puedo pensar que me hayas mentido, por la sencilla razón de que sé que lo que me has dicho es la pura verdad... Dime: ¿has leído «Eugenia Onieguine», el poema de Pushkin? Has hablado de Tatiana.
‑No, aún no lo he leído, pero quiero leerlo. No tengo prejuicios, Karamazov; lo miraré por las dos caras. ¿Por qué me lo preguntas?
‑Por nada.
Kolia se irguió ante Aliocha. Quería saber a qué atenerse.
‑Dime, Karamazov: ¿me desprecias? Te agradeceré que me hables con franqueza.
Aliocha lo miró estupefacto.
‑¿Despreciarte? ¿Por qué? No, no; me limito a lamentar que un chico que vale tanto como tú y que está en la aurora de la vida, se haya dejado descarriar, dando crédito a semejantes disparates.
‑Dejemos a un lado mi valía ‑replicó Kolia con cierta arrogancia‑. Soy suspicaz, estúpida y groseramente suspicaz. Hace un momento, me ha parecido que tu sonrisa...
‑¡Bah! He sonreído por otra cosa. Te voy a explicar el motivo. No hace mucho leí la opinión de un extranjero, de un alemán establecido en Rusia, sobre la juventud actual. Este hombre ha escrito: «Si prestáis a un colegial ruso un mapa del firmamento, él, aunque sea el primero que ha visto en su vida, os lo devolverá al día siguiente corregido.» Ningún conocimiento y una presunción sin límites: esto es lo que el alemán reprocha a nuestros estudiantes."
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-No entiendo las imágenes.
-Mira lo que puse en la primera entrega.
-¿Del blog? -dijo Luis algo inquieto-
-No, gilipollas, de De los Karamázov.
-Aaah... vale... ahora vuelvo.
-Eeeh... llévate la cerveza.
-Dame acá.
¡Ah nyuhng!
domingo, 10 de agosto de 2008
De los Karamázov (II)
Sólo agregar algo que se me quedó en los dedos en la última entrada: Aliusha, un niño de once años que admira fehacientemente a Kolia, está casi terminal, por eso lo del médico (en la entrada anterior). También que ¿qué dirán los chavistas de Aliosha por esa última afirmación, que por cierto, es mi personaje favorito? En fin, ahí les va...
"Y pensó: «¡Otra vez, otra vez!»
‑Voltaire creía en Dios, aunque un poco fríamente. Y, al parecer, del mismo modo amaba a la humanidad ‑repuso Aliocha con toda naturalidad, como si hablara con una persona que tuviera la misma edad que él, o incluso que fuera mayor.
A Kolia le impresionó la falta de seguridad que demostraba Aliocha en su juicio sobre Voltaire, y también le llamó la atención que dejara en manos de él, que no era más que un muchacho, la solución de un asunto tan importante.
‑Por lo visto ‑dijo Aliocha‑, has leído a Voltaire.
‑Sí, pero... sólo Candide traducido al ruso... Una traducción antigua, pésima...
«¡Otra vez, otra vez!»...
‑¿Lo entendiste?
‑¡Pues claro! Lo comprendí todo... ¿Por qué dudas de que lo comprendiera? Hay pasajes graciosos... Puedes estar seguro de que soy capaz de entender una novela filosófica escrita para exponer una idea... Soy socialista, Karamazov ‑dijo de pronto, embrollándose definitivamente‑, un socialista recalcitrante.
Aliocha se echó a reír.
‑¿Socialista? ¿De dónde has sacado el tiempo para estudiar y adoptar el socialismo? Sólo tienes trece años.
Estas palabras hirieron a Kolia.
‑En primer lugar, no tengo trece años, sino que dentro de quince días cumpliré los catorce ‑dijo impetuosamente‑. Además, no comprendo qué relación tiene mi edad con lo que estamos discutiendo. Son mis convicciones y no mi edad lo que importa. ¿No es así?
‑Cuando seas mayor verás la influencia que tiene la edad en las ideas. Eso no puede haber salido de ti.
Aliocha dijo esto con toda calma. Kolia, en cambio, le contestó, nervioso:
‑Óyeme, tú eres partidario de la obediencia y del misticismo. No me negarás que el cristianismo sólo ha sido útil a los acaudalados, a los poderosos, para mantener a las clases inferiores en la esclavitud.
‑Ya sé dónde has leído eso, ya sé quién te lo ha enseñado.
‑¿Por qué crees necesario que lo haya leído? Nadie me ha inculcado estas ideas. Tengo capacidad para juzgar por mí mismo... Y te advierto que no soy enemigo de Cristo. Cristo tenía una personalidad enteramente humana. Si hubiera existido en nuestra época, estaría al lado de los revolucionarios y habría desempeñado un papel visible. De esto no cabe duda.
‑¿Pero de dónde te has sacado todo eso? ¿A qué imbécil has escuchado? ‑exclamó Aliocha."
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-¿Los chavistas?
-Pues, sí... básicamente Aliosha les dice imbéciles.
-Imbécil será su madre.
-Muerta.
-Me importa una mierda. Jesús era revolucionario.
-Pues sí, si no la historia no se partiría en dos, pero de ahí a que sea chavista como varios han afirmado... pero me voy de la "idea".
-Anda con tus dostoyevskerías a la puta mierda. Jesús era revolucionario y la revolución es chávez -dijo Luis levantándose y poniéndose la mano en el corazón, mirando al infinito y más allá-
-Tienes razón, brindemos por esa vaina ¡nojoda!
-¿Whisky 18?
-¡Claro!
¡Do svidanja!
viernes, 8 de agosto de 2008
De los Karamázov (I)

DESARROLLO PRECOZ
‑¿Qué dirá el doctor? ‑preguntó Kolia‑. Tiene una cara repelente, ¿verdad? La medicina es algo que no puedo sufrir.
‑Iliusha no tiene salvación: esto es lo que estoy temiendo que diga el doctor ‑repuso Aliocha con profunda tristeza.
‑Los médicos son unos charlatanes... Oye, Karamazov: me alegro de haberte conocido; hace mucho tiempo que lo deseaba. Lo que me apena es que esta amistad haya empezado en circunstancias tan tristes.
Kolia habría deseado decir algo más expresivo, más afectuoso, pero estaba un poco turbado. Aliocha lo advirtió y le tendió la mano.
‑Hace tiempo que te considero como un ser raro, pero respetable ‑siguió diciendo Kolia, aturdido‑. Me han dicho que eres un místico, que has vivido en un monasterio. Pero esto no me importa. El contacto con la realidad te curará. Así les ocurre siempre a los que son como tú.
‑¿A qué llamas un místico? ¿De qué me he de curar? ‑preguntó Aliocha un tanto sorprendido.
‑Pues te has de curar de Dios y... de todo eso.
‑¿Es que tú no crees en Dios?
‑No tengo nada contra Él. En verdad, Dios no es más que una hipótesis. Sin embargo, reconozco que... que es necesario para ordenar la vida... y para otras cosas... Tanto ‑terminó Kolia, empezando a enrojecer‑, que si Dios no existiera, habría que inventarlo.
De pronto, pensó que Aliocha podía creer que hablaba para darse importancia, para exhibir su erudición. «Sin embargo ‑se dijo, irritado‑, nada más lejos de mi ánimo que alardear de cultura ante él.» Se sentía profundamente contrariado.
‑Estas discusiones me repugnan ‑declaró‑. Se puede amar a la humanidad sin creer en Dios. ¿Lo dudas? Voltaire no creía en Dios y amaba a la humanidad.
Hasta aquí la cita. No tengo ni idea de quién es la -mala- traducción pero la conseguí aquí, porque como se imaginarán no iba a copiar todo de mi libro, que por cierto es el de la Random House, en la segunda edición de Debols!llo y traducido por José Laín Entralgo pal que le interese.
lunes, 28 de julio de 2008
Abran Rayuela...
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-¡Cabrón!
-Lo siento, viejo...
-¡Cabrón!
-¿Otro shot?
-¡Cabrón!
¡Ah nyuhng hee ga say yo!


