Mostrando entradas con la etiqueta Viajes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Viajes. Mostrar todas las entradas

martes, 2 de abril de 2013

¿Por qué lloré con The End?


"50s television, I think... made me feel good."
David Lynch


Todo comenzó por el final. El final de Lost. No más la voz grave diciéndome “Previously, on Lost” y la consecuente adrenalina y curiosidad. No más Jacks, Hugos, Freckles, Sawyers, Lockes, ni qué decir que adiós Jacobs y el maldito humo negro. Lo malo no fue sólo el capítulo (que, madre de Dios, qué capítulo tan malo), sino que terminé llorando como cuando murió mi primera mascota.
Era 2010 y el capítulo lo vi algún tiempo después de que la
ABC lo transmitiera. Pasaba un tiempo en Venezuela y me quedaba con mi buen amigo Luis. Discutimos de todo, incluyendo Lost. Salí de mi habitación para mostrarle mis lagrimones (él sabía que lo estaba viendo) y casi me golpea. En ese momento no le supe explicar mis lágrimas; sólo el tiempo me dio el desapego necesario para más o menos entender por qué mi sensiblería.

Comencé a ver Lost mucho tiempo después de su estreno en EE.UU. Vivía en Salamanca; estudiaba un máster en Guión de Ficción para Cine y TV para el que obviamente no estaba preparado. Yo tan cine indie y ellos tan interesados en lo que realmente vale la pena. Siempre me hablaban de las series y yo respondía a lo Ricky Martin: “no, es que la TV no me gusta mucho, yo soy más de cine”. Para luego salir a hablar de David Cronenberg o Michel Gondry y enterarme de que ellos eran más de cine que yo también y por cada referencia mía ellos tenían cinco. Con el tiempo, estos compañeros se convirtieron en amigos entrañables, con los que todavía mantengo contacto.

La cosa es que todos hablaban tan bien de la serie, que todos hablaban tanto de la serie y yo me tenía que callar o intentar cambiar de tema, y que ya necesitaba ver series para hacer mis trabajos, que al fin comencé a ver Lost. En cuestión de semana y media ya había engullido las tres temporadas de 22 capítulos c/u, que habían transmitido hasta el momento (¡una noche con un cacho de mañana vi 13 capítulos! No fue fácil que me prestaran los deuvedés en la facultad, siempre los tenía alguien más). Claro que quedé prendado -dejemos la trascendencia de Lost para otro artículo- y pensé que esto de la TV tiene futuro.

Al terminar el máster, me mudé a Madrid (regresarme a Venezuela no era una posibilidad, toda vez que mi familia inmediata ya no vivía allí), y en la capital española comencé mi prometedora, aunque corta, carrera de empresario a fuerza de vender de puerta en puerta. Era mediado de 2008 y la súper crisis económica mundial que echó por tierra todo lo que conocíamos y que de casualidad no hace que termináramos como en Marte, asomaba sus cuernos. No había empleo, botaban a los que tenían uno y todo aumentaba de precio.

Mi trabajo consistía en que me “motivaran” para salir a vender alarmas fuera cual fuera la condición atmosférica. La lavada de cerebro era atroz, sin ningún tipo de vergüenza: “en un par de meses comenzarás a ganar 1000 euros semanales” decían  “para el quinto año tendrás 10 o 20 oficinas con 20 gilipollas como tú haciendo lo que tú haces, ganando dinero para ti, mientras tú te vas, como yo, a pasar las vacaciones a los Alpes suizos” decían.

No puedes ser un licenciado en letras medianamente serio, si te crees estas tonterías. Pero qué demonios: Kafka trabajó en una compañía de seguros, Rimbaud fue traficante de armas y Charlie Kaufman atendía quejas telefónicas. Eso y que la necesidad te desinhibe. Todo esto viene a cuento, porque después de pasar día sí y día también escuchando idioteces de un pseudo gerente sediento de dinero, tragándome todo el mal humor de mucha gente (y la bondad de muchas otras ofreciéndome comida, cerveza o un paraguas), y pasando frío o calor, después de todo eso, llegaba a mi casa a ver series. Entre ellas, a medida que la transmitían, Lost.
Así pasé un año completo, hasta que ya no existía absolutamente nadie en Madrid que quisiera comprar una alarma, y así fue como decidí que hasta allí llegaba mi carrera como empresario. Mi familia, que vivía en Dallas me recibió.

En EE.UU., como turista, no podía trabajar legalmente, así que mientras inventaba cómo ganar dinero, también seguía viendo series. A Lost se le habían agregado House, MD (mi favorita), Six feet under, How I met your mother, My name is Earl, The Big Bang theory, Two and a half men, y en menor medida Mad Men, Supernatural o Heroes. No es una gran lista (de la que algunas se han bajado y otras se han montado), pero es mi lista.

Ya montados en 2010, comenzando marzo, me llaman desde Venezuela para un trabajo de un par de meses en donde recorrería buena parte de Latinoamérica: fueron 13 localidades en 8 países, recorridas en un intensísimo mes. Al final todo se alargó hasta finales de septiembre, que fue, aproximadamente cuando vi el capítulo final de Lost.

Recapitulemos: comencé a verla siendo un estudiante en Salamanca en 2007, la continué viendo mientras fui vendedor de puerta a puerta en Madrid entre 2008 y 2009, luego, un mantenido por mis padres en Dallas en 2009, hasta que la terminé en Venezuela trabajando, al fin de escritor hacia finales de 2010. ¿¡Cómo no iba a llorar con el final!?

No es que haya descubierto el sentido último de la vida al darme cuenta de que las 8 temporadas fueron un gran “Bruce Willis siempre ha estado muerto” kinda-thing. Tampoco fue que me dio mucho sentimiento que J.J. Abrams haya mantenido pegado a la pantalla a millones de espectadores sin ningún sentido ulterior. Menos que menos tener la certeza de que la TV le ganó la partida al cine, y Lost fue la prueba más rotunda (hoy peleando con The Walking Dead y Breaking Bad, si me preguntan a mí). Fue simplemente que los personajes, mis amigos, mi familia, yo mismo, ya no estaríamos siendo transmitidos semanalmente ¡Por eso lloré!

Desde que comencé a ver la serie, fui identificándome con los personajes, fui comparándolos con otros amigos, familiares y conocidos, sus arcos de transformación se parecían a cambios reales que había visto o vivido. Jack, como yo, pasó de ser un escéptico a ser un creyente. Hugo y Claire me recordaban a una pareja de amigos porque ellos eran gorditos y ellas muy lindas. Locke era como mi abuelo. El principio de identificación que debe regir toda pieza audiovisual que cuente una historia funcionaba a la perfección en Lost. Pero una cosa es identificarse en el efímero mundo del cine, que dura entre 90 y 180 minutos y otra muy distinta es saber que semana tras semana verás de nuevo a los personajes con los que te identificas y reconoces en todas partes. Lloré porque los amigos que tuve durante los tres años que duré viendo la serie murieron y no los vería más. El capítulo final sólo era esa afirmación, su contenido era completamente irrelevante.

La parte positiva es que la televisión vive un buen momento y todas las musas acompañan a sus guionistas. Hace 9 años parecía que Friends acababa con los sitcoms y salió The Office, Chicago Hope parecía el último drama de hora completa y después de eso no podía haber más dramas (y menos médicos) pero salieron House MD o Grace Anatomy. Hace 3 años parecía que las buenas series se acababan con Lost, pero salieron Breaking Bad y The Walking Dead. La televisión sigue reinventándose y nos sigue ofreciendo entretenimiento que el cine actual sólo aspira ofrecer, salvo contadas excepciones. En este sentido las series se parecen a las mascotas, unas se van y serán irreemplazables, pero otras vienen y también son especiales.

---------------

-"Nosotros los de entonces  ya no somos los mismos"
-"Lo único constante es el cambio"
-"Tú joven y yo viejo, pero podemos seguir siendo amigos"
-"Brindo por las mujeres que derrochan simpatía"
-"¡Salud!"

¡Mirupafshim!

jueves, 12 de febrero de 2009

De nuevo acá


Definitivamente no fue mi intención dejar el blog descuidado, a un lado, sin actualizar por tanto tiempo. Hay varias razones que podría dar al respecto, pero creo que todas serían mentira. En realidad me parece que fue una sucesión de situaciones las que, de una manera u otra, casi aleatoriamente, hicieron que yo dejara de escribir por tanto tiempo.
Y todo por ir a Venezuela. Estuve en Caracas por 26 días. Fue un montón de tiempo y estuvo bien. No dejé de escribir (sólo) por la cantidad de rumbas que me tiré estando allá, o porque el 80% de esos 26 días estuve en vías a o de borrachera. Tampoco, creo, tuvo demasiado que ver el hecho de que tuve internet intermitentemente. La cosa es que en Caracas todo sucedió demasiado rápido; maldito axioma que apura el tiempo cuando uno mejor lo pasa. Muchas, pero muchas de las cosas que allá ocurrieron son dignas de un buen diario, pero no electrónico y menos público, así que, por ahora, lo dejaré.

Al llegar de nuevo a Madrid tuve el ratón de mi vida, o de la vida, como quieran verlo. "Después del coito el hombre es un animal triste" dice Eduardo Liendo en su divertida Los platos del diablo, y es cierto. En Venezuela tuve un gran orgasmo: familia, amigos, amores y mucha fiesta. Como comprenderán no es posible escribir con semejante ratón.

Después de un mes (coincidencialmente exacto) me dispongo a volver a estas páginas. Hay muchos temas que quiero tratar, comenzando por Venezuela, su extraña situación política y social (no pretendo ser un analista político, pero sí estoy en capacidad de señalar situaciones raras que me sucedieron), el distanciamiento sociocultural (para bien y para mal) que existe entre este país de cuatro estaciones donde me encuentro y aquél donde nací, libros que he leído, pelis que he visto (directores que seguiré), ¡House! tecnología, trabajo, televisión, en fin, los temas que me han apasionado desde que decidí abrir este espacio.

Y para que esta entrada tenga un poco de sentido y diversión, pongo una cita de un libro que mi queridísima amiga Tata me regaló. Se llama Los Invencibles, de Rodrigo Blanco Calderón. Sitúo: un gordo, inteligente y simpático, hablando de Venezuela: "Además -dijo con tono cansado- después de todo, sólo es cerveza. Petróleo y cerveza." No digo que sea la mejor definición de mi país, pero es que a veces lo parece.

---------------------------
-Tu y yo vamos a terminar a coñazos -dijo Luis en tono tranquilo.
-No deberíamos... en todo caso tampoco es una posibilidad, considerando... ¡QUE NO EXISTIMOS!
-Te lo concedo, pero ¿a que una coñaza cibernética entre dos personajes que no existen suena bien?
-¿Por qué no mejor bebemos?
-Sí, sí... el alcohol, las cervezas, las rumbas, tal... pero ¿y la escritura?
-La escritura viene mucho después de todo eso, primero viene la resaca, el ratón.
-Vale, comencemos entonces con... digamos... ¿ron?
-Sí, el ron me gusta, es autóctono...
-Pues ¡salud por eso!
-¡Saluuuu!

¡Adjö!

martes, 9 de diciembre de 2008

¡Varekai!


¡Flipa, flipa, flipa! como diría nuestro amigo el Borja, pero es que es flipante.
La previa
Como saben estoy trabajando en la calle. Como saben también en la calle se ve mucha publicidad (aunque aquí en Madrid no tanto como en Caracas y menos como en EEUU). La cosa es que caminaba con una rubia que se cagan (en serio iba con la del video que le hizo el novio tiene más cuadritos en el abdomen que yo) y vi grandotote: VAREKAI. Una publicidad de esas que desaparecen y aparecen al rato. Pues, aunque tuviera que visitar un cliente me quedé esperando a que volviera: Casa de Campo, del 13 de noviembre al 6 de diciembre, pero ahora todo consistía en conseguir a alguien que me acompañara.

Aquí nos pudiéramos desviar un poco. En la oficina (las únicas personas con las que mantengo un contacto regular), son "pavitos" a la madrileña y todos me tildan de friki, así que de entrada no contaba con la mayor cantidad de gente que conozco. Luego pensé en los panas del máster, pero ¿qué pasa? que desde que llegamos a Madrid los que estamos en Madrid o no tenemos suficiente dinero o estamos currando hasta las mil.


Desviémonos un poco más. Cuando me mudé mis dos jefes y otro pana me ayudaron con la mudanza. Cuando llegaron a mi casa yo estaba escuchando mis eternos recopilatorios que no salen mucho más de Manu Chao, Squirrel Nuts Zippers, algo de punk y Emir Kusturica and The No Smoking Orchestra. Pues precisamente esos últimos era lo que escuchaba. Eso ayudó a acrecentar mi fama de friki. Pero lo más gracioso es que cuando llegué a mi nueva casa mi casera (digamos que se llama... María) tenía una entrada de Emir Kusturica etc. pegada a su corcho. Debo admitir que no todo el mundo sabe que existe esa banda, son conocidos, hacen giras, pero no son Aerosmith. La cosa es que mi jefe también la vio (la entrada) y luego me dijo que había tenido suerte en encontrar otra friki como yo de casera.

Regresemos. Mis padres fueron al Corteo en Dallas y me regalaron el dvd. Yo no lo había visto hasta hace poco (luego de mudarme a mi nueva casa) y se lo mostré a María. Luego de verlo me dijo toda emocionada que era brutal, arrechísimo, etc., etc. Ciertamente lo es.

Así fue como di justa y perfectamente con mi acompañante al Varekai.

El espectáculo


Yo, antes de ir, había visto el Quidam, el Alegría, el Corteo y el Varekai, sólo que no me acordaba tanto del último, así que me lo tripeé igual.

El espectáculo comienza con una luciérnaga hablándonos y ya con eso flipas. Generalmente, al menos en los que yo he visto, el Circo del Sol tiene como una trama central. En Corteo, por ejemplo, era algo así como que un señor soñaba que cortejaba (corteo) a la muerte. Eso lo hacía impactante. No recuerdo la del Quidam ni la de Alegría, pero también la tienen. Este va de algo así como que a un ángel (o quizá sea la luciérnaga que nos habla al principio, pero parece un ángel) le roban las alas los dos clowns. Eso estuvo bien, pero no tan efectivo como otros.

Los números, señores ¡los números! Hubo de todo un poco como siempre: malabares, aéreos, trapesismo, etc. Todos estuvieron flipantes. Obviamente por mi condición sabrán que me fascinó el malabarista que jugó con siete pelotas con boca y manos, con (creo) quince sombreros tirándolos como bumerans y con tres pelotas de rebote medianas. Quedé loco. Luego el último número es con unos péndulos que catapultaban a los trapecistas. Increíble y tenso, siempre uno cree que esos tipos se van a golpear con las varas.

Es que eso es lo que me fascina del Cicro del Sol, la originalidad de los números, del vestuario, de la música, el surrealismo que se percibe en todo, lo bien calculado que está cada movimiento. Nada comparado.

María y yo flipamos, al menos así podía intuir en su cara. No es algo que se vea todos los días, no es algo que se sienta todos los días.

Al salir hay un mercadito Cirque du Soleil en donde venden de todo. Me compré una mascarita, María un llavero, pero había libros, franelas, chaquetas, gorras, lápices ¡de todo! Y también flipas con eso.

La primera vez que vi el Quidam (mi primer Circo del Sol) pensé: "¡Qué mierda, nunca vendrán a Venezuela!" Pos si la montaña no va a Mahoma...

En fin, chicos, los dejo con un video del circo y nada, si pueden ir, vayan, porque es simplemente ¡flipante!







--------------------------

-¿Y ahora cuál es tu excusa te dije ya?
-Ahora sí, vagancia, sorry.
-Vete a la mierda. ¿Qué tal el circo?
-Flipante
-¿Puedes dejar de usar esa palabra?
-No sé... ya lo veremos, cuando vaya a Caracas.
-Tas cagao.
-Sí.
-No es una pregunta.
-Ah.
-Toma un trago pa que se te pase.
-¡Salú!

¡Adeus!

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Me parece curioso, pues...

Es un simple comentario, pero es que me pareció súper curioso.



Hace unos días (de hecho cuando estaba en Salamanca, hace más de dos meses) hablábamos de la Eurocopa y alguien soltó el usual: "¿Y qué tal Venezuela en fútbol? ¿no sirven para nada, verdad?" Ante ese tipo de preguntas uno parece un gato patas arriba: "Sí, bueno, no, en realidad hemos avanzado bastante desde hace unos seis años hasta hoy, todavía queda trabajo por hacer..." etc. Y claro, uno también lanza la usual: "Bueno, ahorita tenemos a Arango que es una de las figuras del Mallorca -para el momento Güiza todavía estaba en el equipo-, que es un excelente jugador y terminó con once goles hace dos temporadas..." etc. Menos mal que uno de ellos (eran como tres) sabía bastante de fútbol y apreció con bastante fundamento las cualidades deportivas y técnicas del maracayero.
Pero en lo particular necesitaba adentrarme en un terreno más seguro, después de todo casi me estaban dando una cayapa: "Es que Venezuela es un país de béibol..." Silencio de unos diez segundos hasta que saltó uno: "¿Ese es el del palo y las pelotas, no?" En Venezuela un comentario así es duramente castigado, pero aquí están tan poco acostumbrado a la malicia que si respondes lo que responderías en Caracas o no lo entenderían bien o tuercen la boca y te remedan, así que la burla se me quedó en el güergüero. "Sí, ese -y continué- Venezuela es un país que exporta jugadores de béisbol a la liga más rentable del mundo actualmente que es la estadounidense..." Pero me interrumpieron, y aquí viene lo que me pareció súper curioso: "Pero... vamos a ver ¿Cómo se juega eso?" Yo entiendo lo que precisamente les dije a ellos, que Venezuela -de donde soy- sea un país beisbolero, lo que no esperaba era que un español no tuviera la más mínima idea de cómo se jugaba. "¿En serio no sabes?" dije con mi cara de asombro. "No" me respondió con toda naturalidad. "Vamos a ver -se me van pegando los modismo- dos equipos, nueve jugadores -no iba a entrar en tecnicismos intentando explicar al bateador designado- uno lanza una pelota pequeña y maciza con todas sus fuerzas y habilidades hacia otro que intentará darle con el "palo" y correr hacia una base" Y me responden: "¿Y si toca la base es un punto." ¡UN PUNTO! ¡EN BÉIBOL NO HAY PUNTOS! No lo podía creer. "No, son tres bases y el home, que es de donde se batea, van pasando varios bateadores hasta que alguno llega al home..." En fin, para no aburrirlos, se imaginarán mi problemón al intentar explicarle a tres españoles cómo demonios se juega a la pelota, pero desde la base: qué es un out, cuántos outs se necesitan para cambiar de defensor a atacante, cuál es la diferencia entre un strike y un out, luego cuántos strikes se necesitan para hacer un out. Y uno cree que es fácil, pero intenta explicarle a alguien que no sepa de béisbol qué es un strike sin tirarle. Ahora, ni de vaina pasé a los números ¿se imaginan que hubiera tenido que explicar qué es efectividad, average, qué es un juego salvado, ganado o perdido, cuándo es un juego salvado, ganado o perdido ¡no joda! Luego pensaba que si estos panas leen una reseña del Meridiano de cualquier juego de pelota sería como leer chino. Un ejemplo al estilo Beeing John Malkovich, es decir, como si estuviera en la mente de un español: "Cabrera se fue de 3-1 (¿se fue para dónde? ¿que es 3-1?) con anotada e impulsada (¿usan bolis? ¿qué anotó? ¿qué impulsó?), mientras que el Kid salvó el 54 a tres del récord en la Gran Carpa (¿salvó el juego? ¿cómo salvas un juego? ¿ha salvado 54 juegos? ¡joder, qué máquina el chaval! ¿la Gran Carpa es un circo?). El ganado se lo anotan a Santana (9-2)(¿Santana también usa boli? ¿quién le anota el ganado? ¿qué es 9-2? ¿será mejor o peor que el 3-1 de Cabrera?) y pierde Tony Hernández que deja sus números en 8-3 (¡ayva con el 8-3! ¿por qué habrá perdido?)" En fin... que no la tienen fácil para leer una reseña (y menos una inventada y mala como esta) de béisbol algún español.

Con decirles que la veintiúnica noticia que vi en marca.com de béisbol era la de un chamo de doce años que se cayó de las gradas intentando atrapar un batazo. Pa eso queda el béisbol aquí en España.

El fútbol es sencillo: once jugadores corriendo detrás de un balón intentando meterlo en la portería contraria. Bueno, no lo es tanto, porque luego hay medias puntas, puntas, central derechos o izquierdos, etc., etc., cosas que en realidad yo tampoco entiendo mucho, pero la base del juego es muchísimo más sencilla que la del béisbol.

La única conclusión que yo puedo sacar es que el béisbol es un deporte con el que hay que convivir para poder hacerse con él, y todavía yo no podría hablar demasiado, pero entiendo perfectamente una reseña.

¿No les parece curioso?

------------------------

-Yo tampoco entiendo una chet de esos números.
-Sí, por eso al principio puse que sabía que algunos de mis amigos tampoco sabían de eso.
-¿Te estás burlando de mí?
-Pues... quizá indirectamente.
-¿Hablamos de computadoras?
-¿Qué tiene que ver, Luis?
-Que te jodo... no me gusta hablar de temas en los que yo no pueda joder al interlocutor.
-Ya... por eso fue que cambié de fútbol a béisbol.
-E igual te jodieron.
-Exactamente...
-¿Caipirinha?
-¿Que qué?
-¡Bebe y disfruta!

¡Hosçakal!

lunes, 28 de julio de 2008

Abran Rayuela...

...en la primera página. Lean el primer párrafo, el que comienza: "¿Encontraría a la Maga?" Léanlo completo. Si no tienen Rayuela la buscan en google o también pinchen aquí.
Este es el arco...

Yo, el fotógrafo, voy caminando por la rue de Saine, ese arco da a la Quai de Conti y al salir se ve perfectamente el Pont des Arts a mano derecha, donde estaba esta Maga...



Que no es la que yo estaba buscando, pero me servía casi igual, sólo que a esta Maga no la podía tomar por la cintura etc.

-------------------

-¡Cabrón!

-Lo siento, viejo...

-¡Cabrón!

-¿Otro shot?

-¡Cabrón!

¡Ah nyuhng hee ga say yo!

martes, 22 de julio de 2008

Paris según yo


París es una ciudad un poco increíble. Todo lo que van a leer a continuación es una (mala) aproximación a lo que querría decir que a su vez es una (mala) aproximación a lo que percibí de París que a su vez es una (pésima) aproximación de lo que la ciudad realmente es.

Aunque no bajé a los infiernos (a menos que las nocturnas, bohemias y rocheleras orillas del Sena lo sean) mi Virgilio fue simplemente insustituible.

Una primera noche de vinos, que entre dos licenciados en Letras no puede pasar sin hablar de los grandes problemas de la humanidad, del espíritu y de la literatura. Al día siguiente comenzó el espelucamiento. Rayuela es un libro que siempre hay que llevar debajo del brazo porsia. Así que al salir de Madrid, pues, pum, pa abajo del brazo. El viernes Virgilio tenía clases y me fui al Louvre con un mapa y mi muy, muy precario francés. A reventar de fotos a la pirámide de Ming Pei y pensando que no hay ángulo, iluminación ni forma de tomar una foto que sea original en esa pirámide. Es un poco frustrante. El Louvre es enorme, de hecho si uno ve todas las obras al menos un minuto se tardaría 4 meses en recorrer todo el museo. Ahí me senté en un jardincito (que no eran los Jardin des Tuileries), me despegué a Rayuela de debajo del brazo y comencé a leer el primer capítulo:

"¿Encontraría a la maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts, a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro, inclinada sobre el agua. Y era tan natural cruzar la calle, subir los peldaños del puente, entrar en su delgada cintura y acercarme a la Maga que sonreía sin sorpresa, convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas, y que la gente que se da citas precisas es la misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el tubo de dentífrico."


Agarré el mapa, busqué el Pont des Arts, luego la rue de Saine... llegué a la susodicha calle y comencé a caminar hacia la Quai de Conti con el mapa en la mano. Se me volvieron a espelucar los pelos cuando al subir la cabeza vi el arco, un pequeño arco que da a la Quai de Conti. Tomé fotos. Luego pasé el arco y de inmediato puedes divisar el Pont des Arts. Espelucamiento de nuevo. Crucé la calle, comencé a subir los peldaños y no estaba... está, como es sabido, en Caracas. Con Gregorovius. Pero había una Maga distinta. Ésta estaba sentada sola, fumándose un cigarro, escuchando música, pasando el tiempo (como que no era tan distinta… al menos a la que vive todavía en mi mente). Ya dije que mi francés es demasiado precario, así que preferí simplemente tomarle una foto y seguir. Fui al Boulevard de Sebastopol sólo porque en Rayuela sale que posiblemente la Maga estuviera allí comiendo una salchicha caliente. Pero, ya lo dije, es sabido que está en Caracas con Ossip. Así que me conformé con una jarrita de vino malo en algún restaurantillo mientras Virgilio me llamaba. Y me llamó.


Desde este restaurantillo se veía el Pompidou, un museo de arte moderno que rompe totalmente los esquemas arquitectónicos de la ciudad. A Virgilio eso le parecía bien, a mí no, discutible. Virgilio tardó un montón en llegar, comimos y nos fuimos a los Champs Elysees y al Arco del Triunfo. En mi gran ignorancia (que se hace mayor en cada viaje y lugares que conozco, por ejemplo yo no sabía que Miguel de Unamuno había vivido y muerto en Salamanca) yo creí que los Champs Elysees eran unas construcciones cojonudísimas. Pues no, es una avenida cojonudísima. Como decir la Av. Bolívar. En serio si la Av. Bolívar estuviera mejor cuidada no tendría demasiado que envidiarle. Creo que Virgilio, cuando le dije lo de las construcciones, hizo lo imposible por no insultarme. En todo caso llegamos al Arco del Triunfo, donde lo primero que hice fue reventarlo a fotos, y lo segundo fue buscar a Francisco de Miranda: dice nada más Miranda. No busqué si había otro Miranda, así que confiemos en que era ese. No subimos, había demasiada cola, pero de seguro las fotos que se toman desde ahí son impresionantes. Luego, creo, nos fuimos al Sénat francés, una construcción hermosa. Allí escuchamos a un par de venezolanas molestas porque Bolívar debería de tener un museo hermoso para todas sus cosas. Luego Pont des Arts, vino, y a casita que el metro cierra a las 2:00am.


Al día siguiente sí fuimos al Louvre y nos pasó algo súper curioso y voy a contar las dos coincidencias, así una de ellas sólo tenga que ver con Madrid. Aquí hay una estación de metro que se llama Eugenia de Montijo, demasiado parecido, como se darán cuenta, al nombre del recién fallecido poeta venezolano Eugenio Montejo. En el caso de los grandes escritores (y Eugenio lo fue) las coincidencias se reducen al máximo. Al entrar al Louvre vimos, Virgilio y yo, que había una exhibición de un pintor llamado Pierre Mignard, nombre demasiado parecido al "personaje" de Borges que quería escribir el Quijote llamado Pierre Menard (Pierre Menard, autor del Quijote en Ficciones). Los dos ejemplos en el mismo párrafo no son capricho ni nacionalismo. En los colígrafos de Montejo se deja colar "algo" de Ficciones, aunque todavía no estoy demasiado seguro de qué es. Había que ver la exposición, obviamente, pero luego vamos ello.

Virgilio nunca había entrado al Louvre, así que ambos fuimos descubriendo. Ella más que yo por su vasta y necesaria –para mí- sapiencia de muchas cosas. Así que, como siempre, me dirigió: sala de esculturas griegas clásicas, sala de los etruscos, sala de los italianos y luego Pierre Mignard. A reventar de fotos la Venus de Milo y otras esculturas. Había una que me llamó supremamente la atención (y dirán que soy un pegado), pero era un guerrero griego, montado sobre un escudo con una cicatriz en el muslo… sí, como la de House. Así que tendré que hacer las respectivas investigaciones. Vimos muchas cosas, Virgilio se quedó con los rostros de Botticelli, pero definitivamente estar al frente de la Mona Lisa es algo. A ver, ese cuadro está en todos los libros de la Taschen, así sean de Dalí o Picasso. De hecho yo trabajé en una librería por algún tiempo donde vendían un libro de Da Vinci de proporciones incargables donde podías verla con lupa. Pero no es lo mismo. En serio, es algo. Luego de tomarle fotos con mi cámara (de rollos, creo que esto no lo había dicho antes), con mi celular y con la cámara de Virgilio me quedé un rato mirándola... y es algo.

Pierre Mignard. Pintor francés que al parecer pintó varias de las cúpulas del Louvre. Mi primer atisbo fue el de atribuirle el estatus de "decorador" de las cúpulas que Borges imaginó en La biblioteca de Babel. Y es que ciertamente el Louvre puede parecer una infinidad de cúpulas y salas, algo laberíntico en las que la "cultura" y la "historia" mundial pueden parecer infinitas. Qué sé yo. Luego también nos dimos cuenta de que algunas de sus pinturas, las de Pierre, son algo infinitas. Otra tarea para investigar.

En la noche agarramos un barquito por el Sena. Lo tomamos como a las 9:00pm (que aquí es pleno día en esta época). Hacía un poco de frío. Estábamos armados con dos botellas de vino que no abrimos en el barquito. Creo que molesté un poco a los chinos que tenía al lado: los llené de babas. Desde las calles de París, París es hermosa, pero desde el Sena es alucinante. El río, como dijo Cortázar, es verde olivo. Comenzamos por la Cathédrale de Notre Dame, en la que por cierto también entré y es estupenda. Cuando llegamos a la Eiffel era de noche, estaba azul Europa, increíblemente hermosa. No tengo muchas palabras para describirlo. Casi no hablaba con Virgilio, todo era impresión; un poco de impotencia, abrumado, estupidizado.

El resto de la noche fue divertida porque vimos a unos tipos en patines en líneas y ponían unos vasitos en el piso y hacían figuras y brincaban palos y vainas súper arrechas. Vino, orillas del Sena, discusión muy intensa acerca de la política mundial. Casita, el metro cierra temprano.

El domingo fuimos a las tumbas: Cortázar, Sartre y Beuvoir y Vallejo. Debo reconocer que nos pasamos de intensos Virgilio y yo, pero teníamos que tener Rayuela, vino y leerla en la tumba de Cortázar, pero ya va. Primero a Sartre. A él no le debo absolutamente nada, estuvo bien, está con su mujer, chévere, a Vallejo.

Yo comencé a leer poesía seriamente (disciplina que he perdido con los años) con Vallejo por un regalo que me hizo mi hermana cuando tenía ella unos 13 años (siempre ha sido muy inteligente, la pobre). Era una selección de su poesía, muy buen libro que me robó un infame profesor de literatura del colegio. Luego me compré sus obras completas en Ayacucho y, nada, leí bastante a Vallejo en algún momento de mi tardía pre adolescencia (17, 18, por ahí). A él sí le agradecí: "Completamente. Además ¡Gracias!" Un palo para Vallejo, otro para nosotros, un poema de Montejo y a Cortázar. Allí sí estuvimos un buen rato leyendo, bebiendo y hablando. En eso llegaron una chica colombiana, una chica y dos chicos argentinos. Hablamos, bebimos otro poco, yo comencé a leer un diálogo entre Oliveira y Traveler, pero no me podía salir peor (si no hubieran estado esos argentinos allí sí me hubiera podido salir peor), así que decidí que la argentina (hermosa, por cierto ¿es posible que todas las argentinas sean hermosas por el acento?) debía leer el kilométrico diálogo. Ya luego de como veinte páginas le dije que si no quería no leyera más. Pero mientras lo hizo fue fenomenal. Rayuela está escrita en argentinés, así habría que leerla. Los chicos se fueron y yo no le pedí el número a la argentina. Virgilio leyó otro poema de Montejo, hermoso, y a comer.

Ese día quería comer algo totalmente francés y Virgilio me recomendó carne molida cruda. Me lo recomendó no porque ella la haya comido, sino porque es totalmente francés. Pues, debo decir que es carne molida cruda. Sin asar. Sin pegarle ni un yesquero: cru-da. Con condimento que jode, pero totalmente cruda. No estaba nada mal, con papitas y un vino malo.

Luego nos fuimos a la Eiffel, no la había visto sino desde el Sena. Para mal o para bien ese día era la manifestación en contra de las FARC justo allí, al frente de la Eiffel. La reventé en fotos de nuevo. Fue un poco cómico, porque creíamos que la cosa comenzaba a las seis. Que iba Manu Chao y que Juanes se presentaría de último: comenzó a las dos, a Manu Chao nunca lo invitaron y Juanes se presentó de primero. A mí qué cojones me importaba: ¡TENÍA LA EIFFEL AL LADO! Hubiera sido excelente escuchar a Manu Chao en vivo con la torre de fondo, pero así también estuvo muy bien ¡lo juro! Dormité un rato en un jardincillo, reventé a la Eiffel de fotos y luego vino en un bar gay cerca de casa de Virgilio. La que nos atendió (una chica, en serio) era una negra hermosa (¡en serio era una chica!). Tanto Virgilio como yo quedamos enamorados, pero nunca le dijimos nada. El metro cierra más temprano los domingos que los viernes y sábados, así que a la casa.

El lunes tuve que ir solo a la Basílica del Sagrado Corazón, "Fue en esta basílica donde se rodó una de las escenas más hermosas de la película: “la persecución amorosa, Amélie hace que su amado Nino busque el álbum de fotos que ha perdido."(1). Atrás está la calle de los pintores, donde hay muchos pintores... pintando. Cerca vivió Dalí, hay una exposición supuestamente de él, pero en realidad tenía pinta de todo menos de museo de Dalí. Para llegar tienes que subir cien millones de escalones.

Llamé a Virgilio para almorzar y salir corriendo al aeropuerto. Ella no me acompañó porque sale "cariñoso", nos despedimos en una estación de metro, y, contrario a lo que puedan imaginar, no es nada romántico porque los metros en París huelen a mierda. Fue emotivo, sí, porque no sé cuando la volveré a ver, pero que siempre estamos en contacto, así que no pasa nada.

Dos últimas citas:

"Oliveira se acordó de que en la mesa de luz había un paquete de Gauloises y unas zapatillas de abrigo. Tanteando se acercó a la cama. "Desde París cualquier mención de algo que esté más allá de Viena suena a literatura", decía Gregorovius, con la voz del que pide disculpas. Horacio encontró los cigarrillos, abrió la puerta de la mesa de luz para sacar las zapatillas. En la penumbra veía vagamente el perfil de Rocamadour boca arriba. Sin saber demasiado porqué le rozó la frente con un dedo."

y...

" Fumamos Gauloises, nos dejamos ir hacia el río, y frente a una de las cajas de latón de los libreros del Quai de Conti un recuerdo cualquiera o un silbido de algún estudiante nos trae a la boca un tema de Vivaldi y los dos nos ponemos a cantarlo con mucho sentimiento y entusiasmo, y Johnny dice que si tuviera su saxo se pasaría la noche tocando Vivaldi, cosa que yo encuentro exagerada."

...pues, Gauloises fue lo que fumé, rojo y azul porsia.

El viaje fue increíble, de verdad. Creo que volveré dentro de veinte años, aproximadamente, pero quisiera hacerlo ya mismo. Es una ciudad para vivir, para estar, para entrañarla, extrañarla, comentarla, saborearla, sudarla, caminarla, admirarla, adorarla. Cuando tengan chance vayan, vale la pena.



--------------------

-Bien.
-De más.
-Todo vuelve a equilibrarse.
-Hace falta más que un viaje a Paris para que todo se equilibre, pero ayuda bastante.
-Todo vuelve a equilibrarse.
-Jajajajajaja, vale, touché.
-Hay que ir a Japón.
-Y a China.
-No, a Japón.
-Sé más directo: tenemos que ir a Japón, y lo haremos.
-Pero primero emborrachémonos, olvidemos las mierdas y pensemos en París.
-Y en Japón.

¡Viszontlátásra!

viernes, 23 de mayo de 2008

Un viajecito fino...

Lo dicho...

En el puente del 1 de Mayo (y disculpen la tardanza) Héctor nos invitó a su casa en Zamora, un pueblo que queda como a 40 minutos de aquí de Salamanca. El primer día Héctor estaba trabajando, así que Luis (otro Luis, ninguno de los que aquí discurre), Alfonso y yo decidimos pasear un rato. Como dicen aquí, hacía bueno. Eso es que el tiempo estaba de puta madre. Caminamos en una calle peatonal hacia la Plaza Mayor.

En Venezuela todas las plazas Bolívar eran antes plazas mayores. Todo tiene una razón: aquí hay una Plaza Mayor en todos los pueblos. Yo no podía parar de tomar fotos, porque era como Salamanca pero distinto, así que de alguna manera tenía que registrarlo. Llegamos a la mencionada plaza, pero luego de la de Salamanca ya no hay más plazas (Zamora a la izquierda, Salamanca a la derecha).
















Bajamos al río...


...un puente que según Héctor es el puente románico más antiguo de toda España (o de toda Europa, no estoy seguro). Hermoso.




Vimos una culebra silvestre...





...y luego nos tomamos unas birritas mientras llegaba el Hec... Yo estaba impresionado. La arquitectura más antigua en Venezuela (y en casi toda Latinoamérica) data de la conquista. Al ver puentes del románico, pueblos antiquísimos, construcciones de 1200, o así, pues, tripeas. Las pilas y la memoria de la cámara iban palo abajo.

Con la noche llegó la rumba. Mientras en Caracas te metes en un local y si sales para otro es porque lo cerraron y ya estás rascao, aquí cuanto menos estés en el mismo sitio es mejor. Cosas de la cultura. Así que fuimos de bar en bar, pero el primero arruinó mi vida por completo. Pedimos un variado de ibéricos acompañados por un vino de Toro (lástima que no tomé fotos de nada en la noche). Sólo de pensar que elegí ser guionista y no empresario me entra una depresión incalculable. El vino no es que era caaaro, así caaro, pero barato no era, menos los ibéricos. No es un lujo que me vaya a poder dar muy a menudo. El vino pasaba por la garganta (gracias, Daniel) e impregnaba todo mi sistema otorrino de una forma inexpresable, para darle el sabor justo a cada bocado de ibérico que entraba en mi boca. Vamos, que se follaban a mi lengua como les daba la gana. Salí de ahí con la seguridad de que mi vida sería más miserable a partir de ese momento. Fuimos a otro lugar en donde le enseñé al barman cómo se sirve un buen trago de Cacique 500 años, cosa que agradecieron los panas. Jugamos futbolín, pool, y como todo lector atento podrá imaginar, nos emborrachamos. Al día siguiente ducha y al río de nuevo.

Hacía un día totalmente primaveral. Hasta había de estos copitos (similares a la nieve) que sueltan estas plantas extrañas y que dan un toque de comedia romántica a cualquier situación por todas partes.


Nos sentamos a la orilla del río a almorzar: tinto de verano con vermouth alante, mollejas a la zamorana, morros en salsa y arroz a la zamorana. Sabores fuertes, agresivos y exquisitos, acompañados de un cesped totalmente verde, un señor con su par de cañas de pescar que caminaba de un lado a otro y una puta avispa que no nos dejaba en paz. La velada la terminamos con un café con Baily y cogimos vía para Toro.


Toro es un pueblo que queda como a una hora de Salamanca, bien pequeño, situado en una cima desde donde se puede ver una llanura sembrada y que recuerda a las playas venezolanas, no por el color ni el calor, sino porque no se divisa fin.














(Casi sale) Abajo un río generoso que pasa por otro puente románico, que aunque más descuidado que el salmantino y el zamorano, es también muy bonito.




Gente echada pasando el día, otro pescador, la iglesia del pueblo vista desde abajo rememora a cualquier Amadís regresando al reencuentro con su amada...




Adiós pila de la cámara, maltripeo total... Por cierto, muy mala nota los grafiteros que pintaron la leyenda que está en el mirador, y muy mala nota también a la diputación del pueblo que no hace algo al respecto. Un caldo caliente (comenzaba a hacer frío) y para Salamanca de nuevo.

En la vía se pueden ver los viñedos, algunos grandes, otros más chicos. En esta época las plantas tienen aproximadamente un metro de altura. El cielo estaba algo nublado, pero hermoso, todo eran llanuras. Pasamos por un pueblo: "Pedro el raro", que quedaba al frente de "Josefina la negrita" (quizá yerre en los nombres, pero "el raro" y "la negrita" son correctos). Una buena historia debe de explicarlos.

Esa noche dormí muy bien, quizá recordando en sueños aquellos lugares que nada tienen que envidiarle a las playas venezolanas, quizá tampoco al Gran Cañón y quizá tampoco a la Muralla China. El mundo es un lugar hermoso, sigo lamentando un poco haber elegido ser guionista, pero vamos, que con un poco de ahorro se puede.

Disculpen lo soso, pero quería comentar un poco este viaje que de verdad me dejó "flipao".

---------------------

-No trates de convencerme de que el botón no es la solución.
-Yo no trato de convencerte de nada... ven, y ve (del verbo ir), y vamos a Japón y convéncete tú mismo de que el botón no es la solución.
-Lo que pasa es que tú no sabes una vaina... el botón cambió: ahora llaman a Dios y le piden que arrase con una u otra parte del planeta.
-Ya... pero ¿quiénes son más católicos? ¿los rusos o los gringos?
-Mmmm... me la pones difícil.
-...
-...
-Tienes que meter en un bunker a unos cuantos.
-Conejitas de playboy... nosotros y algún pringao más.
-Ya...
-¿Desayuno?
-Por favor... fría...

¡Zaijian!