domingo, 6 de julio de 2008

Caracas por un periodista español


Es una buena crónica. Hay cosas que no me gustan como que los cerros "vomitan criaturas" o que se arman hogueras en medio de la noche en algún barrio de Caracas (cosa que tampoco es que yo pueda negar, porque yo pertenezco a la clase de la primera Shirley, pero tengo amigos que pertenecen a la de la segunda y no me han comentado nunca nada parecido, pero en fin...), y eso de que nos "restregamos" también suena feillo. Pero léanlo que está muy bien, muy buena aproximación, sobre todo, y para mí, de la actitud que tomamos muchos de la clase media en el país.


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-¡Quééééééé, cállate, qué buena crónica ni qué nada, ese tipo es un facha!
-Si fuera un facha, Luis, no se diera cuenta de la diferencia de clases abismal que hay en el país.
-Que es un facha, que el tipo ve a Caracas como con la nariz subida.
-A ver... es una mirada, a mi juicio, totalmente equilibrada ¿o es que a ti no te da miedo la ciudad de noche? ¿no ves la indiferencia que hay en el San Ignacio, no solamente con los barrios, ¡CON TODO!? ¿No ves que ciertamente nos negamos a ver esa parte del país?
-Te negarás tú...
-Bueno, cabrón, es lo que te digo... hay gente que se niega a esa vaina, el tipo lo vio, se dio cuenta de eso... si hubiera alabado a esa gente, ahí sí te digo "nada, un facha", pero no.
-Luis, parecemos unos animales de zoológico analizados por un biólogo.
-Sí, bueno, a mí también me pasa con los españoles. Siempre los ando analizando.
-¡Bien! ¡Al menos tomas venganza!
-Jajajajajajaja... Me cambio a Cacique, que por cierto en España lo venden en todos lados.
-Bien... yo también Cacique...


¡Tot zins!

jueves, 19 de junio de 2008

Un adelanto...

Hace varias entradas atrás prometí que iría pegando diálogos de House y de Californication porque me parecía que tanto Greg como Hank compartían lo que Albert Camus llama el espíritu absurdo. La premisa no ha cambiado desde entonces, aunque Hank se haya desviado un poco (no así Greg), y a partir de mis visionados de las series he intentado hacer la investigación correspondiente basándome en El mito de Sísifo, en primer término, luego algo de Rayuela y quizá también vaya a haber un tanto de Dostoyevski. Pero mi trabajo va muy lento. Mi procastineo es increíble e innegable. Pero ahí voy. Mientras, les adelanto algodón para que nodigan.

Luego de inhalar gas hilarante para crear empatía con un niño autista y poder sedarlo, House, con una “bonita nota” habla con Wilson mientras Cameron hace unas pruebas.


Wilson: ¡Qué sensible!
House (viendo a Cameron): ¡Qué pedo más bonito!
W: La esperanza es lo único que tienen esos padres.
H: No, más bien la causa de sus desdichas. Deberían comprarse un coquer spanic: les miraría a los ojos, movería el rabo de felicidad, los lamería, sería cariñoso…
Cameron: ¿Tan malo es desear un hijo normal? Es normal querer ser normal.
H: Eso te ha quedado muy elitista. Verás, los blancos flacuchos socialmente agraciados trazan un bonito círculo. Los de dentro del círculo son normales, a los de fuera hay que darles una paliza, machacarlos y reprogramarlos para meterlos en el círculo, si eso falla hay que internarlos o compadecerlos, que es peor.
C: ¿Así que está mal sentir lástima por ese niño?
H: ¿Por qué sentir lástima por alguien redimido de las (…) normas de cortesía que son una completa idiotez, hipócritas y por tanto degradantes. El chico no tiene que fingir que le interesa tu neuralgia, ni tus excreciones, ni donde le pica a tu abuela. ¿Imaginas tener una vida exenta de todas esas empalagosas idioteces? No lo compadezco… lo envidio.

Todo esto mientras una niña muy, muy, muy agraciada de 17 años acosa sexualmente a House. Si en esta serie hay algo al azar, será muy poco. La relación de este diálogo y el absurdo de Camus radica, en mi opinión, en que obviamente House quiere estar apartado de esas normas de cortesía, le fascinaría poder tener un affair con la chica de 17, pero sabe que entre su intención y el fin que lo espera no puede haber ninguna correspondencia. Y así en toda la serie, de hecho su premisa lo constata, pero ya esto será tema del trabajo completo. Y no les cuento las de citas de Camus (en el Mito de Sísifo) y Cortázar (en Rayuela) que tengo que encajan perfectamente con la serie, por ejemplo: “Sabedor de que no hay causas victoriosas, me gustan las causas perdidas: éstas exigen un alma entera, tanto en su derrota como en sus victorias pasajeras.” ¿Alguien puede decir si esto lo dijo House o Camus? Ojo, cada victoria de House es pasajera, pero no nos adelantemos…

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-Es un punto en común.
-Sí, Hank y Greg son parecidos hasta cierto punto.
-Es un punto en común entre tú y yo.
-Tú eres Hank y yo House...
-Vale... House no tira tanto como Hank...
-Ya... el botón no lo podré apretar nunca ¡pero cómo quisiera!
-Y de los miles de millones de habitantes no saldrá ningún buen sistema que mejore al mundo ¡pero cómo quisiera!
-Absurdos pa la chet...
-¿Y Amanda?
-¡Cómo quisiera!
-Jajajajajajaja ¡pa la chet!
-Me queda ginebra.
-Asco, pero qué coño.

Mi ru paf Sim

martes, 17 de junio de 2008

Hasta la vista... babies


Las despedidas siempre son una mierda, pero todo parece apuntar a que no existe tal cosa como las relaciones eternas entre dos o más personas. Las familias se separan, las amistades y los noviazgos terminan, y pues, exactamente lo mismo ocurre con los másters. Hace diez meses llegué a Salamanca con absolutamente todos mis peroles y no conocía a nadie, a excepción del casero con el que había hablado un par de veces por teléfono y también con el contacto de la ponti. Luego de diez meses puedo decir que conocí gente excepcional, encomiable, gente a la que admiro por una u otra razón y que además de sus atributos profesionales poseen un encanto algo exótico para mí, pero al mismo tiempo reconocible no sólo por el idioma que compartimos de forma hermosa, sino también por otras muchas coincidencias que terminan erigiendo las amistades que coceché durante esta decena de meses.

Eso lo primero, pero es imposible dejar de lado los conocimientos académicos que adquirí. "I know kung fu" sólo que ahora necesito una productora que me diga "Show me". A todos aquellos que pasaron por el máster a enseñarnos algo de lo que hacen cada día, muchísimas gracias.

Nombrar personas puntuales siempre es algo pedante, pero sería más pedante todavía dejar de reconocer el especial cariño que les tomé a Héctor Bobo y Maria Josefa Rustarazo, mis dos compañeros de viaje, mis dos "buddies" de esta road movie que, como todavía no acaba, pues tampoco su amistad. Dos amigos con todo el sentido de la palabra. Dos personas queribles, adorables, entrañables, que siempre estuvieron allí con un oído y hasta unas cañas para ir agregando cada día una piedra más al monumento de amistad que entre los tres (estoy seguro que sí) hemos construido. Pedro Sangro acierta cuando dice "detestar el buen rollo", pero luego de tanto es imposible decir adiós sin más. Sepan, colegas, que donde yo viva (lugar incierto hasta hoy) tendrán donde llegar y donde yo beba tendrán donde beber.

Por último, pero para nada menos importante, ¡GRACIAS PADRES! No sólo por el apoyo monetario, que ciertamente es lo más irritante, sino por no dudar un segundo de mí, por aguantar (al igual que yo) la infame distancia en tiempo y espacio (aunque las bebederas por camarita son una buena solución) y estimular, incentivar, impulsar en todos los sentidos, no sólo este, sino todos los caprichos (aunque es verdad que este en específico es más "maduro" jejeje) que he tenido desde la adolescencia. Los amo.

Ya sé que es una entrada que llega un poco tarde, pero me tomé unos diitas de descanso, así que lo siento.

Y nada, ahora a escribir "a saco". Éxito a todos. ¡Nos vemos en la writers!

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-Qué mariconería de entrada.
-Las despedidas siempre son mariconerías. Basta con ir a un aeropuerto un día... las lágrimas son...
-Al menos lo tienes asumido.
-Yo tengo casi toda mierda asumida, viejo.
-¡Ay sí! ¡Qué sabio! ¡Maricón!
-¿Ya puedes dejar de decir la palabra con "M"?
-¿Y ahora qué vas a hacer?
-Vamos a escribir, viejo...
-¿Vamos?
-Sip... lo siento, pero tu eres demasiado interesante como para dejar pasar tus locuras y no escribirlas.
-¡Cabrón!
-Lo siento.
-¿Ron?
-Sí... mucho limón, porfa.
-Maricón.

Vi ses.

viernes, 13 de junio de 2008

Hasta luego, Eugenio

Sí. Hasta luego, porque aunque tenga mis dudas que el cielo reservado a los poetas sea el mismo que el del resto de los mortales, mantengo la esperanza de que sea un hasta luego.

No me unía una particular amistad con Eugenio Montejo, no intercambié demasiadas palabras con él, pero las veces que lo escuché hablar me mantenía totalmente cautivo. La primera, a propósito de sus "colígrafos" (heterónimos) una chica le preguntaba por qué no se sicoanalizaba. Respondió con una sonrisa: "Buena pregunta". Para el momento no había leído absolutamente nada de él. Luego metí un curso de los mencionados colígrafos y, paralelamente, un taller con él mismo acerca de varios poetas venezolanos. Fui comprando sus libros (fotocopiando otros, perdón en donde estés, pero no se consiguen) y me fui adentrando en su ficción, que, en lo particular, me atrae más que sus poemas (que no tienen para nada desperdicio, claro). Ha sido, desde entonces, una afición personal, un apasionamiento. Poder desglosar el lenguaje de la manera poética como lo hizo Blas Coll y luego ver reflejado las influencias del tipógrafo de Puerto Malo en sus distintos contertulios (a saber Lino Cervantes, Tomás Linden, Sergio Sandoval, Eduardo Polo y Jorge Silvestre) es para mí alucinante.

Se fue un excelente profesor… una de esas personas que al conocerlo un poco admiras de inmediato por su cultura, su delicadeza al elegir cada palabra, su humor, sus anecdotas, su sencillez.

Este poema, quizá mi favorito absoluto, es de Tomás Linden. No estoy seguro si lo escribió aquí en Venezuela o en Estocolmo, si en sueco o en español (ciertamente, y según Montejo, el cuento que precede los 5 poemas en el libro Las Velas y Cinco Poemas, se supone fue escrito en sueco).

Madrigal
La belleza en la tierra se desvía
de la mujer a la melancolía.
Al mirarla de cerca resplandece
un vasto mar que asombra y estremece,
pero el mar es también melancolía.

El divino Leonardo lo sabía;
por eso al dibujar a La Gioconda
trajo un coro de bardos musicantes
que la pena más honda
mitigaban con sones fascinantes
y ella tras los laúdes sonreía...
Sin embargo en el lienzo se divisa
la tristeza detrás de la sonrisa,
cuando casi comienza a sollozar,
después ya nada vemos, sino el mar,
pero el mar es también melancolía.

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-Ese poema se lo dediqué a una amada en la cama, cansados.
-Yo no, pero voy a comenzar... antes de cansarnos... para cansarnos.
-Ya... mejor idea.
-Hay gente que no debería irse ¿te imaginas a los grandes genios vivos por siempre? ¿qué podrán aprender de más?
-Hay un promedio de años que vive la gente ¿verdad? bueno, ¿será justa esa cantidad de años?
-Sí, los highlanders deberían de parecerse más a los monjes tibetanos que a los bárbaros.
-Pues sí.
-Qué chimbo, men.
-Sí... pero nada, él lo sabía, ojalá y confíe.
-Por la poesía.
-Por la poesía.

Γειά σας

viernes, 23 de mayo de 2008

Un viajecito fino...

Lo dicho...

En el puente del 1 de Mayo (y disculpen la tardanza) Héctor nos invitó a su casa en Zamora, un pueblo que queda como a 40 minutos de aquí de Salamanca. El primer día Héctor estaba trabajando, así que Luis (otro Luis, ninguno de los que aquí discurre), Alfonso y yo decidimos pasear un rato. Como dicen aquí, hacía bueno. Eso es que el tiempo estaba de puta madre. Caminamos en una calle peatonal hacia la Plaza Mayor.

En Venezuela todas las plazas Bolívar eran antes plazas mayores. Todo tiene una razón: aquí hay una Plaza Mayor en todos los pueblos. Yo no podía parar de tomar fotos, porque era como Salamanca pero distinto, así que de alguna manera tenía que registrarlo. Llegamos a la mencionada plaza, pero luego de la de Salamanca ya no hay más plazas (Zamora a la izquierda, Salamanca a la derecha).
















Bajamos al río...


...un puente que según Héctor es el puente románico más antiguo de toda España (o de toda Europa, no estoy seguro). Hermoso.




Vimos una culebra silvestre...





...y luego nos tomamos unas birritas mientras llegaba el Hec... Yo estaba impresionado. La arquitectura más antigua en Venezuela (y en casi toda Latinoamérica) data de la conquista. Al ver puentes del románico, pueblos antiquísimos, construcciones de 1200, o así, pues, tripeas. Las pilas y la memoria de la cámara iban palo abajo.

Con la noche llegó la rumba. Mientras en Caracas te metes en un local y si sales para otro es porque lo cerraron y ya estás rascao, aquí cuanto menos estés en el mismo sitio es mejor. Cosas de la cultura. Así que fuimos de bar en bar, pero el primero arruinó mi vida por completo. Pedimos un variado de ibéricos acompañados por un vino de Toro (lástima que no tomé fotos de nada en la noche). Sólo de pensar que elegí ser guionista y no empresario me entra una depresión incalculable. El vino no es que era caaaro, así caaro, pero barato no era, menos los ibéricos. No es un lujo que me vaya a poder dar muy a menudo. El vino pasaba por la garganta (gracias, Daniel) e impregnaba todo mi sistema otorrino de una forma inexpresable, para darle el sabor justo a cada bocado de ibérico que entraba en mi boca. Vamos, que se follaban a mi lengua como les daba la gana. Salí de ahí con la seguridad de que mi vida sería más miserable a partir de ese momento. Fuimos a otro lugar en donde le enseñé al barman cómo se sirve un buen trago de Cacique 500 años, cosa que agradecieron los panas. Jugamos futbolín, pool, y como todo lector atento podrá imaginar, nos emborrachamos. Al día siguiente ducha y al río de nuevo.

Hacía un día totalmente primaveral. Hasta había de estos copitos (similares a la nieve) que sueltan estas plantas extrañas y que dan un toque de comedia romántica a cualquier situación por todas partes.


Nos sentamos a la orilla del río a almorzar: tinto de verano con vermouth alante, mollejas a la zamorana, morros en salsa y arroz a la zamorana. Sabores fuertes, agresivos y exquisitos, acompañados de un cesped totalmente verde, un señor con su par de cañas de pescar que caminaba de un lado a otro y una puta avispa que no nos dejaba en paz. La velada la terminamos con un café con Baily y cogimos vía para Toro.


Toro es un pueblo que queda como a una hora de Salamanca, bien pequeño, situado en una cima desde donde se puede ver una llanura sembrada y que recuerda a las playas venezolanas, no por el color ni el calor, sino porque no se divisa fin.














(Casi sale) Abajo un río generoso que pasa por otro puente románico, que aunque más descuidado que el salmantino y el zamorano, es también muy bonito.




Gente echada pasando el día, otro pescador, la iglesia del pueblo vista desde abajo rememora a cualquier Amadís regresando al reencuentro con su amada...




Adiós pila de la cámara, maltripeo total... Por cierto, muy mala nota los grafiteros que pintaron la leyenda que está en el mirador, y muy mala nota también a la diputación del pueblo que no hace algo al respecto. Un caldo caliente (comenzaba a hacer frío) y para Salamanca de nuevo.

En la vía se pueden ver los viñedos, algunos grandes, otros más chicos. En esta época las plantas tienen aproximadamente un metro de altura. El cielo estaba algo nublado, pero hermoso, todo eran llanuras. Pasamos por un pueblo: "Pedro el raro", que quedaba al frente de "Josefina la negrita" (quizá yerre en los nombres, pero "el raro" y "la negrita" son correctos). Una buena historia debe de explicarlos.

Esa noche dormí muy bien, quizá recordando en sueños aquellos lugares que nada tienen que envidiarle a las playas venezolanas, quizá tampoco al Gran Cañón y quizá tampoco a la Muralla China. El mundo es un lugar hermoso, sigo lamentando un poco haber elegido ser guionista, pero vamos, que con un poco de ahorro se puede.

Disculpen lo soso, pero quería comentar un poco este viaje que de verdad me dejó "flipao".

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-No trates de convencerme de que el botón no es la solución.
-Yo no trato de convencerte de nada... ven, y ve (del verbo ir), y vamos a Japón y convéncete tú mismo de que el botón no es la solución.
-Lo que pasa es que tú no sabes una vaina... el botón cambió: ahora llaman a Dios y le piden que arrase con una u otra parte del planeta.
-Ya... pero ¿quiénes son más católicos? ¿los rusos o los gringos?
-Mmmm... me la pones difícil.
-...
-...
-Tienes que meter en un bunker a unos cuantos.
-Conejitas de playboy... nosotros y algún pringao más.
-Ya...
-¿Desayuno?
-Por favor... fría...

¡Zaijian!

sábado, 10 de mayo de 2008

Cualquier día en Caracas

Hasta un par de clics antes de escribir esto, me disponía hacerlo acerca de un viaje que hice el fin de semana pasado, pero sería muy hipócrita de mi parte.

Desde la tarde de ayer (hora de Venezuela) unas tres familias (que yo sepa con exactitud) viven lo que toda la clase media venezolana teme -a veces a escondidas, a veces con lágrimas nocturnas esperando que la puerta abra: secuestraron a sus jóvenes hijos. No los conozco, pero la información me llega de primera fuente.

Cuando yo entré a la universidad y salía hasta las tantas y caminaba mi contradictoria ciudad sin que me importara absolutamente más nada sino el momento, mi madre me decía algo que todavía me causa cierta rabia: "¿tú te crees súper man?" Yo no entendía muy bien esa frase, porque me la decía sin más explicaciones. Que jamás se piense que yo puedo reprochar a alguno de estos muchachos, muy lejos de mi intención. Traigo a colación esta frase porque, cual ciudad Gótica, Caracas está totalmente sitiada por el hampa, y los que todavía se atreven a salir a cualquier hora, pues, están a su merced. Pero recuerdo también que para la políticamente convulcionada Caracas de entonces tomarse un par de birras con los panas no era tarea fácil. Ese simple hecho traía problemas familiares y filosóficos: familiares porque aunque nos lo prohibieran, lo hacíamos; y filosóficos porque nuestros temas de conversación mientras nos tomábamos las birras era nuestra límitada libertad en la ciudad. Cierto es que nadie es totalmente libre, pero las restricciones se hacían cada vez mayores. Uno de esos panas siempre decía: no me puedo quedar encerrado en mi casa porque a una banda de políticos, con los que no tengo absolutamente nada que ver, se les ocurra problematizar al país. El caso es idéntico con los malandros (acaso malandros y políticos en mi país sean palabras sinónimas), entonces cualquier joven caraqueño se ve en la obligación de mermar sus buenos años viendo noticias, series de tv, películas, leyendo o jugando videojuegos (que todo está muy bien, pero no es lo único que se hace a esa edad) y no saliendo a compartir un par de tragos, máxime cuando se tiene un carro del año y los padres los ahorros de toda la vida en una casa en la playa.

Valga, por supuesto, el hecho de la gran diferencia social en Venezuela. El 80% de la población vive en pobreza y sólo dos familias tienen lo que tiene el resto del país. Valga que posiblemente estos secuestradores jamás lograrán conseguir la cantidad de dinero que piden por la libertad de estos jóvenes de otra manera, y valga que posiblemente, en este caso específico, la justicia de la vida no ha sido equilibrada. Entonces es un problema político y claro, un problema social que deben resolver los que pueden hacerlo y cada uno de nosotros revolucionar en nuestro fuero interno. Y estas dos ideas están seguidas por una lógica que impulsa la situación de mi país: ambas son utópicas... ¡Qué triste!

Me consta que una de estas familias y sus allegados pasaron una angustiosa tarde intentando por todos los medios conseguir el dinero solicitado, me consta también que pasaron una fatal noche esperando la llamada de los secuestradores, lo que todavía no me consta es cómo ha finalizado la situación. Presumo que la policía jamás se enteró del hecho por temor de los familiares a que a sus hijos les pase algo. Presumo que esta vez todos saldrán ganando: el hijo con vida, los malandros con su dinero.

Y así nos vamos acostumbrando. En Caracas prefería salir con mi carcachita sin aire, golpeado por la vida (y por mí) y con un equipito fino (sin ostentación) para escuchar mi música, estaba más tranquilo que si salía con la otra, la potente, la que me hacía ver más sexy, la que subía y bajaba al Ávila tranquila y sin nervios, la que las jevitas pillaban de ipso facto... yo prefería mi cacharro ¿y por qué lo prefería? ¿por qué, si tenía la posibilidad, no me daba el chance de salir un pelo más cómodo? al menos por el aire acondicionado, en Caracas hace un calor que pela. Porque me acostumbré. Porque una vez me dije: verga, de pana no soy súper man, así que mejor me voy en mi cacharro. Porque cuando aquí en España me preguntan "¿Qué tal Caracas?" yo no estoy seguro qué responder, pero casi siempre digo: "si vas, procura que alguien te invite, no vayas solo porque no sabrás por dónde meterte y por dónde no", porque mi ciudad, con su bella Avenida Bolívar, su pulcro (aunque atestado) Metro, su clima insuperable, sus zonas históricas, su Jardín Botánico con su Gran UCV al lado, su gente, su cosmopolita Centro Simón Bolívar y su esperanzador Cerro Ávila, hoy no es para disfrutarla, sino para temerle. Antes iba a un local muy fino en la Baralt, ahora no lo haría ¿para qué? Antes sacaba dinero de un cajero yo solo, ahora, a menos que esté en un local, no lo hago. Antes mi viejo aparcaba el carro en la calle, ya no. Antes la policía no nos sacaba de los miradores. Antes usaba reloj. ¿Tenemos que llegar hasta el punto de decir que antes salíamos a tomarnos unas birras?

Y así la libertad del caraqueño se va reduciendo poco a poco. Hoy escribo esto porque tengo el medio, pero a no pocos conocidos y amigos les ha pasado una situación similar.

No me queda más que, desde este muy limitado y pequeño rincón, desearle a las familias de estas personas y a ellos mismos, que todo salga bien y lo más rápido posible.

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Para el momento en que escribía esto, no tenía noticias de lo ocurrido y preferí esperar para publicarlo. Eran tres chamos, y los soltaron ayer a las 8 de la mañana, supongo que sin mediación de la policía... de hecho parece que fueron policías los que los secuestraron. Un cuento que se vuelve recurrente en mi ciudad.

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Hoy Luis y Luis duermen la pea. Luis sueña con el botón, el magnífico y salvador botón, y Luis sueña con el pasado.

Nashledanou...

jueves, 8 de mayo de 2008

Estoy buscando piso...

Y miren lo que conseguí... (hagan clic en la imagen porque si la estiro se deforma mucho... ¡no sean flojos, coño!)


¿Será que así es más fácil conseguir o que te alquilen una habitación?


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-Por eso nunca debemos meternos droga.
-Por eso bebemos todos los putos días.
-¿Para no meternos drogas?
-Y para decir esas mismas estupideces.
-Sí, pero no somos tan estúpidos como para publicarlas.
-A ver... imaginemos un mundo fuera de nuestros preceptos constitucionales...
-Luis, no quiero hablar de política otra vez.
-...si consideramos esto como arte post post post modernista ¿pudiéramos darle algún análisis?
-Si tú ves un mojón en una galería de arte (con todo y moscas) ¿le pudieras dar algún análisis?
-Pero no estamos en una galería, Luis... es internet, es un "manifiesto", alguien molest@ por algo... y lo decide publicar en una página para conseguir pisos en Madrid...
-Y si sigues hablando te vas a preguntar ¿por qué en una página para conseguir pisos en Madrid y no en un blog o en una página para comprar cachivaches?
-...
-...
-Te dije que le echaras más agua.
-Marica.

¡Aywa!